Política

Claypole se prepara para recibir a León XIV entre la esperanza y el malestar social

Norma Bustamante suspira y mueve la cabeza con incredulidad. Sentada detrás del mostrador de su abarrotado comercio de productos de limpieza e higiene personal, mira hacia la entrada del Pequeño Cottolengo Don Orione. Sobre la avenida Lacaze, un tramo de 700 metros del Camino de la Cintura que León XIV recorrerá en el papamóvil, máquinas y operarios municipales trabajan a contrarreloj. Desde los primeros rayos de sol, tapan baches y pintan las rejas del acceso a la institución, que alberga a 410 personas con discapacidad y recibirá al pontífice. “¿Qué querés que te diga? Vivo hace cuarenta años acá… Dicen que Dios mueve montañas y ahora logró que hagan algo por Claypole. El Papa tendría que venir más seguido”, dice Bustamante. Encargó banderas con los colores patrios y el escudo del Vaticano para impulsar las ventas.

En Claypole, localidad del partido de Almirante Brown, uno de los distritos más poblados del Gran Buenos Aires y un bastión electoral peronista, se vive un clima agitado. La visita de León XIV al Cottolengo altera desde hace días la rutina de los vecinos, aunque también es motivo de celebración. Muchos esperan verlo y buscan la manera de saludarlo o recibir su bendición. La expectativa por el líder de la Iglesia católica convive, sin embargo, con la preocupación por la economía y la inseguridad. En medio de los preparativos, también se siente frustración. “Lo único que espero es que nos dejen trabajar”, dice, con una mueca de disgusto, Estefanía Zeballos, dueña de un local de comidas cercano al predio de Don Orione.

Robert Prevost encontrará una realidad social compleja en los alrededores del Cottolengo, acaso similar a la fragmentación que conoció en las periferias de Chiclayo, cuando era obispo en Perú. Claypole, de casas bajas, está marcada por el empleo informal y la caída del consumo, que inquieta a los comerciantes. “El Papa va a ver la realidad social del conurbano, pero, tal vez, no va a poder palpar lo que nosotros notamos en el territorio, como esta desgracia de la ludopatía, de la droga o el consumo problemático y también del endeudamiento familiar”, afirma el obispo de Lomas de Zamora, monseñor Jorge Lugones.

A 26 kilómetros de la Capital y con 45.000 habitantes, la localidad se prepara para recibir a una multitud. Algunos vecinos ofrecen productos alusivos al Papa —banderas, carteles y llaveros— para sumar ingresos; otros alquilan sus casas. Una vivienda para seis personas, situada sobre la avenida Lacaze, a pocos metros del Cottolengo, cuesta 500.000 pesos —unos 300 dólares— la noche del domingo 8. Tiene parrilla, juegos para chicos y conexión a internet inalámbrica. “Está todo el barrio revolucionado. Estamos muy contentos, era impensado que el Papa viniera a Claypole”, cuenta Marcelo Agüero, encargado de La Parrilla de Mario, junto al Camino de la Cintura.

Demandas sociales

El martes por la mañana, el barrio Don Orione, un conjunto de monoblocks lindero con la parte posterior del predio de 50 hectáreas que visitará el Papa, muestra distintas escenas. Algunos vecinos se apuran para interceptar a los trabajadores municipales que podan árboles en la avenida Eva Perón, donde se instalarán pantallas y un escenario para la vigilia de los fieles, y hacerles reclamos. “Que nos saquen las ramas”, le grita una mujer a su esposo al ver las camionetas de la intendencia. Muchos tienen esperanza por la llegada de León XIV, aunque otros expresan desánimo ante una coyuntura económica adversa.

A pocos días de la visita, también hay malestar por lo que algunos consideran oportunismo político. Los vecinos critican al gobierno de Axel Kicillof y a la gestión municipal, a la que acusan de apurar obras para disimular el estado del barrio ante la llegada del Papa. También cuestionan al gobierno de Javier Milei, al que atribuyen el desfinanciamiento del Cottolengo. Según relatan, hace un año organizaban colectas de alimentos para la institución fundada en 1935 por el sacerdote italiano San Luis Orione, donde viven personas con distintas discapacidades. “Después de años de abandono, se acordaron de los chicos del Cottolengo”, dice Lorena Traba, empleada municipal, mientras su gato Rubio se revuelca en el pasto crecido de la vereda.

La semana pasada, después de que el juez federal Juan Pablo Auge ordenara un embargo de 828 millones de pesos sobre las cuentas del Ministerio de Salud, conducido por Mario Lugones, por una deuda con el Cottolengo Don Orione, el Gobierno regularizó los pagos a la institución que el Papa recorrerá el lunes. Las donaciones son fundamentales para sostener el complejo. “Faltan muchos recursos y medicamentos; hasta hace poco la gente colaboraba con papel higiénico”, cuenta Candela Conde, acompañante terapéutica en la escuela San Pío X, perteneciente a la Obra de Don Orione.

Por eso, los habitantes esperan que la visita de León XIV ayude a poner en primer plano las necesidades del lugar. “¿Hay plata o no?”, pregunta Gianina Degregorio, dueña de un quiosco. A su lado, José Luis Molina, un jubilado entusiasmado por la recorrida del Papa, levanta dos bolsas que trae del almacén y dice: “La mínima no alcanza. Ya no comemos carne. Hay que comprar fiambre y pan, lo más barato”. Cuando Molina se va, Degregorio describe el clima político del complejo habitacional. “Este es un barrio peronista, la gente no llega a fin de mes y hay malestar con Milei”, susurra.

