Sociedad

Diversión y retos virales: un local de comidas en Dock Sud se convierte en centro de entretenimiento para niños

Hace dos años, Iván inauguró su primer local de comidas en Dock Sud, sin imaginar que se transformaría en un espacio donde los adolescentes superarían sus miedos y vergüenzas a través de retos virales para obtener un premio. Lo que comenzó como una estrategia para aumentar las ventas se ha convertido hoy en una divertida propuesta conocida como “Bailando por un Pancho”.

En septiembre de 2024, el joven emprendió este proyecto con el objetivo de construir su propio espacio de crecimiento. Su vida dio un giro en los últimos meses al hacer reír a niños y adolescentes mientras cumplen desafíos virales a cambio de un pancho.

Iván compartió su experiencia y visión sobre este nuevo emprendimiento, destacando el mensaje detrás de su propuesta y sus planos a futuro. “Es increíble lo que se dio, lo que se generó. Ni siquiera yo lo entiendo”, comentó en una entrevista.

El local, ubicado en la calle Nicolás Avellaneda 1996, inició su actividad hace casi dos años: “Las ventas eran normales, tenía mi público y de vez en cuando subía algún video a redes sociales, pero no tenía mucho interés en ello”, recordó Iván.

“Hace unos cuatro o cinco meses, empecé a cuestionarme sobre el futuro del local, no estaba insatisfecho, pero sabía que algo faltaba”, relató. Durante este proceso, un mensaje de un chico del barrio, apodado Rodrigo de Paul por su parecido con el futbolista, marcó un cambio. Le preguntó qué podía hacer para ganar un pancho, y tras enterarse de que podía bailar, lo invitó a participar.

“Al día siguiente, vino al local, eligió una canción, bailó y subí el video en redes sociales. No tuvo mucho éxito, pero algo en esa situación me inspiró”, expresó. A las pocas horas, recibió otro mensaje de alguien más queriendo participar en un reto: “Fue un momento decisivo. Podía negarme, pero sentí que debía probar”.

Inicialmente, la promoción dependió del boca a boca, pero pronto comenzaron a llegar mensajes a sus redes sociales de gente interesada en participar: “Todo cambió cuando una chica pidió bailar ‘Six Seven’, ese video se volvió viral y mi celular estalló de notificaciones”.

Iván reflexiona que su desafío va más allá de generar vistas: “La motivación radica en que muchos venían con vergüenza o miedo, y al final se animaban y rompían con ese prejuicio”. Recalcó que desde pequeño le ha gustado bailar y cantar, pero nunca se animó a mostrar su talento: “Lo que surgió me ayudó a empoderarme y a entender que no importa lo que piensen los demás”, afirmó.

Destacó que su enfoque no es monetario: “Tengo un hogar, una familia y comida en la mesa todos los días. Puedo poner el dinero en segundo plano; aunque es necesario para mantener el local, prefiero priorizar este momento”.

“Encontré mi equilibrio. Trabajé mucho tiempo en un restaurante, lavando vajilla, con un buen salario, pero no era feliz. Ahora sé que este es mi lugar, disfrutando con los chicos”, añadió. Actualmente, Iván publica aproximadamente 10 videos por día en sus redes y considera que esto representa “un trabajo aparte” que requiere bastante tiempo, aunque está explorando nuevas dinámicas para seguir haciendo retos.

Cuando la popularidad de sus videos en redes sociales creció, Iván decidió que quería hacer algo positivo: “Desde hace un tiempo, los participantes deben traer un alimento no perecedero. Hoy se presentan más de 20 chicos, y alguien de mi entorno me sugirió que podríamos colaborar con otros”, explicó.

“Esto es un intercambio. Los vecinos han traído alimentos sin dificultad”, manifestó. Está considerando donar lo recolectado a un comedor o realizar una olla popular. “Recuerdo a un chico que vino y, riendo, decía que sus amigos lo iban a cargar por el video, pero lo más importante fue que decidió bailar de todos modos”, subrayó Iván.

Además, aclaró que en los videos no solo se ven bailes; también participan en diferentes retos y actividades: “A veces juegan piedra, papel o tijera, compiten en carreras y hasta en ver quién envuelve las hamburguesas más rápido. La idea es divertirse”.

Iván vive con su madre y sus dos hermanos de 11 años, quienes han sido clave en esta nueva dinámica: “Me ayudaron mucho porque no es fácil entrar en el mundo de los chicos de esa edad. Tengo varios años de diferencia, así que decidí hacer videos con ellos porque están inmersos en la tecnología y redes sociales”, apuntó.

“Hay que sumergirse en su mundo, porque ellos nunca entrarán en el nuestro”, enfatizó.

El pancho, en muchos casos, representa una oportunidad para superar los miedos y salir de las restricciones mentales que nos marcan desde pequeños, concluyó Iván. Para mantener esta dinámica, está en la búsqueda de alguna marca que pueda colaborar con los ingredientes para seguir creando contenidos.