Moreno, originario de Colombia y radicado en Francia desde su juventud, es docente en la Universidad I Panthéon-Sorbonne de París, donde la alcaldesa Anne Hidalgo ha implementado un plan para transformar la capital francesa en una ciudad de proximidad, promoviendo así este concepto a nivel global. En el marco de sus actividades, este martes Moreno inaugurará el V Congreso Internacional de Ciudades Inteligentes, organizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde también será reconocido como Doctor Honoris Causa, en mérito a su contribución al diseño de ciudades más humanas y sostenibles.
En una reciente entrevista, Moreno abordó los progresos y las tareas pendientes en relación con la proximidad en Buenos Aires, las lecciones aprendidas durante la pandemia y el modelo de un barrio en Bariloche que representa el urbanismo del siglo XXI.
— Buenos Aires se unió en 2022 al programa de Ciudades de 15 minutos. Cuatro años después, ¿qué cambios se han producido en la ciudad hacia esta meta y cuáles son las deudas aún pendientes?
— La anterior gestión de la ciudad mostró un compromiso claro respecto a la urgencia climática. Como parte de la red mundial C40, Buenos Aires ha participado en acciones para reducir las emisiones de CO2, mejorar la biodiversidad, incrementar la cantidad de espacios verdes, crear parques lineales y establecer calles peatonales con actividades culturales y comerciales. A raíz de la pandemia, el microcentro sufrió una notable disminución de trabajadores presenciales, lo que llevó a ajustes en el código urbanístico para diversificar el uso de espacios más allá de lo corporativo.
Con mi equipo, elaboramos un plan denominado 48 calles, que ofrece un diagnóstico y una estrategia para transformar Buenos Aires similar a lo realizado en París: reduciendo CO2, aumentando biodiversidad, promoviendo movilidad sostenible, comercio cercano y actividades locales. Este plan fue presentado a la nueva gestión. Por lo tanto, la principal deuda es la falta de continuidad en esta administración respecto a decisiones previas, algo habitual en muchas ciudades a nivel global.
— La idea de las ciudades de 15 minutos comenzó antes, pero ganó notoriedad significativa durante la pandemia. ¿Qué enseñanzas nos dejó sobre las ciudades?
—La pandemia provocó tres aprendizajes vitales: primero, demostró que el trabajo puede llevarse a cabo de manera diferente. Antes, la actividad era completamente presencial, y con la llegada del Covid, descubrimos herramientas que permitieron un modelo híbrido. En segundo lugar, se reconoció la necesidad de otorgar valor a la vida profesional. La gente ahora busca equilibrar su tiempo entre lo laboral y lo personal. La tercera lección es la relevancia de la proximidad; el aislamiento forzado resaltó la importancia de tener acceso cercano a la familia, comercios y espacios verdes, permitiendo a muchos conocer mejor a sus vecinos. Este cambio ha impactado cómo se vive en las ciudades de todo el mundo.
— A lo largo de estos años, ¿qué aprendizaje ha extraído sobre su propia teoría? ¿Cuál es su evaluación?
—Schopenhauer argumentó que la innovación tiene tres etapas. En la primera, te consideran un loco; en la segunda, cuando comienzas a probar la idea, te desestiman; y en la tercera, cuando se verifica su éxito, se afirman que ya existía. Esto ha sido cierto en mi experiencia. En la primera fase, me aconsejaban que la gente leyera en sus trayectos laborales; en la segunda, afirmaban que la gente no deseaba cambiar su estilo de vida. Y finalmente, al comprobarse su viabilidad, afirmaban que se trataba de una vuelta a los antiguos barrios.
