Más allá de la nomenclatura oficial, lo cierto, y reconfortante, es que estos Juegos han dejado un importante legado. Se construyeron instalaciones de calidad, existió una organización que, a pesar de algunos problemas logísticos, se mostró competente y, sobre todo, hubo una repercusión profunda entre el público, lo que resultó en una experiencia maravillosa. Las tribunas estuvieron repletas y los fan fest vieron un desbordante entusiasmo. Los argentinos tuvieron la oportunidad de «descubrir» deportes que les resultaban ajenos y la mayoría de los deportistas nacionales vivió la experiencia de sentirse locales de una forma singular. Se logró crear un ambiente fascinante, lleno de energía, donde todos disfrutaron.
Durante los Juegos, se logró mucho con recursos limitados. Como suele suceder en competencias polideportivas, la participación del público marcó la diferencia. Fue su espíritu el que estableció el pulso de cada jornada. A pesar del frío, el viento y la lluvia que interrumpieron algunas actividades, la gente nunca dejó de sentirse parte de esta experiencia.
Asimismo, para los atletas argentinos, el decir que lograron mucho con poco también es pertinente. Cada resultado, cada medalla cuenta y ningún logro debe ser minimizado, ya sea frente a una figura del deporte mundial o ante un competidor con menos antecedentes. Cada actuación estuvo acompañada por historias que valen la pena resaltar, ejemplos de quienes superaron obstáculos y demostraron una notable resiliencia.
Quizá no sea necesario entrar en tecnicismos en este análisis, lo cual podría ser adecuado a partir de lo vivido. Muchos de estos deportistas compitieron sin la ayuda de becas, estudiando en la misma villa donde se desarrollaban las competencias, e incluso vendiendo rifas para costear su preparación, lo que a veces parecía un «deja vu» de tiempos pasados. Sin embargo, el balance es positivo: los Juegos Suramericanos fueron un primer escalón hacia los Juegos Panamericanos, que están programados para comenzar en solo diez meses, y, sobre todo, hacia los Juegos Olímpicos de 2028.
A pesar de los resultados obtenidos, es fundamental analizar lo vivido en el contexto de un presupuesto anual para el deporte que se sitúa en 26.200.000 dólares. Estos números reflejan una etapa marcada por el desfinanciamiento y la desatención por parte de las autoridades políticas hacia el alto rendimiento. En este sentido, Argentina superó las expectativas, finalizando en el segundo lugar del medallero, aunque detrás de Brasil, que presentó un presupuesto de 472 millones de dólares, dieciocho veces superior al nuestro. A su vez, logramos una diferencia significativa sobre Colombia, que cuenta con 156 millones de dólares, casi seis veces más que Argentina. Así, la delegación nacional logró su mejor actuación en los Juegos Suramericanos desde Buenos Aires 2006. Si la comparación se realiza de manera estricta con lo que sucedió cuatro años atrás en Asunción, la actuación de Argentina fue también superior en términos cuantitativos, aunque es importante señalar que se incorporaron seis deportes adicionales y nuestros compatriotas compitieron en todos ellos. Es relevante matizar las celebraciones de ciertos dirigentes, ya que de las 81 medallas de oro obtenido, 17, más del 20 por ciento, provinieron de disciplinas que no están en el programa olímpico de Los Ángeles.
El canotaje de velocidad se destacó, con el olavarriense Agustín Vernice y la sampedrina Brenda Rojas como los máximos exponentes del equipo nacional, ambos logrando cuatro títulos. Las diez medallas de oro de esta disciplina lo afianzan como el deporte más «rentable» para Argentina, con los palistas alcanzando el podio en 13 de las 16 pruebas del programa.
La gimnasia artística, considerada una de las disciplinas más importantes del programa olímpico, también tuvo un desempeño muy positivo, sobre todo gracias al equipo femenino y a la destacada actuación de Julieta Lucas, quien obtuvo cinco medallas (cuatro de oro y una de plata). Gracias a estos cinco títulos, el equipo argentino logró finalizar en segundo lugar en el medallero, quedando a solo una medalla de plata de Colombia. Es pertinente mencionar que Brasil asistió con un equipo debilitado, lo que le dio la oportunidad de quedar en tercer lugar, pero la ausencia de gimnastas de renombre, como la bicampeona olímpica Rebeca Andrade, cuya actuación en París 2024 la posicionó por encima de la propia Simone Biles, pone de relieve el valor de la actuación de Argentina.
