La figura de la ex jefa de Estado se colocó en el centro de las reacciones del justicialismo, ya que varios dirigentes de su agrupación apuntaron a la relevancia de su liderazgo para las elecciones del año próximo. “Con la misma certeza y esperanza en nuestro país con CFK”, afirmó Mayra Mendoza en sus redes, tras mantener un intercambio con Rodrigo Neves, alcalde de Niterói, ciudad de Río de Janeiro, quien se reunió con Cristina Kirchner hace unos meses.
Neves destacó: “La juventud de Niterói inició el 5 de octubre un movimiento que se prolongó por todo Brasil, dándole la vuelta a la elección y eligiendo a Lula. Estamos juntos, amiga Mayra Mendoza, por la justicia para Cristina —perseguida política— y por la defensa del Mercosur y de América Latina.”
Por su parte, la diputada nacional Paula Penacca afirmó: “Con energías renovadas, a seguir dando en nuestra Patria todas las batallas, en especial la de la liberación de Cristina y el fin de la proscripción para, también acá, recuperar una democracia plena.” Eduardo “Wado de Pedro” publicó en sus redes una foto en la que aparecen Cristina Kirchner y Lula Da Silva rodeados por las banderas de Argentina y Brasil.
Incluso, el abogado brasileño Rafael Valim, quien lidera la defensa de la ex presidenta e impulsa la revisión de su condena en la causa Vialidad ante la ONU, dejó un mensaje de alto voltaje político minutos después de conocerse el triunfo electoral: “Hoy ha sido Lula, el año que viene será Cristina.”
De esta manera, se hizo evidente por parte de los dirigentes del cristinismo una intención de igualar la magnitud de los dos liderazgos en la región y, desde una óptica electoral nacional, de fortalecer la figura de Cristina Kirchner rumbo a las elecciones que se avecinan. Se advierte implícitamente que ella debe ser una protagonista en el próximo proceso electoral.
La victoria de Lula genera un sabor positivo en el peronismo, que, a su vez, ve en ese resultado un freno ante la ola de triunfos de candidatos de derecha en la región. Lo ocurrido el domingo en Brasil puede interpretarse como el rompimiento de una etapa y la posibilidad de que haya un giro hacia gobiernos de carácter popular.
Este triunfo también desmantela algunas especulaciones que resonaron con fuerza tras el triunfo de Bolsonaro en la primera vuelta. Aquellas que afirmaban que los oficialismos se enfrentaban a dificultades severas para ser reelegidos y que se centrarían en una posible candidatura de Máximo Kirchner, abrigada en la idea de que un hijo de un ex presidente preso podía legitimar sus votos y hacer de puente entre los flujos de adhesiones de padre o madre a hijo.
“Las realidades de cada país son distintas, pero si caía Brasil, no quedaba nada”, confesó un vocal en La Cámpora, quien añadió: “Milei puede tener un mal fin de año si pierde (Donald) Trump y gana (Pedro) Sánchez.” La mirada que ofrece el cristinismo responde a un duro golpe para el Presidente en términos de representación ideológica de los modelos políticos en juego.
Milei jugó fuerte por Bolsonaro y también lo hará por el mandatario estadounidense. El resultado de las elecciones podría situarlo como símbolo de modelos perdedores. La derrota del postulante del Partido Liberal en Brasil significa un alto en la ofensiva contundente de la derecha en toda la región.
Así lo planteó Axel Kicillof, quien ya no se limita a hablar en público como gobernador de Buenos Aires, sino que adopta el rol de precandidato presidencial del peronismo. “Si Brasil se pintaba de ultraderecha, la situación de la Argentina a partir de las elecciones del año que viene cambiaba drásticamente. Indudablemente, es un hito muy relevante que representa un quiebre”, manifestó en una entrevista reciente.
Cerca del gobernador bonaerense, aseguraron que el triunfo es crucial para “frenar a la derecha en la región” y propiciar “un equilibrio”, pero también aclararon que, en el marco del proceso electoral argentino, el peronismo “no puede relajarse”. “Tiene un impacto emocional alto, pero no resuelve lo que hagamos nosotros”, explicó un importante funcionario del gobierno bonaerense.
A pesar de este panorama, el análisis en el ámbito político que rodea a la candidatura de Kicillof es cauteloso, pero optimista. “Para el peronismo, el triunfo de Lula es una enorme esperanza. Demuestra que con una unidad amplia y una propuesta que convoque a las mayorías, se puede derrotar a Milei. Y que nunca hay que subestimar a la gente”, afirmó un diputado nacional vinculado al Gobernador dentro del rompecabezas justicialista.