Es una zona a la que llega la asistencia estatal. Almirante Brown es uno de los territorios de peso de los dirigentes locales del justicialismo. El distrito está a cargo de Juan José Fabiani, quien asumió de forma interina en diciembre pasado. Mariano Cascallares, que controla el municipio desde 2023, pidió licencia para ocupar su banca como diputado bonaerense. En las elecciones legislativas de septiembre de 2025, cuando encabezó la lista, Fuerza Patria obtuvo más del 54 por ciento de los votos en Almirante Brown. La Libertad Avanza, el espacio de Milei, quedó 26 puntos atrás. En la elección de medio término de octubre, pese al triunfo nacional de los libertarios, la diferencia se mantuvo.

En la interna peronista, Cascallares está alineado con Kicillof, quien recibirá a León XIV en Claypole antes del recorrido en papamóvil y de la visita al Cottolengo. La semana pasada, el intendente en uso de licencia estuvo en el predio con Andrés “Cuervo” Larroque, ministro de Desarrollo de la Comunidad, para firmar un convenio entre el gobierno provincial y la institución destinado a financiar 100 becas del Programa. Kicillof busca acentuar sus diferencias con Milei. La Iglesia tiene grandes expectativas por la actividad en Don Orione, que pondrá el foco en la política oficial para las personas con discapacidad, cuestionada por los recortes de fondos al sector. “El Papa no viene solamente a atravesar nuestro territorio, sino que entra en nuestra iglesia local y se dirige a un lugar donde la fragilidad humana es acogida, amada y cuidada. Esta llegada al Cottolengo tiene una fuerza muy especial para nosotros y puede convertirse en un símbolo”, afirma Lugones.

Para este jueves está prevista una reunión operativa en el Cottolengo, con autoridades políticas, representantes del clero local y enviados de la Santa Sede, para cerrar los detalles del acto del lunes. Tras partir de la Nunciatura Apostólica, donde se alojará en la Capital, el Papa viajará al sur de Buenos Aires en un auto blindado y acompañado por su cápsula de seguridad. En su trayecto hacia el corazón de la tercera sección electoral, bastión del kirchnerismo, atravesará los municipios de Lomas de Zamora, Esteban Echeverría y Almirante Brown, aunque el recorrido podría modificarse por el clima.

La mayoría de los residentes ya recibió el aviso de que el tránsito se restringirá desde el domingo a las seis de la tarde por motivos de seguridad. La zona tendrá un amplio vallado y puestos de control. También se instalarán espacios delimitados, con capacidad limitada, para los fieles que quieran presenciar la caravana de León XIV por la avenida Monteverde. Solo podrán ingresar allí representantes de la diócesis de Lomas de Zamora. Ya se inscribieron alumnos de escuelas, integrantes de parroquias y miembros de congregaciones religiosas.

“Que venga el Papa a Claypole es una caricia al alma”, dice Fabiana Lobo, a pocas cuadras del Cottolengo, sobre el recorrido que hará León XIV en el papamóvil. Está junto a su hija, Luján Maldonado, que busca un empleo formal y, por ahora, obtiene algunos ingresos con un emprendimiento de llaveros y calcomanías que vende en ferias artesanales de la zona. Ambas cuestionan el rumbo de la economía. Luján observa cada vez más casos de personas endeudadas entre sus conocidos. “Muchos están recurriendo a los créditos de las billeteras virtuales”, explica.

A pocos metros, Lucas Barreta, de 24 años y empleado en una gomería, cuenta que varios jóvenes de su entorno están atrapados por las apuestas en línea. Es uno de los asuntos que la Iglesia busca instalar antes de la llegada del Papa. En estos días, el clero local intensificó sus gestiones para que el Senado avance con el proyecto sobre ludopatía, que está cerca de perder estado parlamentario.

“Muchas veces el que presta es el transa del barrio y después le tienen que devolver el favor. Lo vemos en la periferia de nuestro territorio”, denuncia Lugones, quien tuvo un vínculo estrecho con el papa Francisco. En sus recorridas, el obispo encuentra desesperanza. Ante el problema de los deudores, se contactó con los municipios de la diócesis de Lomas de Zamora para impulsar campañas de prevención junto con Cáritas. “El tema del endeudamiento es tremendo en el conurbano y, sobre todo, entre los sectores más humildes que son los más frágiles y son a los que no les alcanza”, explica. El clero local también buscará expresar su preocupación por la desocupación durante el encuentro del Papa con representantes del mundo del trabajo en la Universidad Católica Argentina.

Apoyada en la reja de su comercio, instalado en el anexo del garaje de su casa, Paola Migliano quiere dirigirse directamente al Papa. “¡Le pido que traiga paz, salud y trabajo a este bendito país!”, dice con las manos cruzadas sobre el pecho, en la esquina de Alcorta y Garibaldi, donde las calles están vacías. Inmigrante italiana, tiene 85 años. Llegó al país con sus padres en 1954, después de la Segunda Guerra Mundial y durante el segundo mandato de Juan Domingo Perón.

Antes de instalarse en Claypole, vivió en Monte Chingolo, en el partido de Lanús, donde tenía un almacén y una fiambrería. Cuenta que vendió su casa y se fue del barrio después de sufrir 56 robos. “Soy jubilada y sigo trabajando. El que trabaja no se puede quejar. Todo lo que tengo lo conseguí con mucho sacrificio; no esperen nada de arriba”, concluye entre lágrimas.