Hoy en día, la ciencia es capaz de analizar los 3.000 millones de letras que componen nuestro ADN, lo cual permite identificar más de 600 enfermedades genéticas y adaptar el cuidado de la salud de acuerdo con el perfil biológico de cada persona.
Un reciente informe reveló que mediante la secuenciación del genoma, se puede detectar la predisposición a diversas enfermedades, como el glaucoma, los riesgos cardiovasculares (asociados a los genes PCSK9 o LDLR) y la propensión al cáncer de mama y próstata, hasta diez años antes de lo sugerido por guías generales.
“La longevidad no se refiere solo a sumar años, sino a hacerlo manteniendo buena movilidad, salud mental y sin enfermedades crónicas”, afirmó Adrián Turjanski, investigador del CONICET y director científico de Gen360. Esta perspectiva resalta la importancia de la prevención sobre la cura, donde los tests genéticos juegan un papel crucial para intervenir antes de que se manifiesten los síntomas.
Uno de los aportes más innovadores de la genética en la actualidad es la farmacogenómica. Dada la variedad y el costo de los medicamentos, el análisis genético permite entender cómo cada individuo metaboliza diferentes principios activos, lo que resulta clave para:
– Ajustar dosis precisas: evitando que el paciente reciba dosis ineficaces o potencialmente peligrosas. – Minimizar efectos adversos: reduciendo complicaciones que pueden afectar la calidad de vida, especialmente en adultos mayores que consumen múltiples fármacos. – Eficiencia económica: seleccionar el tratamiento adecuado desde el principio previene la necesidad de ajustar la medicación y el gasto innecesario en medicamentos que el organismo no puede metabolizar correctamente, mejorando así su uso.
Además, la genética no solo facilita diagnósticos, sino que proporciona recomendaciones útiles para optimizar los hábitos diarios y mejorar la función biológica del cuerpo:
– Nutrición personalizada: el ADN afecta cómo metabolizamos nutrientes esenciales como la vitamina D, B12 y magnesio. Un análisis genético puede revelar la necesidad de suplementos específicos, evitando deficiencias o excesos. – Ejercicio sin lesiones: comprender la respuesta individual al estrés físico permite crear rutinas que favorezcan la quema de grasa y eviten la fatiga neuromuscular prematura. – Mejora de la calidad del sueño: la genética determina cómo sustancias como la cafeína o el alcohol impactan en nuestro sistema nervioso y en nuestro descanso. – Activación genética: factores como la alimentación y el sueño afectan directamente la activación o inactivación de genes relacionados con un envejecimiento saludable. A nivel global, más de 100 millones de personas han realizado un test genético.
En este contexto, Turjanski enfatizó la importancia de que tales avances se desarrollen dentro de un marco ético y bajo la supervisión de profesionales de la salud, garantizando que la información genética esté al alcance de todos, ya que este conocimiento otorga poder al ciudadano. “El conocimiento genético nos brinda las herramientas necesarias para vivir más y mejor”, concluyó el especialista.