Aunque nadie quiera admitirlo, el hijo de Néstor Kirchner, Máximo, no solo se ha estilizado personalmente bajando varios kilos de peso sino que lo ha hecho a la hora de relacionarse con dirigentes ajenos a la troupe del kirchnerismo salvaje.
Todas las semanas recibe dirigentes con los que hasta hace algún tiempo no quería saber nada. Práctico como su padre, deja los pruritos de lado y no dudó en dialogar, a fines del año pasado, con Sergio Massa, el “traidor” que protagonizó la derrota que sepultó el “vamos por todo” de su madre Cristina Fernández.
Hace un poco más de un mes buscó aderezos de cualquier lado para tragarse “otro sapo”, como fue para él recibir al intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, candidato de su espacio hace cuatro años pero que rápidamente se fue ofendido por el destrato recibido.
Ilusionados, dirigentes camporistas se entusiasman y pregonan una “gran unidad peronista” contra “el modelo de Mauricio Macri”, que “nos lleva puesto a todos, no solo al peronismo, sino al pueblo entero”.
Esta idea fluctúa entre un gran acuerdo con el Frente Renovador y los intendentes y dirigentes sindicales que hace tiempo huyeron del kirchnerismo. Hasta el momento, son solo promesas. Lo único concreto y que pudieron mostrar fue la foto con la siempre simpática y muy peronista familia de San Luis: los Rodriguez Sáa.
Si bien los hermanos Adolfo y Alberto fueron hipercríticos del kirchnerismo, y los denunciaron por enviarles los fondos que les correspondía a su provincia en materia de coparticipación como así también se ufanaban sobre el costo de sus obras, mucho más baratas que las realizadas por José López y Julio De Vido, la coyuntura de San Luis los hace buscarse mutuamente.
El kirchnerismo nunca pudo hacer pié en esa provincia cuyana mientras que los Rodríguez Sáa necesitan frenar el intento del oficialismo de Cambiemos por proponer al ex gobernador Carlos Poggi, ex pollo político de los hermanos puntanos, como su próximo candidato.
