Impulsadas por la combinación del deporte, las redes sociales y la influencia de figuras públicas, las apuestas se están convirtiendo en una práctica cada vez más común entre este grupo etario.
En un informe oficial, los pediatras señalan que la próxima Copa Mundial de la FIFA 2026 presenta un contexto especialmente delicado, ya que incrementa la exposición a contenidos relacionados con resultados deportivos y apuestas. Las promociones asociadas a deportistas y equipos, la participación de personalidades ajenas al fútbol, y la facilidad para realizar apuestas desde dispositivos móviles hacen que esta oferta esté disponible en todo momento.
Para los especialistas, el fenómeno va más allá del crecimiento de la industria de las apuestas; representa un cambio cultural.
El principal riesgo radica en que esta actividad, que se presenta como una forma de entusiasmo, en realidad está prohibida para personas de su edad y coincide con una etapa en la que todavía están desarrollando su autocontrol.
“El riesgo aparece cuando la pasión por el deporte se transforma en una vía de acceso a las apuestas para los jóvenes. Esta conducta se normaliza en un contexto donde aún están en desarrollo sus capacidades de control de impulsos, evaluación de riesgos y anticipación de consecuencias”, explica una pediatra involucrada en el tema.
Los datos confirman que el problema ya no es una excepción. Según una encuesta realizada por UNICEF y UNESCO, que recolectó información de 5.910 jóvenes de entre 9 y 17 años en áreas urbanas del país, uno de cada tres admitió haber apostado dinero en línea al menos una vez. Esta frecuencia aumenta con la edad y es más alta entre los varones de 12 a 17 años.
Un hallazgo significativo es que el 64% de los encuestados expresó que busca formas de ganar dinero rápidamente a través de Internet. Para la SAP, esto refleja la circulación en este grupo de promesas que, en muchas ocasiones, pueden llevar a estafas digitales u otras variantes que presentan el dinero como una recompensa fácil y rápida.
El informe también señala estudios del CONICET que explican la capacidad de las apuestas para atraer a los jóvenes. Más del 90% de los adolescentes encuestados afirmó que empezaron a apostar porque un amigo lo hacía. La dinámica grupal, la adrenalina, y la posibilidad de ganar o perder dinero son algunos de los factores que más atraen.
Los pediatras opinan que el incremento en esta práctica no puede ser atribuido solo a la sofisticación de las plataformas, sino también a un entorno digital que mezcla entretenimiento, videojuegos, redes sociales y deportes, diluyendo las líneas entre jugar y apostar.
“Lo más alarmante no es solo la expansión a través de publicidad y redes sociales, sino que las apuestas se han integrado en la vida digital de muchos adolescentes como una forma normal de entretenimiento”, subrayan.
Las apuestas ya no se consideran una actividad aislada, sino que existen ahora plataformas diseñadas para captar de manera continua la atención de jóvenes. La preocupación se genera incluso antes de que un adolescente introduzca dinero en una aplicación. Muchos videojuegos han comenzado a incluir mecánicas que mimetizan características de los juegos de azar, como cajas de recompensa, sobres virtuales y ruletas, lo que acostumbran a los jóvenes a dinámicas que siempre prometen mayores recompensas con un nuevo intento.
Este aprendizaje se produce en una fase de vulnerabilidad del desarrollo cerebral. Durante la adolescencia, las áreas relacionadas con la búsqueda de recompensas y emociones alcanzan altos niveles de actividad antes de que se completen las áreas vinculadas al autocontrol, planificación y toma de decisiones. Esta discrepancia fomenta comportamientos impulsivos y hace que experiencias que prometen gratificación inmediata sean particularmente atractivas.
“Las apuestas ofrecen diversión y ganancias rápidas. Los adultos a menudo subestiman los riesgos, y la creciente normalización de esta actividad oscurece un aspecto esencial: las apuestas online son ilegales para menores de 18 años”, advirtió la pediatra.
También se destaca que el acceso es más sencillo de lo que sugieren las normas, ya que varios adolescentes logran ingresar a las plataformas falsificando datos o utilizando documentos de adultos. La SAP subraya la falta de una legislación nacional específica que regule esta actividad y que muchos de los sistemas de verificación de identidad son ineficaces para prevenir el acceso no autorizado.
Los especialistas afirman que la diferencia entre apostar ocasionalmente, desarrollar un uso problemático, y sufrir de una adicción son situaciones distintas. Este último se presenta cuando la actividad deja de ser recreativa, causando pérdida de control y afectando aspectos íntimos de la vida, como el rendimiento escolar y emocional. Este trastorno por juego se reconoce en clasificaciones internacionales de adicciones.
La pediatra señala que muchos adultos creen erróneamente que los adolescentes dominan la tecnología solo por haber crecido con dispositivos, pero esta familiaridad no garantiza que cuenten con las herramientas necesarias para manejar los riesgos diseñados para captar su atención.
“La vida cotidiana, la falta de información o la creencia equivocada de que los adolescentes tienen un buen manejo de las tecnologías hacen que los adultos tiendan a relajar la supervisión. Saber utilizar una aplicación no significa tener la madurez suficiente para hacer un uso crítico y saludable”, indica.
El documento también describe cambios que pueden ser señales tempranas de problemas. Esto puede incluir irritabilidad cuando no pueden jugar, cambios de humor, mentiras relacionadas con el dinero, la incapacidad de controlar el impulso de seguir apostando y dificultades para abandonar esta actividad. Otras señales pueden ser descenso en el rendimiento escolar, pérdida de interés en otras actividades, aislamiento, trastornos del sueño y síntomas de ansiedad o depresión.
En los casos más extremos, pueden surgir constantes solicitudes de dinero. La pediatra advierte sobre los riesgos que ocurren cuando las apuestas comienzan a reemplazar otras actividades significativas en la vida del joven.
“La preocupación surge cuando la conducta de apostar comienza a cobrar un protagonismo excesivo en su rutina, desplazando intereses previamente relevantes. Cuando deja de ser una opción y se convierte en una necesidad”, enfatiza.
Los especialistas enfatizan que la detección temprana puede cambiar el pronóstico del problema. “Entre más pronto se identifique, más opciones hay para intervenir y evitar consecuencias graves, cuando el problema aún no está consolidado”, explicaron.
Por esta razón, la SAP sugiere que las consultas pediátricas incluyan preguntas sobre hábitos digitales y consumos problemáticos.
El rol de las escuelas también es clave. La SAP sostiene que las instituciones educativas deben fortalecer el pensamiento crítico, habilidades socioemocionales y educación para un uso responsable de las tecnologías, aunque el papel de las familias sigue siendo esencial en la formación de hábitos.
Para su presidenta, la prevención no debe centrarse únicamente en prohibir aplicaciones o en la instalación de controles parentales. El reto es “acompañar sin juzgar”, fomentando criterios propios en un entorno digital que oferta recompensas constantes.
“Ningún control parental puede sustituir la presencia de un adulto consciente y disponible. Los adolescentes deben saber que pueden acudir a ellos en busca de ayuda o asesoramiento”, concluyó.
Otro aspecto a considerar es promover alternativas a las pantallas. Cuantas más experiencias significativas encuentren los adolescentes fuera del universo digital, menor será su necesidad de buscar gratificación exclusivamente en plataformas diseñadas para mantenerlos atentos.
