Sí, es un hito: la primera final europea en la historia de este modesto club del sur de Madrid, que en 2024 celebrará sus 100 años y será el único representante español en competiciones continentales de esta temporada. El ambiente en el barrio es diferente, una mezcla de emociones que inunda y contagia a todos los hinchas. La cita con un nuevo capítulo en la historia del club está marcada, al tiempo que se prepara la despedida de Oscar Trejo, quizás el futbolista que mejor ha encarnado el espíritu de Vallecas en la última década. Su adiós coincide con el momento más extraordinario en la historia de un club de 102 años.
Hablar del Rayo es hablar de Vallecas, un barrio obrero en el sudeste de la capital española, donde el club es considerado una extensión de la identidad local. Su estadio, con capacidad para 14 mil espectadores y tres tribunas, recuerda a los recintos de Argentinos y está rodeado de edificios y bares que simbolizan esa esencia de “equipo de barrio” que aún prevalece en el fútbol español. La afición ha estado históricamente asociada a causas sociales, antifascistas y solidarias, convirtiendo al Rayo y su entorno en uno de los más queridos y singulares a nivel europeo. La figura de Trejo se ha integrado de manera natural en esta narrativa rayista. Se ha convertido en un símbolo de un club que enarbola la humildad, y que ahora, contra todo pronóstico económico, competirá en la noche más importante de su existencia frente a Crystal Palace, cuyo socio mayoritario es Woody Johnson, propietario de los New York Jets de la NFL.
Oscar Trejo representa la esencia del rayismo. El Rayo construyó su camino hacia la final desde abajo, acorde a su historia. Primero eliminó al Neman Grodno de Bielorrusia en las etapas previas, y luego avanzó en la fase de grupos con victorias ante Shkëndija, Lech Poznan, Slovan Bratislava, Jagiellonia y Drita. En octavos de final, dejó atrás al Samsunspor turco, sufrió para eliminar al AEK Atenas en cuartos y culminó su hazaña con dos triunfos por 1-0 frente al sorprendente Racing de Estrasburgo francés, con Valentín Barco y Joaquín Panichelli en semifinales.
El domingo siguiente a la travesía de los hinchas en el metro, el Rayo se prepara para recibir al Villarreal en la penúltima jornada de la Liga, donde el equipo ha asegurado su permanencia, finalizando octavo con 50 puntos. A dos horas del comienzo del partido, se escucha música de Ska-P y Extremoduro en los altavoces del estadio. Mientras tanto, los alrededores se llenan de color. Entre aficionados que se encuentran en los bares y puestos de merchandising que comienzan a abrir, el plantel se dirige a un terreno baldío cercado a una cuadra del estadio, donde se han organizado homenajes muy especiales.
“Venimos a despedir a nuestro compañero, el Choco”, nos comenta Augusto Batalla, ex arquero de River y San Lorenzo, y ya uno de los referentes del equipo. A la hora programada, una grúa eleva a dos hinchas que, armados con aerosoles, comienzan a escribir el número 8 y la leyenda “Eterno Capitán” en una pared. La dedicatoria es para Trejo, que se despide del club después de una década llena de altibajos, y su presencia en los momentos difíciles lo ha consagrado como ídolo. Curiosamente, la camiseta del Rayo Vallecano, blanca con una franja roja diagonal, está inspirada en la de River, eterno rival de Boca, club donde Trejo debutó en julio de 2005, anotando un gol en una derrota por 3-2 como visitante ante Almagro, en un partido que no concluyó por la invasión de hinchas locales en el estadio José Ingenieros.
Sin lugar en Boca, inició un recorrido internacional que lo llevó por Mallorca, Elche, Rayo, Sporting Gijón y Toulouse, hasta decidirse por finalmente quedarse en Vallecas, donde ha experimentado todo lo que puede vivir un futbolista: permanencias, descensos, ascensos y clasificaciones europeas. Ha jugado 334 partidos, anotado 45 goles y proporcionado 26 asistencias. Fue fundamental en el ascenso de la temporada 2017/18 y compartió equipo con figuras como Radamel Falcao y James Rodríguez. Tras asistir al descubrimiento de su mural y escuchar el canto “Trejo capitán” de los hinchas, toma un megáfono y expresa: “Pensaba muchas cosas para hoy, pero era el 10 por ciento de lo que ustedes son capaces de hacer. Ser el privilegiado de recibir este tipo de homenajes hace que se me hinche el corazón. Los voy a extrañar un montón y, si erro un pase, no me puteen porque me van a temblar las piernas. Los llevaré siempre en mi corazón y mi familia tendrá seis asientos en Vallecas para alentarlos”.
Entre la multitud, su familia se emociona. Junto a su esposa Marina, sus hijos Mia, Lucca, Santi y Leo son tan rayistas como él. “Es una mezcla de emociones, pero sobre todo, mucho orgullo por la persona que es. En los buenos momentos es más fácil estar, pero en los momentos difíciles él estuvo siempre. Me decía que lo sacarían adelante, que ascenderían, incluso cuando no les pagaban y pasaron un año entero en esas condiciones. Es un líder silencioso, y recibir tanto cariño es lo mejor que uno puede experimentar”, señala Marina.
Ella recuerda: “Cuando llegamos a Madrid, nos hizo recordar mucho a Buenos Aires. Se parecía a un barrio típico de allí, con su gente muy cercana. No pudimos quedarnos por la situación del club, pero al regresar buscamos un lugar donde sentirnos en casa, una segunda oportunidad para poner al club en el lugar que merecía. Y así fue”.
“Los que estamos diciendo lo que significa Trejo lo hacemos desde la historia y el conocimiento”, afirma Juan Jiménez Mancha, historiador y aficionado del club, quien no duda en realzar la figura del ídolo en despedida: “Aquí en Vallecas, todos somos uno más, pero a nivel histórico, Trejo ya está en los libros de grandes leyendas del Rayo Vallecano”.
El Rayo y Trejo están a un paso de vivir una noche perfecta. Porque el jugador que eligió permanecer en las malas, el que abrazó la identidad barrial del Rayo como propia, se despide en la primera final continental de un club centenario que, con un presupuesto humilde y un corazón grande, ha logrado abrirse paso en Europa. Ganar sería una conclusión digna de una historia épica, que en Vallecas, sienten que es lo que merece.
