Economía

De una inflación del 450% a un potencial tecnológico: cómo Israel transformó su economía

En la década de los ochenta, Israel enfrentaba una inflación que alcanzaba el 450% anual, un déficit fiscal promedio de cerca del 17%, fuga de capitales y un riesgo inminente de default. Este contexto económico severo sirvió de base para la implementación de un programa de estabilización, presentado recientemente ante empresarios en el marco del 62° Coloquio de IDEA.

La experiencia fue compartida por Esteban Klor, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Hebrea de Jerusalén e investigador principal del INSS, durante un panel titulado “Aportes para la estabilidad, la experiencia israelí”, donde dialogó con el director de IDEA y mandatario de Bayer Cono Sur, Juan Farinatti.

Klor aclaró que la transformación económica no fue el resultado de un proyecto a largo plazo, sino que surgió en medio de una crisis que se había intensificado desde fines de los años sesenta, agravada por tres conflictos bélicos, una complicada situación geopolítica y un creciente descontrol económico.

En 1985, la tasa de inflación rondaba el 450% anual, el presupuesto estatal absorbía cerca del 76% del PBI, el gasto en defensa alcanzaba el 30%, y el déficit fiscal se mantuvo alrededor del 17% en el periodo de 1975 a 1985. “Había una hemorragia muy grande, había que parar la hemorragia”, relató Klor.

El plan de estabilización combinó un ajuste fiscal severo con políticas monetarias restrictivas. Se vivió una fuerte indexación económica, se realizó una devaluación inicial del 20%, se estableció un ancla cambiaria y se redujo el gasto público. El presupuesto nacional pasó de representar aproximadamente el 76% del PBI a cerca del 60%, se eliminó el financiamiento monetario del déficit, se incrementaron las tasas de interés y se limitaron los créditos.

La inflación descendió rápidamente desde el nivel casi insostenible del 450% hasta unos 20%, aunque estos niveles se mantuvieron hasta finales de los años ochenta y principios de los noventa. El costo social fue considerable, con una caída de casi el 10% en los salarios reales.

No obstante, Klor argumentó que las medidas económicas por sí solas no explican el éxito. “No hay ninguna magia. O sea, estas son todas medidas que son conocidas. Creo que la coyuntura política es lo que hizo el cambio que sea exitoso”, sostuvo.

En 1984, Israel formó un gobierno de unidad nacional que reunió al principal partido de centroizquierda y al mayor espacio de centroderecha, ambos dispuestos a asumir los costos electorales del ajuste. A este acuerdo se sumaron sindicatos y el sector empresarial.

A partir de este momento, se establecieron reglas que perduraron a través de distintos gobiernos. Entre ellas, una responsabilidad fiscal que impone límites al déficit y la independencia del Banco Central, donde se acordó que la entidad monetaria no debería emitir para financiar el déficit fiscal. Aunque la independencia formal se aprobó en 2010, Klor subrayó que la norma se respetó de manera informal desde 1985.

“Las reglas son claras para todos y las reglas son las mismas para todos”, enfatizó.

El programa tampoco se mantuvo estático durante cuatro décadas. A medida que avanzaba la estabilización, Israel abrió su economía al comercio internacional, impulsó privatizaciones y modificó su régimen cambiario. Se eliminaron los controles de precios tres años después de la implementación del plan.

Klor subrayó que esta continuidad también modificó la percepción de los votantes, quienes comenzaron a demandar responsabilidad fiscal sin importar el partido en el poder.

La segunda fase de este proceso se inició en los años noventa, cuando Israel comenzaba a conformar el ecosistema que lo llevaría a ser considerado una “High Tech Nation”.

“Nadie pensó en el año 85 que Israel iba a ser el High Tech Nation”, reconoció el economista.

Según su perspectiva, la estabilización no es la única explicación para este desarrollo, pero sí estableció las condiciones adecuadas. “La estabilidad fue simplemente una plataforma que permitió el desarrollo de esta industria”, afirmó.

A esta base se sumaron universidades de renombre, investigadores y profesionales en el sector de defensa, así como importantes inversiones en investigación y desarrollo, complementadas por la llegada, a partir de 1990, de cerca de un millón de inmigrantes de la antigua Unión Soviética.

La previsibilidad también alteró el panorama para las decisiones empresariales. Klor argumentó que, al disminuir la incertidumbre, las empresas pudieron dejar de preocuparse por el futuro inmediato y comenzar a planificar inversiones a mediano y largo plazo.

Con el tiempo, el ecosistema también atrajo a grandes empresas internacionales, como Apple, Google y Nvidia, que establecieron centros de investigación en el país.

La transformación llevó a que las empresas locales tuvieran que adaptarse, aunque no todas lograron sobrevivir. La apertura comercial obligó al sector privado a centrarse en mejorar la productividad y competir a nivel global, en lugar de operar dentro de una economía indexada e incierta.

Actualmente, según los datos proporcionados por Klor, el sector de alta tecnología emplea entre el 10% y el 15% de la población, genera cerca del 50% de las exportaciones y representa aproximadamente el 30% del PBI, dependiendo de la medida.

El economista agregó que la pobreza ha disminuido de manera significativa en las últimas cuatro décadas, y el desempleo se mantiene por debajo del 3%. En cuanto a la desigualdad, esta aumentó hasta 2009, pero ha comenzado a descender en los últimos 15 años.

Además, Klor comparó la evolución de Israel y Argentina, destacando que en 1960 ambos países tenían un PBI per cápita similar. Hoy en día, el PBI per cápita de Israel supera los 55.000 USD, aunque advirtió que la apreciación de la moneda israelí en los últimos cinco años impacta en esta comparación.

El actual desafío, concluyó, radica en ampliar la participación de la población en sectores tecnológicos avanzados a través de educación, acceso a universidades y nuevas tecnologías.