La semana pasada, el Indec reportó una caída del 2,9% en la actividad económica de julio en comparación con junio, así como un descenso del 1,4% respecto al mismo mes del año anterior, lo cual generó sorpresa considerando que este período fue calificado por el ministro de Economía, Luis Caputo, como uno de los “mejores 18 meses”.
En una entrevista realizada el fin de semana con un medio nacional, Milei expresó su desacuerdo con la forma en que se analizan las series desestacionalizadas, argumentando que los índices históricos podrían ser menos precisos en contextos de cambios estructurales en la economía. El presidente subrayó que las mediciones desestacionalizadas se basan en la evolución previa de variables económicas, y estas referencias pueden ser insuficientes si hay modificaciones en las bases productivas o en los sectores que generan ingresos, así como en la distribución de esos flujos a lo largo del año.
Desde el Gobierno se sostiene que, ante este panorama, el indicador de tendencia-ciclo representa una referencia más adecuada para observar la evolución general. Esta serie fue citada por el presidente como una herramienta esencial, y Ravier la defendió durante una conferencia de prensa el martes.
Al ser consultado sobre las declaraciones de Milei sobre los indicadores del Indec, Ravier indicó que es necesario debatir la metodología utilizada, especialmente en las series ajustadas por estacionalidad, dado que la estructura económica del país está cambiando y esto modifica los patrones de elaboración de esos indicadores. “Es importante analizar el tema metodológico; la Argentina está cambiando en lo que refiere a su producción”, afirmó.
El funcionario hizo hincapié en que esta transformación está relacionada con la nueva composición de actividades que generan divisas y con el momento del año en el que esos ingresos son percibidos. Ravier utilizó la estacionalidad de las exportaciones agropecuarias como un ejemplo, señalando que históricamente, el país recibía una parte significativa de sus ingresos en dólares entre marzo y julio. Sin embargo, esta dinámica se ha modificado recientemente.
Ravier sugirió que si Argentina avanza en la expansión de actividades petroleras y mineras, como es el caso actual, es posible que se reciban ingresos en dólares luego de julio, alterando así el patrón estacional habitual. La explicación oficial se centra en cómo la inclusión de nuevos sectores económicos con peso en la generación de divisas puede alterar las ponderaciones utilizadas en las series estadísticas. En este contexto, el funcionario advirtió que esto podría resultar en “datos raros” si se analizan con criterios de una economía con una composición productiva diferente.
La postura oficial enfatiza la atención a los datos de tendencia-ciclo, ya que estos permiten identificar de manera más precisa el comportamiento general de la actividad económica. Ravier reafirmó esta interpretación al señalar que el indicador refleja los resultados de la gestión de la actividad económica. La mención de 28 meses consecutivos de crecimiento en esta serie se convirtió en un dato clave en su defensa de la evolución económica del país, en contraste con la caída mensual reportada por el Indec para julio.
Durante la conferencia, Ravier también expresó la expectativa de que Argentina continúe creciendo en 2026, aunque reconoció una revisión en las proyecciones oficiales. “Antes proyectábamos un crecimiento más cerca del 3%, hoy hay una proyección un poquito menor”, precisó, al mismo tiempo que aseguró que el próximo año sería de crecimiento para la economía argentina, advirtiendo sobre la difícil situación que enfrentarán otros mercados emergentes.
El vocero subrayó que el crecimiento esperado no dependerá de estímulos, sino que se fundamentará en el comportamiento de las exportaciones y en cambios en diversas áreas de la economía. Según explicó, la dinámica exportadora será uno de los pilares de la proyección oficial y estará vinculada a una economía en transformación, con innovaciones y alteraciones en los patrones de consumo. Asimismo, reconoció que las variaciones en la actividad y el consumo no son homogéneas, lo cual formó parte de su respuesta sobre las diferencias sectoriales y los indicadores económicos.