Economía

El IAEF organiza su Convención Anual con enfoque en reglas claras para la inversión

El Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF) está ultimando los preparativos para su 47.ª Convención Anual, el evento más antiguo de la organización que aglutina a los principales actores del ámbito empresarial, político y financiero. El encuentro se llevará a cabo desde este jueves en Puerto Iguazú, continuando con la tradición de un evento itinerante que en ediciones pasadas tuvo lugar en Bariloche, Mendoza y Chubut.

Previo a la cumbre, el presidente del IAEF, Pablo Miedziak, y el encargado del comité organizador, Ezequiel Mirazón, dialogaron sobre los temas clave que se abordarán. Bajo el lema “Argentina: de la estabilidad al crecimiento y cómo generar competitividad sostenida”, se discutirá sobre la transición desde el orden macroeconómico y la reducción de la inflación hacia un desarrollo a largo plazo más predecible.

El programa de tres días en Iguazú contará con la participación del presidente de la Nación, Javier Milei, junto a los ministros de Economía y Desregulación, Luis Caputo y Federico Sturzenegger, y el canciller, Pablo Quirno.

—El lema de la convención plantea la transición de la estabilidad hacia el crecimiento. En el ámbito financiero se habla de una reactivación a dos velocidades: algunos sectores en avance y otros rezagados. ¿Cuál es su evaluación sobre este punto de partida?

—Miedziak: Observamos que el país ha logrado estabilizar el tipo de cambio, reducir la inflación y disminuir el riesgo país, además de fomentar inversiones. Sin embargo, esto es solo un comienzo. La estabilidad no debe ser vista como un fin en sí mismo para ser aplaudida, sino como el fundamento para edificar un crecimiento sostenible. En cuanto a las dos velocidades, con un programa reformista fuerte, algunos sectores se adaptan con rapidez mientras que otros requieren más tiempo. Actualmente, la minería, la energía, el agro y la economía del conocimiento están avanzando con fuerza, en tanto que la industria y el comercio deben reconfigurarse ante un esquema de mayor apertura. Creemos que ya se ha tocado fondo en actividad y mora crediticia, y es hora de consolidarse.

—Mirazón: En el instituto mantenemos tres principios fundamentales: no hay crecimiento sin inversión, no hay inversión sin reglas claras y no hay desarrollo sin la colaboración entre el sector público y privado. El RIGI ilustra esto claramente: proyectos en el ámbito petrolero y minero que estaban estancados se han activado al proporcionar garantías de estabilidad jurídica y fiscal. Los empresarios necesitan certeza sobre el entorno en el que desarrollan sus actividades y que las reglas permanezcan constantes.

—¿Cuál es la principal preocupación que expresan los directores de finanzas y los empresarios asociados al instituto en la actualidad?

—Miedziak: La incertidumbre respecto al mediano plazo y el ciclo electoral. Argentina ha alternado de extremos cada cuatro años. Si después de las próximas elecciones se sostiene el rumbo, el riesgo país podría reducirse a la mitad y los activos duplicar su valor; en cambio, si se regresara a modelos previos de cierre y desequilibrio, el valor de las empresas se desplomaría. Esta disparidad es evidente en la curva de bonos soberanos: un título que vence en 2027 ofrece un rendimiento cercano al 4,5%, con un riesgo implícito de alrededor de 80 puntos básicos, parecido al de países como Chile, Paraguay o Uruguay; mientras que un bono con vencimiento en 2028 alcanza el 9,5%. Esta brecha refleja puro riesgo de cambio en el régimen. Ojalá se logre desacoplar la economía de los altibajos políticos, como sucedió en Perú con la continuidad técnica de Julio Velarde en el Banco Central.

—En cuanto a la política cambiaria, ¿qué análisis hacen sobre la flexibilización y el manejo del tipo de cambio?

—Miedziak: Se trata de una gestión predecible que no provoca sorpresas con cambios drásticos. Se ha ido abriendo el cepo de manera progresiva: primero a personas, luego a dividendos acumulados a través de títulos públicos y finalmente a las utilidades de 2025. Falta el último paso para la plena liberalización de giros al exterior para las empresas, pero la dirección es clara. El mercado valora la certidumbre respecto a las pautas del tipo de cambio y el cumplimiento de lo anunciado.

—A pesar del año electoral y las presiones para aumentar el gasto, el Gobierno reafirmó su compromiso con el superávit. ¿Qué señal emite eso para la inversión privada?

—El déficit cero se ha convertido en el pilar innegociable de este equipo económico. Es la lógica básica que debe seguir cualquier hogar o empresa: no se puede gastar más de lo que se ingresa. Durante 70 años, Argentina gastó por encima de sus posibilidades, financiando ese déficit a través de emisión o deuda hasta alcanzar un colapso por crisis recurrentes. Mantener el equilibrio fiscal es la señal de solvencia más contundente que pueden recibir los inversores.