Al comparar las perspectivas de crecimiento de 80 países, el economista señaló: “Argentina es el país número 10 en mayor caída de perspectiva de crecimiento”. Según sus datos, la expectativa para el país cayó dos puntos en un año, mientras que la del mundo se mantuvo sin cambios. En el ranking, la Argentina figura junto a Qatar, Kuwait, Irak y Emiratos Árabes.
“Realmente es como si Argentina estuviera en el Golfo”, ironizó De Gregorio, quien también fue ministro de Economía durante el gobierno de Ricardo Lagos.
“Yo trato de entender qué pasa en Argentina. Un país espectacular, envidiable en todo ámbito, pero tan desastre económicamente”, planteó.
El economista sostuvo que Chile conserva un “acuerdo básico” sobre su marco institucional, que incluye “la democracia, la responsabilidad fiscal, el Banco Central independiente, el espacio para el sector privado”. Según explicó, esa base permite que el rumbo del país no cambie demasiado cuando se alternan gobiernos de distinto signo político.
En contraste, describió así el escenario argentino: “Si el candidato del otro lado sube en las encuestas, el riesgo país sube, porque la percepción es que las cosas se van a revertir”.
A juicio de De Gregorio, los cambios institucionales que necesita el país requieren estabilidad y una perspectiva de mediano plazo. “Eso aún no existe y eso es lo que se necesita”, afirmó.
“Yo creo que Argentina realmente necesita un acuerdo un poquito más integrado para saber hacia dónde vamos”, sostuvo. Y añadió: “Hay que llegar a algún acuerdo de qué es lo que queremos como país”.
De Gregorio definió la flotación cambiaria con metas de inflación como “el mejor régimen que conocemos para conducir la política monetaria”. Sin embargo, aclaró que ese esquema no es el que baja la inflación: “No es un programa de estabilización, es un régimen de política monetaria”.
Como antecedente, mencionó la gestión de Mauricio Macri: “No había ningún sustento fundamental. El fisco seguía gastando, seguíamos monetizando el déficit, no había ningún ajuste fiscal y, obviamente, la meta de inflación no se cumplió”.
“El problema fundamental de Argentina ha estado asociado a los desequilibrios fiscales”, afirmó. Sobre el programa actual de Javier Milei, lo consideró “relativamente exitoso” y dijo que llegar a una inflación anual del 30% “no es algo que debería sorprender tanto”.
Para poner en perspectiva los tiempos, recordó que Chile registraba una inflación del 30% en 1990, cuando ya contaba con un Banco Central independiente, y que recién llegó a un nivel de un dígito en 1994, con una tasa anual del 8%. Ese proceso se produjo después del ajuste aplicado por el gobierno hacia el final de la dictadura.
Durante esa etapa, Chile crecía a un ritmo anual del 7%. “En ese escenario de alto crecimiento se hace muy fácil”, dijo. La Argentina, en cambio, atraviesa la estabilización en medio de una recesión: “Se está dando en un año de mucha estrechez económica”.
“Lo que se requiere para bajar la inflación en Argentina es un ajuste fiscal, y el ajuste fiscal, querámoslo o no, el ajuste fiscal es recesivo”, afirmó.
De Gregorio consideró que el país tiene “sí o sí” que consolidar el avance de las cuentas públicas.
“Sin eso no existe autonomía de Banco Central, no existe nada”, sostuvo. También recomendó fortalecer la independencia de la entidad monetaria y dijo que tomaría como modelo la ley chilena, inspirada en la del Bundesbank: “Es totalmente despolitizado”.
El economista afirmó que la Argentina tiene un atraso cambiario. Para ilustrarlo, contó que suele preguntarles a sus amigos que regresan del país cuánto cuestan los restaurantes. “Son los más caros del mundo. Pero porque está atrasado cambiariamente”, dijo.
“Como uno no acaba con la inflación, el tipo de cambio se empieza a atrasar, los precios van subiendo más de lo que va subiendo el dólar, pasamos a ser el país más caro del mundo”, señaló.
Según De Gregorio, esa dinámica resta competitividad a las exportaciones y genera temor a “una explosión cambiaria”. Recordó que el gobierno anterior a las últimas elecciones enfrentó una situación similar, en medio de “temores electorales”.
Por ese motivo, consideró fundamental contar con “un sistema financiero extremadamente resiliente”. “El caos viene en que viene una gran depreciación, hay corrida contra la moneda, los bancos quiebran, las empresas quiebran”, advirtió.
Para impulsar la recuperación del crecimiento, propuso una mayor flexibilidad cambiaria que permita reducir las tasas. “La situación financiera en Argentina debería ir aflojándose porque parte del apriete es el compromiso cambiario que hay”, explicó.
Frente a las críticas según las cuales la minería no genera empleo ni efectos positivos en otras actividades, De Gregorio respondió que esa mirada “no es correcta”. Indicó que la inversión minera chilena representa actualmente seis puntos del producto interno bruto, frente a los dos o tres puntos habituales.
“Es impresionante cómo el sector de la construcción en Chile se reactiva de manera impresionante con la minería”, afirmó. También remarcó la importancia de “conseguir buena tributación” y establecer un impuesto a las regalías mineras.
Para la Argentina, anticipó “muy alta inversión” durante los próximos cinco a diez años. “Más tecnología, más conocimiento, más contratación de profesionales”, enumeró. Luego, advirtió, “puede venir un poquito de slow down” y la economía tendrá que adaptarse.