La unidad política y el ordenamiento del Partido de los Trabajadores (PT) fueron otros puntos que surgieron en las reflexiones del peronismo. Muchos dirigentes creen que la cohesión del espacio político es una de las claves fundamentales para intentar ganar a Milei en las próximas elecciones. En ese sentido, también destacaron la relevancia de ampliar las fronteras y sumar otros sectores, como han mencionado en público durante las últimas semanas, tanto Axel Kicillof como Máximo Kirchner.
La diferencia más notable en esta comparación entre el PT y el peronismo argentino es el rol que ocupa cada fuerza política en sus respectivos países. El PT es el oficialismo y, en su versión ampliada desde el regreso de Lula al poder en 2022, se encuentra bastante consolidado detrás de la figura del Jefe de Estado. En cambio, el peronismo en Argentina está fragmentado, carece de un liderazgo que centralice a la mayoría y atraviesa odios y rencores que obstaculizan su unificación en el contexto electoral actual.
La expansión de una posible coalición para enfrentar a Milei también fue un aspecto central en las repercusiones tras los resultados electorales. Victoria Tolosa Paz, diputada nacional, insinuó que “en el pragmatismo de Lula” se halla una parte fundamental del resultado de su elección.
Recordó la decisión de Lula de integrar a Geraldo Alckmin a la fórmula presidencial de 2022, estableciendo una alianza que buscó vincular a sectores de San Pablo, industriales y de centroderecha, “que necesitaban ser parte del proceso de ratificación de la industrialización de Brasil”.
“Lula, con proyección de un nuevo mandato, es el indiscutido líder regional. Todos los presidentes del Escudo de las Américas lo han saludado y se preparan para colaborar con él. Milei, encerrado en su odio, ha perdido. Apostó todo, rompiendo lazos, y ahora aparece debilitado”, analizó un referente del peronismo con experiencia en el campo internacional.
Desde un enfoque más territorial, un referente social que trabaja para Kicillof planteó: “Esperemos que esto sirva para movilizar al peronismo, dejar de lado las peleas internas y salir a ampliar para construir un gran frente. El resultado puede entusiasmar a nuestra militancia y desmotivar un poco a la de ellos”. Esta declaración refleja una preocupación por las diferencias que persisten dentro del peronismo y la urgencia de unirse frente a los desafíos electorales venideros.
“Es una gran noticia el triunfo de Lula y haber logrado salir de esa lógica del pronóstico fatalista, de que la elección estaba perdida. Si a eso se le suma lo que pueda suceder en Estados Unidos, son malas noticias para Milei y buenas para nosotros”, analizó un exgobernador peronista. En el ámbito justicialista persiste la sensación de que la victoria de Lula puede dar inicio a una cadena de derrotas para los representantes de la derecha, un camino que podría incluir a Milei.
Sin embargo, estas son lecturas que dependen de múltiples factores locales e internacionales, y que pueden ser impulsadas o debilitadas por condiciones más concretas. Lo claro dentro del peronismo es que el impacto positivo generado por la victoria del presidente brasileño en las expresiones populares no hubiese tenido la misma resonancia si Bolsonaro hubiera triunfado.
“Para el peronismo y su sistema de alianzas, el triunfo de Lula representa una bocanada de aire fresco, de alegría. Se trata de una inyección emocional importante, y creo que eso es un valor significativo”, concluyó Sergio Massa. En el justicialismo sienten que este apoyo desde Brasil es crucial para la etapa que se avecina.
En relación con el fenómeno de la derrota de los oficialismos, que se interrumpió con el resultado de Brasil, un antiguo funcionario de primer nivel del gobierno del Frente de Todos analizó con detalle por qué resulta erróneo leer esa secuencia como un comportamiento global uniforme.
“Nosotros perdimos porque el oficialismo se fracturó desde adentro y eso nunca se resolvió. En Uruguay, en Chile y en Colombia hay alternancia (no se permite la reelección), en Bolivia la interna también llevó a la pérdida del gobierno. En Perú había una profunda inestabilidad política. En Ecuador hubo continuidad, mientras que en Venezuela una intervención. El pueblo brasileño ya hizo su parte. Ahora nos toca a nosotros, los argentinos”, afirmó, en un mensaje lleno de optimismo de cara a las encuestas que se avecinan.