Sociedad

La muerte de Rubén Rada: implicancias de la neumonía y la importancia de la vacunación en adultos mayores

El fallecimiento de Rubén “Negro” Rada, a los 83 años, ha resaltado la gravedad de una enfermedad común que puede complicarse en ciertas personas. El reconocido músico uruguayo estuvo internado cerca de un mes en Montevideo debido a una neumonía bilateral y, según lo indicado por su familia, falleció recientemente tras enfrentar esta condición y “sus complicaciones derivadas”. Su situación plantea cuestiones más amplias sobre lo que sucede cuando una infección afecta los pulmones, los grupos con mayor riesgo de complicaciones y el papel que desempeña la vacunación como medida preventiva. La neumonía puede ser desencadenada por diversas bacterias y virus, siendo el neumococo uno de los agentes más comunes. Existen vacunas disponibles para combatir esta bacteria. La edad avanzada y la presencia de ciertas enfermedades preexistentes incrementan el riesgo de desarrollar formas severas de neumonía, haciendo que los adultos mayores y quienes padecen afecciones pulmonares crónicas, diabetes o problemas inmunológicos requieran atención especial. Aunque la vacunación no previene todos los casos de neumonía, es eficaz en la reducción de aquellas causadas por microorganismos específicos, así como en la disminución del riesgo de formas graves. “La palabra neumonía significa inflamación del tejido pulmonar; si no se especifica de qué se habla, se entiende que se refiere a una infección”, aclara el reconocido neumonólogo Carlos Luna. Cristina Freuler, jefa del Departamento de Medicina Interna de un hospital, destaca la diferencia entre la neumonía y otras afecciones respiratorias. En la bronquitis, la infección se limita a los conductos que llevan aire hacia los pulmones, a diferencia de la neumonía que afecta el tejido pulmonar en sí. Entre los patógenos capaces de causar neumonía, el neumococo —Streptococcus pneumoniae— es el más prevalente. Cuando se sospecha un origen bacteriano, el tratamiento suele incluir antibióticos específicos. En personas jóvenes y saludables, el cuerpo tiene mejores posibilidades de combatir la infección; sin embargo, el riesgo de complicaciones se presenta cuando las defensas están comprometidas. Uno de los factores fundamentales que incrementan este riesgo es la edad. Luna menciona que, entre los adultos, la probabilidad de desarrollar neumonía incrementa conforme se avanza en la edad y en la presencia de comorbilidades. “Cada decenio, el riesgo de tener una neumonía se eleva entre un 60% y un 100%”, remarca. También se encuentran en riesgo los bebés prematuros, cuyas defensas son aún inmaduras. En edades más tempranas, ciertos tratamientos o condiciones pueden aumentar la vulnerabilidad a infecciones. Grupos de riesgo incluyen a pacientes trasplantados, personas bajo quimioterapia o que reciben corticoides, así como aquellos con enfermedades respiratorias crónicas como asma o EPOC, además de fumadores. En los adultos mayores, la neumonía puede presentarse de maneras poco convencionales. Rodrigo Mauna, coordinador médico de un centro especializado, explica que, si bien pueden manifestarse síntomas típicos como tos y fiebre, también pueden aparecer signos menos habituales como falta de apetito, somnolencia y cambios en el estado de alerta, lo que podría retrasar la búsqueda de atención médica. Esto es especialmente relevante en personas con deterioro cognitivo, donde cualquier cambio en el comportamiento habitual debe ser monitoreado de cerca. Una vez que se inicia el tratamiento, las primeras 48 horas son cruciales para evaluar la evolución del paciente. Mauna menciona ciertos indicadores positivos, como la mejora en la alimentación, el aumento de la alerta y la normalización de la fiebre. Si no se observa este progreso, se aconseja volver a consultar al médico. En relación a la vacunación, no existe una única vacuna para la neumonía. Es importante aclarar que el término “vacuna contra la neumonía” puede llevar a confusiones, ya que la enfermedad puede ser provocada por diferentes agentes. La vacuna antineumocócica protege específicamente contra el neumococo y ciertos serotipos del mismo. En Argentina, el calendario nacional de vacunación incluye la inmunización contra esta bacteria en bebés durante el primer año de vida, y para todas las personas de 65 años o más; también se recomienda para adultos de 5 a 64 años con factores de riesgo específicos. “La vacuna de la que hablamos no es contra la neumonía sino contra el neumococo”, enfatiza Luna, aclarando que una persona vacunada aún puede padecer neumonía causada por otro agente. Otros microorganismos también pueden prevenirse mediante distintas vacunas. La vacuna actual es conjugada y combina componentes del neumococo con proteínas para generar una respuesta inmune más efectiva y duradera. Aunque existen más de 90 serotipos de neumococo, la formulación vigente abarca 20 de los más importantes. Esta distinción es clave para entender el papel de la vacuna, que no garantiza que una persona vacunada no contraiga neumonía. Según Luna, la inmunización antineumocócica conjugada ha demostrado reducir tanto el riesgo de enfermedad causada por cepas incluidas en la vacuna como la tasa de mortalidad asociada. Freuler agrega que diferentes estudios han mostrado importantes reducciones en las tasas de hospitalización y mortalidad por neumonía neumocócica, con cifras que rondan el 50%, aunque estos resultados pueden variar entre investigaciones. La adherencia a la vacunación en poblaciones mayores es un desafío en sí mismo. La experiencia en residencias geriátricas ofrece ejemplos de cómo implementar estrategias preventivas en este grupo vulnerable. Mauna menciona que en su centro se revisa el calendario de vacunación desde la llegada de cada residente, evaluando antecedentes y discutiendo con el paciente y su familia sobre las inmunizaciones pertinentes. Este año, lograron una cobertura del 90% para la vacuna antigripal entre sus residentes y completaron esquemas de vacunación contra el neumococo y los refuerzos de Covid-19. El médico atribuye esta eficaz estrategia preventiva a las bajas complicaciones respiratorias observadas posteriormente en la institución.