-¿Por qué luchás, Paula? -Porque me gusta y porque creo que lo hago bastante bien para sobrevivir, je.
Ese “bastante bien” ya había llevado a la judoca a obtener el bronce olímpico en Beijing 2008, el quinto puesto en Londres 2012 y, en ese momento, ser la actual campeona mundial. Apenas una semana después de esos momentos difíciles en tierras cariocas, Paula se consagró en lo más alto del podio en la Arena Carioca 2, convirtiéndose en la primera campeona olímpica en la historia del deporte argentino y en la primera mujer de su país en cosechar dos medallas olímpicas en una disciplina individual.
Este hito tuvo lugar el 6 de agosto de 2016. A diez años de aquel logro, su hazaña deportiva continúa siendo objeto de recuerdos vívidos y reflexiones desde su propia perspectiva.
Paula llegó a la Cidade Maravilhosa el 25 de julio junto a su entrenadora, Laura Martinel, y su sparring, Oritia González. Se hospedaron en un hotel cercano al tatami donde se llevarían a cabo los entrenamientos. Para despejar la mente y reducir la ansiedad que acompaña a un atleta de alto rendimiento, Paula realizaba ejercicios con Gustavo Ruiz, su psicólogo. En la playa de Leblon, compartió sus estrategias para desconectar, incluyendo la lectura y el dibujo. “Siempre elijo algo distinto para desconectarme. Ahora me vine con unos mandalas y unos lápices que me compró mi mamá y en eso ando”.
El 2 de agosto, se instaló en la Villa Olímpica, ubicada no muy lejos del Parque Olímpico, un área donde en el pasado había pantanos. Día tras día, los deportistas de diversas naciones se cruzaban en ese ambiente único de convivencia.
Consciente de que no podría participar en la ceremonia inaugural debido a que su competencia se celebraba al día siguiente, Paula mantenía su objetivo claro sin perder la calma. “Yo no tengo ninguna presión, porque el judo no es un deporte de marca y puede ganar y perder cualquiera. Me puedo basar en mis resultados y sería genial, pero arranco todas las competencias de cero y me enfoco en lo que hay que hacer”, comentó en esa ocasión.
Diez años después, Paula Pareto, ahora doctora, sigue inmersa en una agenda apretada entre diversas actividades, pero accede a recordar momentos, imágenes y anécdotas que la llevaron hasta el oro olímpico.
“En la previa sentía unos nervios extraños. Ansiedad. Quería concentrarme en lo mío, en hacer las cosas bien, sabiendo que los mínimos detalles contaban -rememora- el día anterior a competir me levanté con fiebre, lo que habla del nivel de estrés que manejaba de manera inconsciente. Hablé con Gus, con mi papá, con mi mamá y le avisé a Laura. Pasó. Y el día de la competencia me levanté con el alma con una paz que me resultó rara”.
El 6 de agosto, en la Arena Carioca 2, las judocas de hasta 48 kilos llegaron bien temprano. Un imprevisto antes de la primera lucha, relacionado con su judogi, generó un momento de estrés que terminó actuando como un impulso positivo. “Me dieron más ganas de ganar y todo fue fluyendo lucha a lucha, enfocada en lo mío”, recordó.
Superó a la rusa Irina Dolgova y a la húngara Eva Csernovickzki, logrando avanzar a la semifinal donde se enfrentó a Ami Kondo, quien la había derrotado en la final del Mundial 2014. La atmósfera en las gradas era intensa: “¡Paula, Paula!”, gritaban sus compatriotas mientras los brasileños abucheaban. A los 27 segundos de la lucha, Paula anotó un waza-ari. Su técnica permitía que a pesar de los ataques, siempre lograra caer de pie. Al sonar el gong digital, se materializaba su sueño: Paula Pareto era medallista olímpica.
En la final, la surcoreana Bokyeong Jeong la esperaba. Paula se lanzó como un torbellino, aunque sufrió un corte en el labio. “Parece increíble, pero el golpe que recibí me despertó, porque algo me estaba parando”, admitió luego.
El waza-ari que logró fue decisivo, y minutos después, en medio de la celebración, Paula se convirtió en la primera argentina campeona olímpica. “Sos leyenda”, le decía Martinel mientras la abrazaba emocionada.
“Superó todos mis sueños poder festejar con mi familia y mi equipo. Ese aura fue espectacular”, reconoce ahora, evocando la imagen de sí misma en el podio, incontenible, emocionada, mientras sonaba el himno nacional.
Una vez transcurridos los protocolos, y entre abrazos y festejos, regresaron a la Villa Olímpica, donde el ambiente seguía cargado de celebración. Paula cuenta: “Nos acostamos muy tarde, pero a las 3 de la mañana no pude dormir más. Tenía los ojos abiertos y pensaba que había dormido un montón. Lo raro es que no me dolía nada. Con Ori, fuimos a despertar a Laura… y ya estaba despierta”.
El 7 de agosto, bajo el bullicio de la Villa, Paula se encontró con el periodista para reflexionar: “Cada vez que pienso que soy campeona olímpica, me emociono”, afirmó, y se planteó cuál sería su próximo paso. Ya graduada de médica, le quedaba la especialización. “Este es el momento de la medicina -dijo en ese entonces-. No pienso qué pasará con mi futuro, porque es muy difícil dejar de competir y estar en el deporte”.
A lo largo de la última década, Paula ha construido un impresionante trayecto. Es especialista en Ortopedia y Traumatología, ofrece charlas en distintas plataformas, y ha creado su emprendimiento “Pareto Gluten Free” en San Fernando. Además, participa activamente en iniciativas solidarias.
Después de su retiro tras los Juegos de Tokio 2020, tuvo el honor de ser una de las portadoras de la bandera olímpica en la ceremonia inaugural de París 2024. Además, es una figura clave en el Comité Olímpico Argentino y desde 2025 ocupará el cargo de vicepresidenta, mientras que desde julio de 2024 es uno de los miembros del Comité Olímpico Internacional.
A una década de su oro en Río de Janeiro, mientras revive esos momentos, Paula comparte un recuerdo especial: “¿Te acordás que te dije que dormí poco después del oro? Bueno, lo primero que hice al despertarme fue abrir el cajón de la mesita de luz y ver si estaba la medalla. Y estaba”.
