Las recientes pruebas PISA 2025 reflejan resultados preocupantes, que resultan prácticamente inaceptables y vergonzosos al compararlos con los resultados de sistemas educativos de todo el mundo. El notable deterioro de la educación en Argentina, que ya era perceptible sin necesidad de una evaluación internacional, ha encendido nuevamente las alertas en un país que solía ser un modelo en educación pública y un verdadero motivo de orgullo.
Aunque el declive es manifiesto en diversos aspectos del país, los rendimientos educativos han pasado de ser moderadamente aceptables a un estado alarmante. Los exámenes estandarizados realizados a estudiantes de 15 años en 91 sistemas educativos a nivel global en 2025 han dejado clara la magnitud de la crisis. Aproximadamente el 80 % de los estudiantes argentinos no logra alcanzar el nivel mínimo en Matemáticas, y en Lectura y Ciencias, el 60 % presenta dificultades similares.
Es doloroso admitírlo, pero Argentina ha retrocedido a la octava posición en América Latina en cuanto a resultados educativos, siendo uno de los países que más ha caído en esta evaluación, junto a casi todas las naciones participantes.
Las causas de este retroceso son multifacéticas, combinando problemas de atención, repercusiones de la pandemia, desafíos en la formación docente y falta de continuidad en las políticas educativas. La disminución en la capacidad de lectura es notoria respecto de 2022, un año en el que la mayoría de los países, tanto en Europa como en Latinoamérica, también presentaron un deterioro, pero Argentina se había mantenido estable a pesar de las complicaciones de la emergencia sanitaria.
A nivel global, se señala el impacto negativo de las pantallas en la atención de los estudiantes. Argentina destaca como uno de los países con mayores distracciones, tanto digitales como en el entorno escolar. Uruguay lidera en esta categoría, seguido por Argentina, con Paraguay en tercer lugar. Otros países como Brasil y Chile también se encuentran entre los diez con mayor desorden en las aulas.
Sin embargo, este no es el panorama completo. Desde hace años, los promotores de la lectura reclaman más tiempo para su práctica en las aulas. La dificultad para comprender textos está estrechamente relacionada con la capacidad de atención de los estudiantes.
Desde 2022, la crisis salarial de los docentes ha alcanzado niveles alarmantes, obligándolos a buscar múltiples trabajos para poder subsistir, lo que les deja menos tiempo para dedicar a la lectura y a la elección de materiales adecuado para cada grupo de estudiantes.
Las familias enfrentan una situación económica crítica, con múltiples integrantes que han perdido su empleo, lo que lleva a que muchos jóvenes deban salir a trabajar para contribuir al hogar en lugar de concentrarse en sus estudios. Los datos acompañantes del informe evidencian que un tercio de los jóvenes ha tenido que optar por empleos remunerados.
Además, el Estado ha discontinuado la compra de colecciones literarias para las escuelas, limitándose a enviar, tardíamente, libros escolares. Esta decisión es particularmente grave dado que desde 2022 no se renuevan las bibliotecas escolares. Para agravar la situación, a partir de diciembre de 2023 se ha suspendido el Plan Nacional de Lectura, que será reemplazado por un Plan de Alfabetización cuyo diseño dependerá de cada provincia, y que no cumple la misma función.
Por último, los resultados obtenidos por los estudiantes en 2025 no pueden ser atribuidos a gestiones pasadas, como los años de kirchnerismo, ya que incluso los desempeños de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, gobernada por el macrismo, están alejados de su mejor marca histórica, mostrando una caída de 43 puntos en Lectura, 38 en Matemática y 25 en Ciencias en comparación con los resultados de 2015.