En la actual coyuntura económica, donde el consumo interno muestra signos de retracción y la apertura comercial impone nuevos desafíos competitivos, la gestión financiera estratégica se convierte en el pilar de supervivencia para las pequeñas y medianas empresas. Mientras el gobierno de Javier Milei mantiene su postura de evitar “políticas activas” tradicionales, ha desplegado un entramado normativo —compuesto por el RIMI, el RIFL y el FAL— que, en la práctica, ofrece una ventana de oportunidad crítica para la reconfiguración de la estructura de costos empresariales.
De acuerdo con un reporte elaborado por el estudio PMP Contabilidad & Consultoría para Ámbito, empresas de hasta 40 empleados pueden conseguir un ahorro anual de hasta $160 millones al año en costos laborales.
Más allá de las estrategias defensivas inmediatas, la planificación financiera en contextos recesivos requiere una mirada de largo plazo. No se trata solo de “sobrevivir” al mes a mes, sino de utilizar las herramientas fiscales disponibles para sanear el balance. La combinación de incentivos a la inversión, alivio en la carga laboral y la previsibilidad indemnizatoria permite a las empresas prepararse para un eventual rebote de la actividad, especialmente en sectores tractores como la energía y la minería.
No obstante, es interesante tener en cuenta los beneficios sobre todo en empresas que buscan insertarse en el nuevo modelo en el que sectores como energía y minería son los más dinámicos.
Impuestos: el impacto del Régimen de Incentivo a la Formalización Laboral (RIFL)
El RIFL actúa como un catalizador para la formalización, generando una disminución estructural inmediata en los costos laborales. Para una pyme, este ahorro proyectado del 10% no es solo un beneficio marginal; es capital de trabajo que se libera para reinyectar en el ciclo operativo.
Para una posición con una remuneración bruta de $2.000.000 el ahorro mensual por trabajador es de $260.000. El ahorro anual por trabajador es $3.380.000.
En una nómina de 10 trabajadores representa un ahorro anual acumulado de $34 millones. En 48 meses qu es lo que dura el régimen una pyme puede ahorrar hasta $135,2 millones.
En una gran empresa bajo los mismos parámetros, el beneficio asciende a $160 millones.
Régimen de Incentivo a las Medianas Inversiones (RIMI)
El RIMI está diseñado para fomentar la actualización tecnológica incluso en escenarios conservadores. Para una microempresa de servicios que alcanza su tope de facturación ($370 millones anuales) y decide invertir u$s150.000 en equipamiento, el impacto financiero es doble:
Impacto en Impuesto a las Ganancias (Amortización Acelerada): La reducción del tributo equivale al 14% de la inversión efectuada, representando un beneficio financiero de u$s21.000 anuales durante los primeros dos ejercicios fiscales.
Recuperación Directa de IVA: Vía acreditación en cuenta bancaria al cuarto mes de realizada la inversión, la compañía recupera el 78% del IVA abonado, lo que genera una inyección inmediata de liquidez de u$s12.300.
Fondo de Asistencia Laboral (FAL)
El FAL es, quizás, la herramienta más disruptiva en términos de previsibilidad. Al transformar los pasivos contingentes (indemnizaciones) en un fondo de cobertura obligatorio y capitalizable, elimina la incertidumbre financiera que suele paralizar las decisiones de contratación en las pymes. Bajo un esquema de aportes del 2,5% sobre una base salarial promedio de $2.000.000, los resultados son contundentes:
Escenario pyme (40 empleados): Con un aporte mensual proyectado de $2.000.000, al cabo de 12 meses la empresa capitaliza un fondo equivalente a 11,2 sueldos promedio. Esto le permite absorber de manera inmediata la indemnización por antigüedad de un trabajador con 11 años de servicio, o de 11 trabajadores con 1 año de antigüedad.
Escenario Gran Empresa (1.000 empleados): Con un aporte mensual de $20.000.000, al año acumula un respaldo equivalente a 114 sueldos promedio, cubriendo contingencias equivalentes a 6 indemnizaciones de personal con 19 años de antigüedad o 10 trabajadores con 11 años de trayectoria.
Sinergia estratégica: el impacto del uso combinado
El verdadero potencial de estas herramientas se libera cuando se aplican de forma integral. Un análisis de caso para una pyme de 40 empleados permite visualizar esta reconfiguración de costos: al regularizar personal vía RIFL, invertir en bienes de capital mediante RIMI y fondear sus contingencias con el FAL, la empresa no solo ahorra dinero, sino que gana solidez institucional.
El reporte indica que en el primer año el ahorro sería por el RIFL $13.520.000.
Por amortización acelerada del Impuesto a las Ganancias unos u$s21.000 o $31,5 millones mientras que por reintegro de IVA son unos u$s12.300 o $18,45 millones.
En conclusión, el ahorro anual acumulado que puede superar los $160 millones no es un simple descuento impositivo, sino una oportunidad para profesionalizar la estructura financiera. Para los gerentes y dueños de pymes, entender y aplicar esta triada de instrumentos (RIMI, RIFL y FAL) es hoy la diferencia entre una empresa estancada y una organización ágil lista para el crecimiento futuro.
