Este momento de la economía se caracteriza por el desequilibrio en las perspectivas de distintos sectores. Mientras algunas áreas, como Energía y Minería, reportan resultados favorables, otros, especialmente los segmentos manufactureros, enfrentan una realidad más compleja.
Este desbalance se observa incluso en empresas que tienen intereses diversos. “Hay rubros que están supliendo lo que no dan otros. Estamos bien en cuanto a la evolución de productos vinculados a las exportaciones o nichos específicos, pero en términos generales, la cuenta no cierra”, señalaron representantes de una de las principales empresas alimenticias.
Ante este panorama de descenso en la actividad y en las ventas, las empresas anticipan que el cierre del año podría reflejar una baja en el nivel de ventas de entre el 10% y el 12%. A pesar de esto, muchas industrias han recurrido a promociones para atraer la atención del mercado. “Sin esas estrategias, los números serían aún más negativos; hoy en día, alcanzarse a empatar es motivo de celebración”, coinciden los empresarios.
Excluyendo a los sectores de Energía y Minería, aquellas industrias con expectativas más optimistas esperan una leve mejora con respecto al año pasado, aunque algunos se refieren a su situación como un “empate”.
Si bien la mayoría de las proyecciones no son alentadoras, existe un elemento que no se observa en otros momentos de ventas decrecientes: hoy, los industriales no consideran la adopción de medidas extremas, como suspensiones o la concesión de vacaciones anticipadas.
En este contexto, surgen otros dos aspectos a tener en cuenta. Uno de ellos es el de los precios. La tendencia que predomina es similar a la que se ha ido observando desde la caída del consumo: cualquier ajuste debe ser evaluado de manera minuciosa, ya que un movimiento en falso podría agravar la situación del consumo.
Otro inconveniente que preocupan a algunos empresarios es la posible pérdida de mercado. Aquí también prevalece la lógica del empate, especialmente en sectores de consumo masivo, donde se busca arrebatar algún punto a la competencia.
Respecto al consumo y la actividad, los empresarios no anticipan grandes cambios para cerrar el año y tampoco esperan movimientos significativos para el próximo periodo.
El otro aspecto clave en el análisis del sector es el tipo de cambio. Existe consenso en que el año fue “muy tranquilo”, considerando que no hubo fluctuaciones drásticas en su cotización. Sin embargo, persiste la posibilidad de una devaluación que, aunque sigue en la mente de algunos sectores, los industriales creen que no es una medida viable en el presente.
“Nosotros no lo estamos planteando ni en nuestras previsiones ni presupuestos”, afirmaron los consultados.
Lo que sí se está proyectando es el valor del dólar para fines de este año. En general, las empresas contemplan que el tipo de cambio alcanzará entre $ 1.625 y $ 1.650. Esta cifra, que está por encima del precio actual, no implica un aumento drástico. Para los primeros meses del próximo año, con las dificultades que puede acarrear un año electoral, tampoco se esperan movimientos significativos.
“Al menos para los primeros meses de 2027, no prevemos cambios bruscos. Luego, la situación irá estableciendo sus parámetros, más allá de que la intención del Gobierno es evitar alteraciones importantes”, sostuvo un empresario.
Por lo tanto, al menos al inicio del año, se estima que la cotización del dólar fluctúe dentro de los márgenes que marque la inflación.