Proporcionar juguetes a un perro en casa es comúnmente considerado una estrategia sencilla para mantenerlo distraído. Pelotas, mordillos y sogas suelen estar al alcance del animal durante todo el día, lo que le permite usarlos a su conveniencia. Sin embargo, el adiestrador canino Alberto Sanz advierte que esta práctica puede tener efectos no deseados: el perro puede acostumbrarse a jugar solo, lo que puede reducir su interés en compartir esos momentos con su dueño. En uno de sus videos, Sanz plantea una inquietante pregunta a los dueños: “¿Jugás bien con tu perro?”. El especialista señala que es común ver perros que, al salir a pasear, están más atentos a su entorno que a la persona que los acompaña. Una de las razones, según Sanz, podría radicar en la manera en que se utiliza el juego en casa. Dejar juguetes a disposición del perro podría llevarlo a verlos únicamente como una actividad individual. Los juguetes, en sí, no son perjudiciales; en cambio, son herramientas valiosas para el entretenimiento y la estimulación. El problema surge cuando el acceso constante a ellos lleva al perro a creer que jugar se hace solo. Sanz subraya que hay una contradicción entre la rutina doméstica y las expectativas que tienen muchos dueños en lugares públicos: “Un error que cometemos muchas veces es comprarles juguetes a nuestros perros y dejárselos en casa a su disposición”, afirma el adiestrador. Propone que si el perro se entretiene solo gran parte del día, al salir a la calle, esos objetos pueden perder su atractivo. Por ello, cuestiona la noción de que contar con múltiples juguetes sea suficiente para estimular al animal. El juego puede y debe ser una oportunidad para interactuar, fortalecer la confianza y afianzar el vínculo con su dueño. En lugar de centrarse únicamente en qué juguetes adquirir, Sanz sugiere enfocarse en la forma de jugar con el perro. Un mismo objeto puede adquirir mayor significado si está conectado con la interacción que se tiene con él. Alternar los juguetes y guardarlos después de jugar puede ayudar a mantener su interés. Asimismo, es fundamental observar qué tipo de juegos disfruta cada perro, dado que no todos tienen los mismos gustos ni responden igual a los estímulos. Comprender sus preferencias es clave para establecer una rutina más efectiva. En definitiva, la intención no es privar al perro de sus juguetes, sino impedir que se conviertan en objetos disponibles todo el tiempo. Para Sanz, jugar es una forma de relacionarse y representa una herramienta valiosa para mejorar la conexión entre el perro y su familia.