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La Ley Wenger, cada vez más lejos: el ensayo canadiense que puso en duda el cambio del fuera de juego

El fútbol atraviesa uno de los debates reglamentarios más importantes de los últimos años: ¿modificar el fuera de juego permitiría un juego más ofensivo o alteraría el equilibrio táctico que caracteriza a este deporte? La llamada Ley Wenger, impulsada por Arsène Wenger, exentrenador del Arsenal y actual director de Desarrollo del Fútbol Mundial de la FIFA, nació con un objetivo concreto: reducir las decisiones milimétricas, generar más oportunidades de gol y favorecer un espectáculo más dinámico. Sin embargo, los resultados de la temporada 2026 de la liga canadiense pusieron en duda la conveniencia de la modificación.

¿Qué buscaba cambiar la Ley Wenger? La Regla 11 establece que un futbolista está en posición de fuera de juego cuando cualquier parte de su cabeza, cuerpo o pies se encuentra más cerca de la línea de meta rival que el balón y el penúltimo adversario, siempre que esté en campo contrario. Las manos y los brazos no se consideran.

Así, una diferencia de apenas centímetros puede determinar una posición adelantada, aunque estar en esa posición no constituye por sí solo una infracción.

La propuesta de Wenger pretendía modificar ese criterio. Según la regla de la luz diurna, el atacante seguiría habilitado mientras alguna parte de su cuerpo válida para jugar el balón estuviera en línea con el penúltimo adversario o detrás de él. Para quedar adelantado, tendría que haber superado por completo esa referencia defensiva.

En la práctica, esto suponía conceder al delantero una ventaja corporal considerablemente mayor para iniciar sus desplazamientos hacia el arco contrario.

Tras algunos ensayos en categorías formativas, la liga canadiense puso a prueba esta interpretación experimental con autorización de la IFAB y en colaboración con la FIFA.

Un informe que evaluó 112 partidos de la temporada regular identificó tres resultados relevantes:

Las cifras indican que la modificación redujo considerablemente las posiciones adelantadas sancionadas, pero no produjo un aumento proporcional de los goles. Los 13 tantos adicionales equivalen, aproximadamente, a uno más cada nueve partidos.

La contradicción fue evidente: una propuesta pensada para favorecer el ataque terminó alentando a las defensas a replegarse.

En el fútbol moderno, la Regla 11 es una herramienta esencial para organizar la presión, controlar la profundidad y coordinar los movimientos colectivos. Cambiar su referencia también modifica las estrategias de los equipos.

La experiencia canadiense mostró que una ventaja reglamentaria puede ser neutralizada mediante una adaptación táctica del rival.

La IFAB, organismo responsable de establecer y modificar las Reglas de Juego, debe analizar no solo los objetivos de una propuesta, sino también sus consecuencias para el desarrollo del fútbol.

En este caso, los resultados plantearon tres cuestiones fundamentales: el aumento limitado de goles, el retroceso de las líneas defensivas y la alteración del equilibrio táctico entre atacantes y defensores.

También hay un aspecto tecnológico que merece consideración. Cambiar la referencia del fuera de juego no garantiza que desaparezcan las decisiones milimétricas; simplemente podría trasladarlas a otro punto del cuerpo del atacante.

La reunión de los paneles consultivos de la IFAB, celebrada el 27 de octubre, fue una instancia importante para analizar los resultados de Canadá.

Las informaciones difundidas después del encuentro señalaron una marcada resistencia a seguir impulsando la iniciativa en su forma actual. Sin embargo, la IFAB todavía no comunicó una resolución formal y definitiva que descarte la Ley Wenger.

Su comunicado oficial confirmó que se presentaron los resultados del ensayo canadiense, pero no anunció la aprobación ni el rechazo definitivo de la modificación. El organismo mostró poco entusiasmo por los resultados. “Se presentaron las últimas informaciones sobre el ensayo para la detección del fuera de juego que se está llevando a cabo en la Premier League canadiense y los ensayos del sistema de revisión en vídeo (FVS), que permite a las competiciones con recursos limitados utilizar repeticiones para ayudar a los árbitros”, indicó en un comunicado.

La próxima reunión de trabajo está prevista para el 14 de enero de 2027, en Zúrich, donde continuará la evaluación reglamentaria. Por lo tanto, la propuesta enfrenta un escenario adverso y su aprobación a corto plazo parece poco probable, aunque el debate sigue formalmente abierto.

La FIFA puede promover investigaciones, presentar propuestas y organizar ensayos autorizados, pero no está facultada para modificar unilateralmente las Reglas de Juego e imponer su aplicación general en las competiciones oficiales. Esa responsabilidad corresponde a la IFAB, integrada por la FIFA y las cuatro asociaciones británicas: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

Para aprobar una modificación se necesita una mayoría de tres cuartas partes de los ocho votos disponibles. La FIFA cuenta con cuatro y cada asociación británica dispone de uno.

Aunque el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, siga promoviendo alternativas para favorecer el fútbol ofensivo, la Ley Wenger deberá superar ese procedimiento antes de convertirse en una norma de aplicación general.

La experiencia canadiense deja una enseñanza que va más allá del debate sobre el fuera de juego. La Ley Wenger nació con una intención legítima: favorecer al atacante, aumentar las oportunidades de gol y reducir las controversias por posiciones milimétricas. Sin embargo, los resultados mostraron que reducir las decisiones de fuera de juego no garantizó necesariamente un fútbol más ofensivo ni menos controversias que con la regla actual.