River venció a Unión de Santa Fe por 3-4 en los penales, luego de igualar sin goles en el tiempo reglamentario, por los octavos de final de la Copa Argentina en el Estadio Malvinas Argentinas de Mendoza, y clasificó a cuartos de final.
Gonzalo Montiel, con el trotecito modo Qatar 22, tocó y marcó el gol de la clasificación. Completó con el gol y su posterior festejo onda Mundial lo que Armani ya había hecho en la serie. Pero Cachete ya había sido determinante antes, cuando en tiempo regular evitó casi sobre la línea un gol de Nicolás Palavecino. El mismo que en la última jugada del partido miró más la pelota que a Armani y pateó (demasiado) arriba cuando podía aprovechar mucho mejor el ancho del arco.
Es cierto que Montiel podría haber definido la situación si Andrés Gariano (o Facundo Rodríguez, su segundo asistente) advertían el penal que Mateo del Blanco le cometió por agarrón promediando el segundo tiempo. Tanto como que en el desarrollo, el mismo Cachete estuvo por momentos alineado con el ritmo fallido de un equipo que no se podía imponer por jerarquía y que chocaba permanentemente con la muralla made in Leo Carol Madelón.
Deberá hacer algo más, River, para ser el equipo de oficio copero de los años dorados de su entrenador. Un Gallardo que extrañamente demoró en cambiar los planes y darle explosión y desequilibrio a un equipo demasiado largo, previsible en sus movimientos y al que le sobraban pasadores y le faltaban revulsivos. Un equipo que caía crónicamente en la trampa de Unión. Un equipo con mañas que lo forzó a jugar largo, que ganó divididas, que blindó el centro del área con Fascendini y Rodríguez para luego salir rápido tanto con Caramelo Martínez como con Mauro Pittón en el centro.
El clic estuvo cuando el Muñeco entendió que además de pasar había que imaginar. Que urgía un Juanfer Quintero para enrocar con un Nacho Fernández incómodo como enganche, que ya bajaba mucho a pegarse a Enzo Pérez para conectar con la pelota. Y también un jugador que pudiera romper estructuras con las gambetas. Como Santiago Lencina y, especialmente, como Facundo Colidio. No fue casual que ese rato en el que ambos coincidieron con JFQ y con Miguel Borja, River estuviera cerca de ganarlo en los 90 minutos, sin necesidad de recurrir a la estresante serie de penales: el Colibrí tuvo una de cabeza a quemarropas que hizo figura del tiempo regular a Matías Tagliamonte.
Quedarán las conclusiones ya con el partido ganado. Con la serie con épica abrochada. Con el morbo por delante de tener que enfrentar a Racing luego del affaire Salas, de la repatriación de Juanfer, de los dardos interdirigenciales. Pero con la tranquilidad que le dio Armani en el arco. A guante, corazón…