“El insulto no forma parte de mi forma de hacer y entender la política. Ahí lo dejo”, contestó Sánchez, líder del Partido Socialista Obrero Español, ante una consulta sobre las críticas de Milei hacia él y su partido. El jefe del Gobierno buscó proyectar una imagen institucional, distante del tono de campaña que caracterizó sus recientes enfrentamientos con el presidente argentino. También valoró que Milei participara de la cumbre organizada por España “porque también es un esfuerzo venir a España y participar en la cumbre”.
Durante su intervención ante otros jefes de Estado y de Gobierno, Milei había afirmado: “El socialismo es fascista en política. El fascismo es socialista en economía. Ambas doctrinas concentran en manos de una minoría el control de las decisiones y hacen de la dependencia económica un instrumento de dominación política. La máxima fascista: ‘Todo en el Estado, nada fuera del Estado’, describe a los estados socialistas”.
En la conferencia de prensa de cierre, Sánchez se refirió a esos dichos: “Es una declaración que refleja la diversidad de opiniones y de posicionamientos que tiene hoy el sistema iberoamericano. Respecto a los posicionamientos que en este caso pueda tener el presidente de la República Argentina, simplemente decir que yo entiendo que los presidentes estamos para unir a los países, particularmente cuando estamos en espacios multilaterales como es este”.
Sánchez y Milei se encontraron este jueves por primera vez, tras casi tres años de enfrentamientos políticos. En sus sucesivos viajes a Madrid, el mandatario argentino acusó de “corrupto” e insultó al dirigente socialista. Sánchez, por su parte, utilizó el conflicto como argumento en su campaña contra la derecha española. El mes pasado, durante otra visita a España, Milei lo había llamado “dictador”.
Un saludo distante
El encuentro tuvo lugar en la galería de Colecciones Reales, frente al Palacio Real de Madrid. Allí, Milei y Sánchez se estrecharon la mano con frialdad: el español lo miró a los ojos, mientras que el argentino siguió de largo sin mirarlo.
Más tarde, durante la mesa de trabajo, Milei dejó de lado el llamado previo del rey Felipe VI a centrar las intervenciones en la cooperación internacional y comparó el socialismo con el fascismo, al sostener que “comparten el odio por el libre mercado”. Fue uno de los pocos participantes que destacó su política económica interna. El presidente argentino se apartó apenas del texto que había preparado.
“Esta equivalencia entre socialistas y fascistas no es casual. Comparten el odio por el libre mercado, adoran la intervención del Estado, nacionalizan empresas, regulan la economía, controlan los medios de comunicación y se dedican a esparcir propaganda y adoctrinamiento. Es más: que los fascistas estén a la derecha de la extrema izquierda no hace que dejen de ser socialistas y que alguien que está en la derecha no es extrema derecha, sino que está mostrando la posición de la extrema izquierda”, sostuvo.
Al concluir el pasaje más tenso de su discurso, Milei levantó la vista y dijo: “Como dije días atrás aquí acá en Madrid: esta es la pretensión que sigue viva en agendas que se denominan progresistas y que ganan terreno en Europa. Por eso quiero señalar ante los jefes de Estado la responsabilidad que nos corresponde. La libertad se defiende, sobre todo con los límites que cada uno acepta para su propio poder”.