Los resultados electorales de Brasil y, ahora, de Estados Unidos se convirtieron en dos señales contundentes para los planes del Gobierno argentino: demuestran que la conocida ola azul libertaria puede ser derrotada.
Por un lado, el Brasil de Lula confirmó que un Estado activo, dispuesto a garantizar la educación y la salud, impulsar la producción industrial y el empleo genuino y mejorar las condiciones de los sectores más postergados, cuenta con respaldo suficiente para rechazar propuestas destructivas como la que presentaba el prófugo Flavio Bolsonaro. El modelo que representa Lula tendrá ahora cuatro años más para orientar el regreso de gobiernos nacionales y populares en la región.
La dura derrota de Trump este martes constituye otra advertencia. En su caso, no se trató solo de retórica violenta. También hubo acciones concretas y crueles: la guerra contra Irán, que elevó el precio del petróleo y, con ello, la inflación en Estados Unidos; el apoyo irrestricto al genocidio del pueblo palestino; el estrangulamiento de Cuba; el ataque a Venezuela y el posterior secuestro de su presidente constitucional; la matanza de tripulantes de barcazas que supuestamente transportaban drogas; la ayuda millonaria al Gobierno argentino; y, dentro de sus fronteras, la persecución, los malos tratos, las torturas y la muerte de víctimas del servicio de inmigración. Ese conjunto de hechos se tradujo en una histórica avalancha de votos contra el Partido Republicano. Conviene recordar que ganaron los demócratas, la versión “progre” del sistema capitalista que sostiene el poder y la supremacía política y militar mundial de Estados Unidos.
Estos dos golpes a la ultraderecha no son episodios aislados.
Su onda expansiva llega a la Casa Rosada. Milei, conocido por su discurso agresivo e insultante y por no mostrar preocupación ante los efectos de sus políticas de desguace y destrucción del Estado sobre los sectores más vulnerables —y ahora también sobre la ingrata clase media—, recibió la advertencia en silencio, como cuando supo del triunfo de Lula.
Solo en algunas oficinas de la Casa de Gobierno persiste cierta altanería. Allí sostienen que nada cambiará la relación estrecha con el Gobierno estadounidense.
Para los libertarios, en cualquiera de los grupos que integran el oficialismo, el horizonte se cubre de nubarrones. Las noticias desfavorables que llegan del exterior empeoran las perspectivas económicas y políticas internas.
Las mismas señales alcanzan a la oposición local, aunque con otro sentido y otro mensaje. No por eso la tarea está libre de obstáculos. Se trata de un llamado a construir, con paciencia y constancia, una alternativa política y electoral que permita desplazar a Milei mediante el voto popular.
La mayor responsabilidad recae en el peronismo, por ser el único partido con capacidad para conducir un frente, representar un modelo y aplicar medidas que reparen la destrucción libertaria. También deberá devolverle al Estado su función de mediador entre las clases sociales y su responsabilidad de garantizar los derechos de las mayorías y de los sectores desposeídos. No es una tarea sencilla, pero ya la llevó adelante. Quizás el primer paso sea resolver las disputas internas y definir quién conducirá el movimiento nacional y popular.
Tampoco será fácil, pero ya se hizo.