Además, tanto la esgrima como el tiro superaron las expectativas, sumando cinco medallas de oro en cada disciplina. El secreto radica en la capacidad de los deportistas para potenciar sus habilidades al competir con la camiseta celeste y blanca, superando adversidades sobre el terreno. Las declaraciones del director técnico nacional de esgrima, Sergio Turiace, sobre la necesidad de más presupuesto y el reconocimiento de la tiradora Fernanda Russo, quien afirmó que “los argentinos ganamos con el corazón, pero necesitamos plata”, son muestra del compromiso de los entrenadores y del sacrificio de las familias que se endeudan para enviar a sus hijos a competir.
Por otro lado, hay deportes que no lograron cumplir con las expectativas, como el yachting, que solo sumó una medalla de oro, ubicándose por debajo de Perú y Brasil, resultados decepcionantes para una disciplina que cosechó éxitos en el último cuarto de siglo.
Por último, el atletismo y la natación, dos aspectos icónicos del olimpismo, merecen mención especial.
El torneo de atletismo representó la edición más avanzada técnicamente desde su inicio en 1978, cuando se realizaron los primeros Juegos Cruz del Sur en La Paz. La presencia de destacados atletas como los brasileños Alison Brendom Alves dos Santos, récord mundial en 400 metros con vallas, Caio Oliveira de Sena Bonfim y Matheus Lima da Silva; el ecuatoriano David Hurtado; los colombianos Ronal Longa y Flor Denis Ruiz; la chilena Martina Weil; la panameña Gianna Woodruff y los uruguayos Valentín Soca y Santiago Catrofe, sumó un valor excepcional a un evento que tuvo lugar en una pista moderna.
En cuanto a Argentina, el desempeño fue positivo dentro de su contexto actual. Esto incluye a Micaela Levaggi, campeona en 1.500 y 5.000 metros, y a la impresionante remontada de Elian Larregina, que culminó en la obtención de la posta mixta 4×400. Como revelación, se destacó a Megan Powell, quien se llevó el bronce en 400 metros tras superar a cuatro rivales en los últimos 100 metros y subirse al podio por un margen de solo siete centésimas.
La natación ocupó el segundo lugar en cuanto a la cantidad de medallas para Argentina, con un total de siete de oro y 28 en total. En este caso, Brasil participó con un equipo sólido, incluyendo a varias de sus mejores figuras como los velocistas Breno Correia y Etiene Medeiros, así como el fondista Guilherme Costa, quienes cosecharon medallas en Mundiales. A su vez, el equipo nacional se presentó con la ausencia de dos de sus máximas figuras a nivel internacional: el espaldista Ulises Saravia, actualmente entrenando en la Universidad de Tennessee, y Agostina Hein, operada de apendicitis.
Ambos nadadores, por sus marcas y antecedentes, podrían haber agregado al menos seis títulos más, lo que, si bien no habría comprometido el triunfo brasileño, habría ajustado aún más la competencia en el medallero. En cuanto a los nadadores argentinos, Macarena Ceballos se destacó al obtener cuatro oros, junto con dos espaldistas con un futuro prometedor. Cecilia Dieleke empató con Medeiros en los 50 metros, ganó los 100 con un récord sudamericano, siendo finalista en los 200 del Mundial juvenil de Oropeni, y Malena Santillán se impuso a Dieleke en los 200 en una de las mejores carreras del torneo, también estableciendo un récord sudamericano. Por su rendimiento y juventud, ambas nadadoras podrían estar cerca de integrarse a la elite mundial y tal vez lograr un lugar entre las diez primeras en Los Ángeles 2028 o Brisbane 2032.
Concluidos los Juegos, se cierra un capítulo y comienza otro en la historia del deporte argentino. Lima 2027 se acerca rápidamente y la mirada en los Panamericanos se convierte en una obligación para todos los deportistas y entrenadores. Quienes ostentan el poder, en cambio, quizás no tienen la misma urgencia.