La tasa de desempleo se elevó del 7,6 al 7,9 por ciento durante el segundo trimestre de este año, en un escenario donde creció considerablemente el número de personas en busca de empleo. En comparación con el mismo trimestre de 2025, la tasa subió 0,3 puntos y mostró un aumento de 0,1 puntos en relación al primer trimestre de 2026.
Este nivel de desempleo es el más elevado desde 2021, cuando la economía estaba afectada por la pandemia de COVID y funcionaban solo los sectores considerados esenciales. Con estos datos, el total de desocupados asciende a 1,8 millones.
Durante el segundo trimestre de 2026, la tasa de actividad, que representa la población económicamente activa en relación al total de la población, alcanzó el 48,9 por ciento. Por su parte, la tasa de empleo, que indica la proporción de personas ocupadas sobre el total, se ubicó en el 45 por ciento.
La tasa de desocupación, que refleja a las personas sin trabajo que están disponibles y buscan empleo, se estableció en un 7,9 por ciento, siendo este el factor que ha contribuido al aumento general de las cifras.
El panorama de la informalidad laboral muestra una tendencia preocupante. Si no fuera por los planes sociales heredados por Milei y el aumento de la informalidad, los resultados en materia de empleo serían considerablemente peores que en los gobiernos de Carlos Menem o durante la crisis de 2001. La estructura actual, que incluye aplicaciones que encubren la caída del empleo formal, enmascara una situación alarmante.
El INDEC también comunicó que la informalidad laboral aumentó en 1 punto porcentual en comparación con el mismo trimestre del año anterior. En algunas regiones del interior, las tasas de desempleo y subocupación demandante experimentaron incrementos significativos de 1,3 y 0,9 puntos respectivamente, situándose en 7,6 por ciento y 9,1 por ciento.
De este modo, la proporción de trabajadores cuentapropistas dentro del sector informal creció 3 puntos, pasando del 34,3 por ciento al 37,3 por ciento. En cifras concretas, la informalidad aumentó casi tres puntos, del 43,2 por ciento al 45 por ciento, mientras que el empleo formal cayó del 56,6 por ciento al 54,9 por ciento. Así, el número total de trabajadores en situación de informalidad alcanzó los 10,2 millones, en contraste con los 12,5 millones de trabajadores ocupados en situaciones formales.
Luis Campos, economista de la CTA y especialista en el ámbito laboral, realizó un análisis detallado sobre el impacto social de la informalidad, subrayando que este fenómeno empieza a consolidarse como un problema estructural. Campos indicó: “En el segundo trimestre se registró un nuevo aumento de la desocupación. En comparación con un año atrás, subió del 7,6% al 7,9%. Pero el dato más importante es que sigue creciendo mucho la informalidad y la ocupación por cuenta propia.”
Además, mencionó que “la informalidad ha pasado del 43,2 por ciento al 45 por ciento en el último año. Durante la actual gestión, su crecimiento ha sido ininterrumpido. El gobierno podrá señalar que en un año hubo 250.000 ocupados más, pero eso se explica por la creación de 350.000 empleos informales y la pérdida de 100.000 empleos formales.”
Finalmente, resaltó que “el aumento de la informalidad se debe, en gran medida, a la dinámica del empleo por cuenta propia. En este tiempo, esta categoría pasó del 13,2 por ciento del total de ocupados al 17 por ciento: uno de cada seis ocupados es un trabajador por cuenta propia informal.”
Sobre los grupos que más están sufriendo, el economista destacó que la desocupación sigue elevada entre los jóvenes, alcanzando el 17,1 por ciento en las mujeres y el 14,1 por ciento en los hombres. En grandes centros urbanos como Córdoba y Rosario, el desempleo ya supera el 10 por ciento. Esto evidencia “tendencias claras: un mercado laboral que se ajusta más por calidad que por cantidad, lo que explica el deterioro progresivo de las condiciones de vida de los trabajadores.”