Los datos provienen de una encuesta realizada por la consultora Zentrix, que enfatiza que el ambiente social está caracterizado por una mirada pesimista hacia el futuro nacional. En términos de preocupaciones, los ingresos y salarios son mencionados por el 50,1% de los encuestados, seguidos de cerca por la incertidumbre económica (49,8%), el desempleo (40,9%), la corrupción (39,6%) y los costos de servicios públicos (35,2%). Curiosamente, la inflación se ubica en el último lugar de preocupación, con solo un 12,7% de menciones entre diez temas.
El informe también revela un persistente escepticismo hacia los datos oficiales. El 67,1% de los encuestados cree que la inflación publicada por el INDEC no se corresponde con lo que percibe en su día a día, mientras que un 30,6% considera que sí lo refleja. En agosto, ese nivel de desconfianza era del 65,8%.
El hecho de que la inflación ocupe el último lugar entre las preocupaciones, a la vez que casi el 82% de los ciudadanos siente que su salario es insuficiente, no es contradictorio. Esto sugiere que los índices sobre la inflación y la experiencia cotidiana abordan realidades distintas. Mientras el INDEC informa sobre el aumento de precios mensual, los hogares evalúan su ingreso en comparación con el nivel acumulado de precios, y una desaceleración de la inflación no necesariamente se traduce en una percepción de mejora económica.
El análisis del voto también revela matices. Entre aquellos que votaron por el oficialismo en 2025, el 59,1% señala que su salario no supera a la inflación (61,2% en agosto) y un 31,8% opina lo contrario; en el sector opositor, esos números son alarmantes, con un 97% sintiendo que su ingreso no es suficiente y solo un 0,8% sosteniendo lo opuesto.
De acuerdo con Zentrix, se pueden observar dos interpretaciones del mismo fenómeno: casi un tercio del electorado oficialista siente que su ingreso acompaña la inflación, una percepción prácticamente inexistente en el electorado opositor. Sin embargo, seis de cada diez de esos mismos votantes tampoco perciben una recomposición económica. Este fenómeno se traduce además en la situación económica diaria, donde el 59,6% de la clase baja no logra extender su ingreso más allá del día 15 del mes y el 83,3% se queda sin recursos a más tardar el día 20, en contraste con el 61,9% de la clase alta que llega a fin de mes y puede ahorrar.