Sociedad

La muerte de una investigadora en Rusia genera alertas sobre Yersinia pestis y bioterrorismo

Una investigadora de un instituto dedicado al estudio de la peste falleció la semana pasada en Siberia a causa de una neumonía de origen desconocido. En respuesta, las autoridades rusas han puesto en cuarentena un hospital y están aislando o monitoreando a casi 200 personas que tuvieron contacto con la fallecida, activando un amplio operativo epidemiológico.

La situación ha suscitado preocupación tanto en el ámbito interno como externo a Rusia, dado que la mujer trabajaba en el Instituto de Investigación Antipeste de Siberia y el Lejano Oriente, ubicado en la región de Irkutsk. Aunque las autoridades aseguran que los análisis realizados no han mostrado evidencia de que la enfermedad esté vinculada a los microorganismos que manipulaba, diversos medios locales han difundido versiones no confirmadas que sugieren la posibilidad de un caso de peste neumónica.

En este contexto, Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina e Infectología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, analizó la situación y expuso por qué la respuesta observada coincide con la sospecha de una infección de alta peligrosidad. ‘Lo que comentaron los científicos rusos sería que se trata de una neumonía de etiología desconocida. Sin embargo, esto sucede en un laboratorio que manipula una bacteria conocida desde la antigüedad: la Yersinia pestis. Es una bacteria, no un virus’, indicó López.

El especialista comentó que una posible explicación para la intensa reacción de salud pública podría ser que la infección se deba a la forma pulmonar de la enfermedad. ‘La hipótesis más común es que probablemente haya sido una neumonía por vía inhalatoria provocada por Yersinia pestis’, agregó.

Esta bacteria es famosa por haber causado algunas de las epidemias más devastadoras en la historia, siendo la peste bubónica su forma más conocida, que se caracteriza por el aumento del tamaño de los ganglios linfáticos y es transmitida, históricamente, por pulgas de ratas. Sin embargo, existe una variante mucho más agresiva: la peste neumónica.

‘Hay una forma que se adquiere por vía inhalatoria, que es la neumonía necrotizante. Provoca neumonías graves, severas, con una mortalidad extremadamente alta, que puede alcanzar entre el 70 y el 90 por ciento si no se tratan a tiempo’, advirtió López.

Esa particularidad, a su juicio, explica las medidas drásticas adoptadas por las autoridades rusas: ‘Por eso la respuesta ha sido tan intensa al decidir aislar a los pacientes y ver qué está ocurriendo’.

La peste neumónica presenta características distintivas en comparación con infecciones respiratorias más comunes. Mientras que enfermedades virales como la Covid-19 suelen evolucionar de manera más gradual, las neumonías bacterianas habituales, ocasionadas por neumococos, tienen tasas de mortalidad mucho más bajas. En cambio, en la peste neumónica el deterioro puede ser inminente.

‘Es una presentación poco común. Tiene un período de incubación de uno a tres días y rápidamente los pulmones se lesionan, se necrosan, y hay una mortalidad muy temprana’, detalló López. Adicionalmente, otra característica crítica mencionada por los especialistas es su capacidad de contagiarse entre personas a través de secreciones respiratorias. ‘El individuo que padece la neumonía necrotizante puede eliminar la Yersinia pestis al estornudar o toser, lo que permite contagiar a otros. Por eso, estos enfermos requieren un aislamiento estricto, especialmente respiratorio’, aclaró.

López indicó que el período clave para monitorear a los contactos es muy corto, ya que los síntomas pueden manifestarse entre uno y tres días después de la exposición. ‘Si esto es una peste neumónica, es esencial que a los contactos se les observe de manera muy precoz. La aparición de dificultad respiratoria y fiebre, o la combinación de dificultad respiratoria, tos y fiebre, son signos que exigen el aislamiento del paciente y un tratamiento inmediato’, sostuvo.

A pesar de sus afirmaciones, López se mostró cauteloso al abordar la posibilidad de peste neumónica, señalando que los resultados negativos comunicados por las autoridades rusas hasta el momento no son suficientes para descartar por completo el caso. ‘Hay que examinar a fondo a estos enfermos. No digo que sea una Yersinia pestis de manera categórica, pero enfatizo que estaba trabajando en un laboratorio que manipulaba esa bacteria’, enfatizó.

Una de las observaciones más relevantes del especialista se relaciona con la clasificación de Yersinia pestis dentro de los sistemas internacionales de vigilancia sanitaria. ‘La Yersinia pestis está catalogada como uno de los agentes de bioterrorismo de categoría A’, explicó. ‘La categoría A comprende aquellos gérmenes que son letales rápidamente, difíciles de detectar al principio y que han sido o pueden ser utilizados con fines de bioterrorismo’. Entre este grupo se encuentran también el ántrax, la viruela y la tularemia.

Por el momento, las autoridades rusas insisten en que no hay evidencias que conecten la muerte de la investigadora con los patógenos que estudiaba en el instituto. Informaron que los contactos vigilados han dado resultados negativos, salvo en algunos casos de Covid-19 y rinovirus. Sin embargo, López subrayó que, independientemente de los resultados definitivos sobre la posible implicación de Yersinia pestis, la respuesta sanitaria adoptada responde a una lógica comprensible. ‘Es un tema interesante porque se relaciona con el bioterrorismo, un asunto que rara vez se menciona en el mundo, pero esta bacteria es potencialmente utilizada en ese contexto’, concluyó.