En Argentina, el consumo de carne de caballo no es habitual. Años atrás, una iniciativa de Carlos Menem buscó fomentar su consumo, pero fue rechazada rotundamente por la población. La faena legal, que sólo sirve para la exportación, está sometida a un control creciente y cada vez son menos los caballos destinados a este fin; de hecho, la Comunidad Europea ha advertido que dejaría de adquirir carne de caballo si no se asegura la trazabilidad a través de un sistema de chip.
Sin embargo, en los últimos años, el robo de caballos para su faena clandestina ha tomado relevancia y se ha convertido en un delito recurrente. A pesar de que en Argentina está prohibida la venta de carne de caballo, el fenómeno sigue en crecimiento.
Los partidos de Pilar y Cañuelas se han convertido en focos de sustracción de caballos destinados a la faena. Además del valor sentimental y del impacto económico que representa este robo, la carne se comercializa en productos como chorizos y milanesas, sin ningún tipo de control bromatológico. En estos lugares, en los últimos meses, se han registrado ventas de caballos robados vinculados al circuito del polo. “Es que los caballos de polo son muy mansos. Están acostumbrados a estar entre personas, no le tienen miedo al humano, y pueden ser trasladados fácilmente a pie durante largas distancias”, explicó un empleado de un centro de polo local.
El propietario del establecimiento, Jorge Maikes, denunció el robo de cuatro de sus yeguas más valiosas. “Todos saben que cruzaron la ruta 25 y conocen el recorrido que hicieron. Desde dos fincas de productores bolivianos los vieron pasar, pero nadie se anima a denunciar, tienen miedo”, comentó.
La modalidad suele ser similar. “Primero entran con galgos a cazar y observan el movimiento. Luego, esperan a que se apague la luz de las caballerías. Se sabe a dónde van, a dónde los llevan y dónde los faenan”, explicó Maikes. “Me robaron la yegua de mi nieta, que era muy amable y ella la adoraba, y la mataron. Ellos atraviesan zonas de quintas, luego pasan por el monte y llegan hasta El Morenito, Cuartel V. Todo el mundo conoce ese recorrido”.
Una víctima siguió durante cinco horas a sus caballos robados en Cañuelas, pero aún no los ha encontrado.
La gente ve a los caballos en las cámaras, mancos y aterrorizados, huyendo hacia el lugar donde se realiza la faena. Cuando los delincuentes sienten algún peligro, los esconden “los dejan en lugares ocultos, atados y aterrados, sin agua ni comida, durante dos días hasta que se calman”.
“Es horrible cómo se mata a los caballos y el sufrimiento que padecen. Esperan a la medianoche, los atan y luego los faenan. No hay control bromatológico”, comentó el rastreador.
“La carne circula en un circuito de distribución que es conocido. Se mezcla con carne picada, chorizos y milanesas, y la consumimos sin darnos cuenta. Por eso, hay un riesgo sanitario”, añadió.
¿Cuál es el negocio detrás de esto? Un caballo de polo vivo tiene un alto valor debido a su reconocimiento y, por tanto, no se puede vender fácilmente. La trampa está en la faena clandestina, donde caballos con valor de 20.000 dólares son procesados. En este sentido, se asemeja a un desarmadero de automóviles: el caballo vivo representa una fortuna, mientras que el faenado tiene un valor mínimamente despreciable. “Lo venden como carne vacuna a precio ridículo. Se destruye un capital enorme. Algunas personas han abandonado el país justo por esta razón”, señaló otro damnificado que prefirió permanecer en el anonimato.
La dinámica es habitual. “No te roban uno solo, se llevan de a cinco. La primera noche los tamberos los vieron y llamaron a la policía, pero no pudieron cruzar la autopista. Los escondieron. Dos de ellos se escaparon y regresaron por su cuenta. Al día siguiente volvieron a por los demás, a pie y a plena luz”, informó un vecino afectado de Cañuelas que también encontró a sus caballos descuartizados.
“Cuando escuchas música fuerte por la noche, es porque están faenando. Tapan el ruido con cumbia a todo volumen. Así operan los frigoríficos clandestinos. Luego, cargan la carne en camionetas sin cadena de frío y la distribuyen a carnicerías de La Matanza y supermercados de Pilar”, añadió.
Al ser consultada, la Municipalidad de Pilar aseguró que los caballos de Maikes fueron recuperados y que se está llevando a cabo una investigación.
Las víctimas cuestionan la posible connivencia de la policía, dado que se trata de una problemática que permanece sin solución y que se repite casi a diario. “Existen circuitos y mercados. Todos están al tanto de lo que ocurre. Es una cuestión de decisión política. Quieren atrapar a los responsables. Por eso, decimos que la provincia está liberada. Se hacen sólo gestos mínimos. Los vecinos se organizan, porque si no hacemos ruido, todo regresa a la normalidad”, afirmó un damnificado que conoció la situación tras regresar al país desde Francia.
Consultados, voceros del Ministerio de Seguridad de la provincia no quisieron ofrecer declaraciones.
“Por primera vez, gracias a nuestra intervención, la Policía Judicial y la oficina de Delitos Ambientales del Ministerio Público bonaerense, así como la Intendencia de Delitos Complejos y Crimen Organizado están involucradas”, se subrayó.
Sin perder tiempo, Tonoli creó una aplicación llamada “Alerta Equina”, que ahora circula entre los amantes de los caballos. “No podemos perder tiempo si queremos encontrarlos con vida. Debemos actuar de inmediato”, advierte.
“Este delito se ha convertido en algo estructural. Se busca que el abigeato se considere asociación ilícita, que es lo que es. El abigeato implica penas de uno a ocho años de prisión. Con buena conducta, estos delincuentes pronto quedan en libertad y los caballos nunca aparecen vivos”, señalaron los afectados, en su mayoría voluntariamente anónimos.
Tonoli describió que “se trata de una organización criminal. Cada miembro tiene un rol definido. Matanza, José C. Paz, Moreno, Rafael Calzada y Rafael Castillo son parte de la ruta del crimen. Todos la conocen”.
Mientras tanto, las autoridades comienzan a tomar acciones ante la reacción de los damnificados. “Solo así, uniéndonos, tenemos la esperanza de que se tomen medidas y podamos acabar con este flagelo”, concluyen en unisono.