Esto resalta la importancia de la ciencia en la estrategia urbana. No soy político, sino científico; mi papel es generar ideas basadas en datos y estudios, y formular hipótesis. Para la comunidad científica, el hecho de que no todas las ideas triunfen no es vergonzoso; la duda es el primer paso a la exploración. El éxito global de este concepto radica en su flexibilidad; nunca lo he patentado, ya que no es un fin en sí mismo, sino una guía para mejorar la calidad de vida. Así, los 15 minutos, aunque populares, no deben ser una regla estricta; en lugares como Holanda son 10, mientras que en otras localidades se relaciona con diferentes términos como “ciudad compacta” o “completa”. En esta última década, este concepto se ha expandido desde grandes ciudades hasta poblaciones más pequeñas. La proximidad debe ser vista como un derecho, abarcando desde pequeños pueblos hasta países.
— Recientemente estuvo en Bariloche y mencionó que el barrio Bariloche del Este es representativo del urbanismo contemporáneo. ¿Qué observó ahí que le llevó a hacer tal declaración?
— San Carlos de Bariloche es emblemática por haber experimentado un urbanismo disperso que afecta su calidad ambiental. Si bien su área es mayor que la de Buenos Aires, su densidad es preocupantemente baja, con muchas viviendas unifamiliares extendiéndose hacia zonas frágiles y propensas a incendios.
Considero que el barrio Bariloche del Este es un modelo a seguir, ya que prioriza el uso mixto y la densificación vertical. Presenta edificios modernos que fusionan tradición, ventilación natural, espacios verdes, comercios, y centros culturales y de salud. El desafío de la vivienda asequible es crucial en América Latina, evitando la segregación entre clases sociales, algo que es evidente en barrios privados en Argentina. Bariloche del Este, con sus 350 hectáreas planificadas en este espíritu, demuestra que es posible crear desarrollos inclusivos y sostenibles.
— En su disertación en la UBA, se dirigirá a una generación que tiene una perspectiva diferente respecto a la vivienda, el empleo y el automóvil. ¿Cómo percibe que las ciudades serán transformadas por estas nuevas generaciones?
— El legado que estamos dejando a las nuevas generaciones es inaceptable, en términos de biodiversidad y tensiones sociales. Las imágenes de catástrofes recientes entre Nepal y China son alarmantes. Nuestro planeta enfrenta fenómenos extremos, y quiero que este mensaje resuene. Ellos tienen la posibilidad de corregir el rumbo que nuestra generación ha tomado erradamente. Es esencial reconectar con la calidad de vida, donde el tiempo se convierta en el valor primordial. El tiempo es equitativo; todos contamos con 24 horas, pero su distribución es desigual, ya que muchos dedican demasiadas horas al transporte para ir a trabajar. La calidad de vida depende de ese tiempo personal y familiar, y debemos asegurarnos de utilizarlo de manera significativa.
Este miércoles estaré en la UBA comunicando a los jóvenes que son responsables de un futuro con mejor calidad de vida, donde la sostenibilidad y la proximidad son claves para lograr un equilibrio entre tiempo personal, armonía social y conexión con la naturaleza.
— Tras tantos años de reflexión sobre cómo deben ser las ciudades, ¿cuál es el mensaje más relevante a compartir sobre el futuro urbano?
— Durante casi siete décadas hemos escuchado el principio de pensar globalmente y actuar localmente, pero esa máxima ha dejado de ser efectiva en un mundo inundado por noticias falsas y miedos irracionales. Propongo invertir esa idea y adoptar un nuevo enfoque: pensar local para actuar global, conectando nuestras realidades y cotidianidades para que nuestras soluciones también beneficien a los demás. Solo así podremos orientar nuestras vidas hacia un futuro diferente.
El congreso se desarrollará el 1 de septiembre en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en Uriburu 781, bajo el lema “Ciudades+Humanas+Innovadoras”. En este espacio se debatirá sobre inteligencia artificial, medio ambiente, desarrollo urbano, participación ciudadana, democratización del espacio público, redes de comunicación, Big Data, transporte público sostenible, energías renovables y gestión de residuos.
Por su parte, los organizadores informan que se contará con la presencia de los intendentes de diversas localidades del país, así como expertos nacionales e internacionales, quienes compartirán sus experiencias. La participación es gratuita, aunque se requiere inscripción previa.