Dichas declaraciones se produjeron después de que, en un acto por el Día de la Industria, el vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, criticara al equipo económico, señalando que estaban desconectados de la realidad, argumentando: “Esta gente no conoce el país, no sabe lo que es una fábrica”. Además, cuestionó el perfil financiero de Caputo: “Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno”.
Caputo abordó esta crítica en un evento de la Fundación Libertad y Progreso. “Yo respeto la opinión de todos. El camino en el que estamos es el correcto. Estamos en un proceso de reconversión”, afirmó. De acuerdo con su análisis, los cuestionamientos reflejan resistencias ante un cambio de modelo económico y no representan la opinión del conjunto del sector fabril.
“El feedback de las industrias no es el que dijo hoy el vice de la UIA. Todo lo contrario, dicen que es momento de reconvertirse, de invertir y que como todo momento de cambio genera reacción”, agregó. A su vez, destacó que la economía atraviesa un proceso de transformación donde algunos sectores avanzan más rápido que otros: “En este modelo se crece en 2 velocidades. No es algo negativo. Es algo obvio”, sostuvo.
Esta visión contrasta con el diagnóstico de los industriales. El presidente de la UIA, Martín Rappallini, instó al Gobierno a dejar de lado “las descalificaciones y las agresiones hacia quienes producen” y enfatizó la situación concreta de las fábricas: “Esto es la economía real”. Entre las preocupaciones más relevantes del sector se encuentran el nivel de actividad, la carga tributaria, las condiciones competitivas y la creciente morosidad.
La morosidad fue un tema central en las declaraciones de Caputo desde Estados Unidos. Al ser consultado sobre si el deterioro en la capacidad de pago de los argentinos generaba inquietud en los organismos internacionales, el ministro aseguró que dicho tema no había surgido en sus conversaciones. “No, cero. Creeme, ni siquiera una pregunta, nada”, comentó. Enumeró a la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva; al director adjunto, Dan Katz; y al presidente del Banco Mundial, Ajay Banga. Según Caputo, ninguno mostró preocupación por el aumento de los atrasos en los pagos.
El ministro sostuvo que los organismos están al tanto de la situación en Argentina y respaldan el rumbo general del programa económico. “Están totalmente al tanto y siguen todo, y se sienten muy cómodos con que estamos haciendo las cosas correctas”, indicó. También enfatizó que el Gobierno mantiene el equilibrio fiscal, la deuda está en disminución y la economía muestra signos de recuperación.
Estas declaraciones se produjeron al finalizar lo que, según Caputo, fue “el mejor G-20” en el que participó. El ministro fue uno de los oradores principales en la sesión dedicada al crecimiento global y aprovechó su estancia en Estados Unidos para reunirse con Georgieva y el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent.
Caputo destacó que la experiencia argentina se ha convertido en un caso de estudio a nivel internacional. “La Argentina es un leading case. Eso lo dicen todos”, afirmó, resaltando los elogios recibidos de Bessent, quien respaldó las reformas implementadas y presentó la experiencia argentina como modelo para otros países con desafíos fiscales.
Este reconocimiento internacional también fue utilizado para contrarrestar las críticas internas. “Entre las potencias del G-20 nos ponen como el ejemplo a seguir”, sostuvo. Sin embargo, reconoció que las dificultades sociales no desaparecerán de inmediato: “Dentro de dos años aún va a haber gente que no va a llegar a fin de mes”, admitió, añadiendo: “Yo no puedo hacer magia”.
Finalmente, Caputo aseveró que el país ahora cuenta con “mucho más poder de fuego que supera largamente la base monetaria”, estimando que no será necesario recurrir a nuevo financiamiento externo. De esta forma, regresó de Estados Unidos utilizando el reconocimiento internacional como argumento para sostener el programa económico ante las críticas internas, mientras que los industriales señalan la morosidad y las dificultades en el sector como señales de alarma en la economía real.