Según información divulgada por la Casa Blanca, el objetivo de esta medida es aumentar la cantidad de carne destinada a la producción de carne picada y disminuir los precios al consumidor, en un contexto marcado por la notable reducción del stock ganadero estadounidense y problemas de abastecimiento.
El alcance de esta política será limitado tanto en tiempo como en volumen. La implementación comenzará el 1° de septiembre de 2026, con una duración de 90 días y la autorización de cupos mensuales de 100.000 toneladas hasta alcanzar el límite total de 300.000 toneladas.
Es importante destacar que la carne incluida en este programa deberá ser exclusivamente de cortes magros, que se mezclarán con carne estadounidense para la elaboración de carne molida. Además, el plan prevé el lanzamiento de estos cortes en el mercado con un descuento aproximado del 25% sobre los precios habituales de importación.
El documento especifica que esta decisión no altera los compromisos existentes con los países que poseen tratados de libre comercio con Estados Unidos, ni afecta a aquellas naciones que ya cuentan con cuotas específicas para la exportación de carne vacuna. Argentina queda excluida de este beneficio debido a que tiene asignado su propio cupo arancelario de 20.000 toneladas, un estatus que comparte con Uruguay, Australia y Nueva Zelanda. Este año, Trump había elevado la cuota argentina a 100.000 toneladas.
Con esta medida, se favorecen proveedores que envían hacienda a Estados Unidos fuera de un esquema de cuotas fijas, siendo Brasil el principal beneficiario. Desde la administración Trump se sostuvo que la apertura busca ayudar a mitigar el complicado panorama productivo de la ganadería estadounidense.
De acuerdo con el gobierno de Estados Unidos, “el presidente Trump está tomando medidas decisivas para responder a las perturbaciones del mercado y a los desastres naturales, con el objetivo de garantizar un suministro adecuado y precios accesibles de productos cárnicos para las familias estadounidenses”.
El comunicado resalta que la gestión del presidente Joe Biden dejó al sector con “una de las crisis de suministro de carne de res más graves de las últimas décadas”, lo que ha llevado al rodeo bovino estadounidense a alcanzar su nivel más bajo en 75 años. La Casa Blanca atribuye este estado de cosas a las decisiones de la administración demócrata, al aumento de los costos de producción y a diversas restricciones que impactaron en los productores ganaderos.
Adicionalmente, se mencionó que este año la oferta fue afectada por el bloqueo al ganado mexicano tras la alerta de gusano barrenador, así como por factores climáticos adversos como la sequía y los incendios que dañaron forrajes. Como resultado de este entorno, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) proyecta una caída del 4% en la producción de carne vacuna en comparación con los niveles de 2025.
El gobierno subrayó la importancia de su mercado interno, que lidera el consumo global de carne vacuna en volumen y ocupa el segundo lugar per cápita. Desde Washington argumentan que la apertura busca garantizar el abastecimiento en un mercado con alta demanda estructural.
Con este esquema, se prevé un impacto directo en el volumen circulante: las estimaciones oficiales indican que el cupo extraordinario incrementará en un 10% la cantidad de carne vacuna en el mercado respecto de los pronósticos anteriores.
La administración estadounidense también buscó calmar inquietudes, asegurando que la medida fue concebida para no afectar significativamente el mercado de hacienda para engorde ni perjudicar a los ganaderos estadounidenses. Además, se enfatizó que el objetivo primordial sigue siendo la reconstrucción del rodeo nacional y el fortalecimiento de la producción local.
Finalmente, la Casa Blanca aseguró que, desde el regreso de Trump, el sector ganadero ha mostrado señales de una recuperación histórica desde 2018, impulsada por el aumento del rodeo y la retención de vaquillonas.