Recientemente, dos casos en la Ciudad —San Tarsicio y Misericordia, y Colegio Los Robles junto a Escuela Argentina Modelo— ilustran que este fenómeno trasciende a instituciones en riesgo de cierre, y empieza a ser visto como una estrategia para el crecimiento.
No todas las fusiones surgen de una crisis inminente. Matías Jorba, presidente de la Comisión Directiva de San Tarsicio, enfatiza esta idea: “Si bien es cierto que lamentablemente hay muchos casos de escuelas que cierran o que necesitan fusionarse por una caída de matrícula, no es para nada el caso de San Tarsicio. Todo lo contrario: San Tarsicio venía creciendo. La decisión de aliarnos con Misericordia fue completamente proactiva y estratégica”.
Las familias de las comunidades educativas de los colegios Misericordia de Recoleta y San Tarsicio decidieron en septiembre de 2026 unificar sus proyectos bajo el lema “San Tarsicio, educando bajo la Obra de La Misericordia”. Esta fusión se hará efectiva a partir del ciclo lectivo 2027 y congregará a más de 750 alumnos, convirtiendo a la nueva institución en una de las más convocantes de la Ciudad.
La comunidad resultante adoptará el nombre de San Tarsicio y funcionará en el edificio histórico del Colegio Misericordia, ubicado en Azcuénaga 1630, Recoleta, un edificio construido en 1884 que forma parte del patrimonio arquitectónico porteño. Así, las instituciones involucradas aportan lo más valioso de su identidad: San Tarsicio ofrece su nombre, propuesta pedagógica y modelo educativo, mientras que Misericordia suma su experiencia de más de 135 años en el ámbito educativo.
De acuerdo con Jorba, la búsqueda de un socio institucional respondió a la necesidad de encontrar una entidad que compartiera los principios del colegio, y Misericordia cumplía con esos requisitos. El proceso de fusión no fue inmediato: “Llevó mucho tiempo de análisis, de coordinación y de alineación entre ambas instituciones”, aclaró.
El comunicado emitido por ambas entidades especifica el contexto que enfrenta el sector: la continua disminución de la natalidad ha impactado en las matrículas y ha llevado al cierre de numerosas instituciones educativas en años recientes. Sin embargo, subrayan que ninguna de las dos comunidades estaba enfrentando esa situación; su decisión fue proactiva, buscando ser “más sólidas, más preparadas y mejor posicionadas” para ofrecer educación de calidad a largo plazo.
Jorba reconoce que unir dos comunidades educativas no es un desafío menor. Por ello, se implementará un plan de integración social diseñado por expertos, que incluirá una gran cantidad de actividades conjuntas a lo largo del año, con un comité de integración funcionando entre alumnos, familias y docentes, preparándose para el funcionamiento conjunto que se proyecta para el inicio del ciclo lectivo 2027.
El otro caso que comienza a difundirse en el ámbito educativo de la Ciudad es el de la integración entre Colegio Los Robles y Escuela Argentina Modelo, cuya fusión ha sido bautizada como Los Robles EAM. Este proyecto conjunto prevé una reorganización de las sedes, un nuevo esquema de liderazgo y una estructura académica unificada, que se llevará a cabo de manera gradual.
En este marco, el nivel inicial y la primaria se ubicarán en la sede de Riobamba 1059 de la EAM, mientras que la secundaria tendrá su base en Belgrano 1548, correspondiente al Colegio Los Robles.
Martín Zurita, secretario ejecutivo de la Asociación de Institutos de Enseñanza Privada de la provincia de Buenos Aires, sitúa estos ejemplos dentro de un fenómeno más amplio y todavía en desarrollo. “Hay otros casos que están en conversación, pero que no se han concretado, porque no es fácil. Juntar comunidades educativas y comunicar a las familias no es sencillo”, advierte.
Zurita identifica la causa del problema en el ámbito demográfico: “En los últimos años, hubo 400.000 nacimientos menos en el país; esto equivale a esa misma cantidad de alumnos potenciales que no ingresaron al sistema educativo, tanto estatal como privado”. Destaca que el impacto de esta disminución es distinto dependiendo del tipo de gestión.
“El Estado es un único empleador que puede reagrupar y reubicar según las necesidades. Esa reubicación es mucho más sencilla”, explica. “En cambio, en la educación privada, cada escuela es su propio empleador; si originalmente estaba diseñada para 1.000 alumnos con un determinado plantel docente y no docente, esos números no son reales en la mayoría de las instituciones, y aquí surgen graves dificultades: ¿qué hacer?”.
Ante este dilema, describe diversas respuestas que ya están siendo implementadas en el sector: “Muchas escuelas, lamentablemente, han cerrado. Otras han reducido su tamaño; en lugar de operar en dos turnos, han disminuido a uno. También se han cerrado cursos o aulas”. La fusión se presenta como una opción más frente a estas alternativas, aunque es considerada por él como la más compleja de ejecutar. Zurita recuerda que su asociación advirtió por primera vez sobre este fenómeno en el nivel maternal luego de la pandemia, momento en el que más de 200 jardines maternales cerraron en todo el país, antes de que el impacto llegara a los niveles de 3, 4 y 5 años en los jardines de infantes.
El análisis de Zurita contrasta con la situación que se vivía hace apenas diez años, cuando la preocupación principal en el sistema educativo era la falta de vacantes. “Recordarás que en la época de Esteban Bullrich como ministro de Educación de Macri, se hizo una campaña evidenciando la necesidad de 1.000 salas de jardín de infantes, sobre todo para niños de 3 y 4 años”, menciona. Esa realidad ha cambiado, sostiene, ya que la mayor proyección de falta de alumnos se centra en el nivel inicial y en los primeros grados de primaria, un fenómeno que, junto con el crecimiento vegetativo, se irá trasladando al resto de la primaria y, posteriormente, al nivel secundario.
En este contexto, menciona la reciente aprobación en la Legislatura porteña de la obligatoriedad de la sala de 3 años, una medida que busca optimizar las aulas que comienzan a quedar inactivas y el personal docente disponible, en un momento donde la cobertura de las salas de 4 y 5 años está prácticamente universalizada.
Zurita anticipa que el debate sobre la reestructuración del sector privado tendrá un capítulo formal el 25 de septiembre, con un congreso nacional en un hotel, donde participará un demógrafo para discutir proyecciones demográficas y la nueva organización que deberán adoptar las instituciones educativas. Entre los cambios esperados, menciona que varias instituciones sin jornada completa o doble jornada tendrán que implementarlas como forma de adaptarse, y que la fusión continuará siendo una opción viable, aunque él mismo la califica como “complicada”.
Con 14.000 escuelas privadas y 3 millones de alumnos en todo el país, Zurita subraya que lo que está en juego trasciende cada institución individual: “No se pueden perder esos equipos directivos y docentes que han sido formados a lo largo del tiempo, junto con toda la comunidad educativa que se aglutina alrededor de una escuela”. Por ello, hace un llamado a la implementación de políticas públicas y a una actualización normativa que, según él, actualmente responde a una realidad de hace 20 o 30 años, sin reflejar la transformación demográfica que está comenzando a modificar la estructura completa del sistema educativo argentino.