Este jueves, la temática regresa a las comisiones de Energía, Minería y Combustibles, y de Presupuesto y Hacienda del Senado, que se reunirán para evaluar el proyecto de biocombustibles destinado a modificar el actual sistema, ya generando tensiones.
El debate trasciende la simple mezcla de biodiésel con gasoil y naftas. Se trata de una oportunidad comercial mayor, que incluye la posibilidad de que Argentina produzca combustible sostenible de aviación (SAF, por su sigla en inglés) y biocombustibles renovables para el transporte marítimo y fluvial, en un contexto de demanda global creciente que exige a aerolíneas, navieras y fabricantes adoptar este tipo de combustibles que pueden reducir sus emisiones en un 80%.
Desde el oficialismo se están llevando a cabo negociaciones con provincias y sectores industriales con la intención de presentar su propuesta ante el recinto el 10 de septiembre. Si el Senado otorga su aprobación, el proyecto pasaría a Diputados. La industria confía en contar con la ley reglamentada para fines de 2026, un objetivo que presenta desafíos debido a la resistencia que enfrenta.
Durante el Business Forum de esta semana, celebrado en Rosario por el gobierno de Santa Fe, se insistió en este cuasi inminente avance. Fernando Brun, secretario de Relaciones Económicas Internacionales de Cancillería, destacó el trabajo realizado en foros como la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y la Organización Marítima Internacional (OMI) para posicionar al país en este sector.
Argentina ya tiene capacidad para producir y exportar biodiésel con aceite de soja. Sin embargo, el actual marco regulatorio dificulta a las empresas exportadoras atender el consumo interno debido a la Ley 27.640, lo que ha resultado en un mercado dividido, donde algunos producen para el ámbito local y otros para la exportación.
Para las firmas que buscan exportar, acceder a mercados internacionales es un reto, ya que varios países han cerrado sus fronteras a la importación de biodiésel argentino. Ante esto, el SAF emerge como una alternativa viable. Estados Unidos fue durante años un importante destino para estas exportaciones, pero desde 2017, las restricciones antidumping han llevado a que Europa se convierta en el principal mercado, donde también se está debatiendo la regulación para estos nuevos productos.
La carrera por la producción de SAF ya ha comenzado. La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), integrada por 300 aerolíneas de más de 100 naciones, ha reportado más de 300 proyectos de SAF en 40 países, siendo Estados Unidos, Europa, India y China los más activos. Brasil cuenta con 15 proyectos en desarrollo.
Sin embargo, se estima que se requieren 500 millones de toneladas para alcanzar la meta de cero emisiones en 2050. Para el año 2026, se prevé una producción de solo 2,4 millones de toneladas, lo que representa apenas el 0,8% del combustible utilizado en la aviación mundial, lo que evidencia la necesidad de aumentar la producción significativamente.
En este contexto, grandes corporaciones están planificando inversiones en el país. Hace un año, YPF estableció una colaboración con Essential Energy para reconvertir su refinería de Santa Fe con una inversión de US$ 350 millones, dando origen a Santa Fe Bio, una empresa dedicada a la producción de SAF mediante aceites vegetales, residuos y grasas animales.
Las obras ya han comenzado y se estiman en un plazo de 37 meses. Inicialmente, se enfocarán en la exportación de materias primas, para luego producir combustible sustentable, con una proyección de 220.000 toneladas al año.
Asimismo, en enero, Louis Dreyfus inauguró una línea de molienda en Santa Fe con la capacidad de procesar 3.000 toneladas diarias de semillas caracterizadas por su alto contenido de aceite, las cuales son susceptibles de ser utilizadas en SAF.
Por su parte, Bunge, AGD, Molinos y Cofco también han manifestado interés en desarrollar nuevos cultivos oleaginosos para aumentar la disponibilidad de materia prima destinada a combustibles para la aviación, tales como camelina y carinata, incluyendo inversiones específicas en plantas de molienda para SAF. Según estimaciones del Ministerio de Agricultura, el país posee un potencial de hasta 10 millones de hectáreas para estos cultivos energéticos.
“En Brasil y Estados Unidos se han anunciado proyectos de grandes corporaciones agroindustriales y petroleras por un total de US$ 5.000 millones en los próximos dos años. Rosario es la capital mundial del biodiésel, pero actualmente solo utiliza el 15% de su capacidad”, afirmó Gustavo Idígoras, presidente de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro Exportador de Cereales (Ciara-CEC).