Este marcado descenso se atribuye a la rápida disminución de la demanda interna y a la presión sobre la estructura de costos industriales, que están expresados en dólares. Durante el periodo analizado, los ingresos totales sufrieron una caída real del 6,7 por ciento, con un descenso del 10,3 por ciento en el mercado local, que fue levemente compensado por el aumento de las exportaciones.
Las ventas de productos para el consumo interno retrocedieron de 807.199 millones de pesos a 723.996 millones, mientras que los ingresos por exportaciones crecieron un 10,5 por ciento, alcanzando el 19 por ciento de la facturación global de la empresa.
Este panorama adverso se agrava con el aumento de los costos logísticos: los gastos comerciales y de distribución incrementaron un 2,8 por ciento en términos constantes, totalizando 219.568 millones de pesos, de los cuales 148.045 millones correspondieron exclusivamente a fletes.
La tendencia observada en el semestre refleja una problemática más amplia que incide en todo el sector. Según datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), las ventas de lácteos en supermercados experimentaron una baja real del 10 por ciento en la primera mitad del año, en un contexto de contracción del consumo de leche que acumula un descenso del 15 por ciento en la última década.
Asimismo, este desafío para la industria tiene repercusiones en los productores primarios. José Luis Volando, vicepresidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), destacó la reducción en el número de pequeños y medianos productores. “Nos estamos quedando sin productores”, alertó, indicando que la cantidad de establecimientos agrícolas pasó de 450.000 en 1990 a 230.000 en 2018. El dirigente subrayó que las empresas familiares están cargando deudas con proveedores de insumos, servicios y acopios, mientras lidian con altos costos operativos y de transporte.
Con respecto a la actividad lechera en particular, afirmó que esta ha operado a pérdida durante el último año y medio. En relación con la infraestructura necesaria para mantener la logística en el interior productivo, concluyó: “Si no hacemos rutas y no arreglamos los caminos, nos morimos.”