En respuesta al anuncio del gobierno chileno sobre el envío de una nota de protesta formal, el texto argentino evita mencionar a Valverde y reafirma que “la posición argentina respecto del Estrecho de Magallanes es la que establecen el Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984”. Asimismo, resalta que “ambos instrumentos rigen plenamente y son considerados definitivos por la República Argentina”.
El pasado domingo, durante una entrevista en La Fábrica del Podcast, Valverde afirmó que “Magallanes, el sur, el Drake, todo eso es soberanía. Hay que mantener ahí, hay que hacer presencia porque eso es una llave bioceánica Atlántico-Pacífico. Eso te puede alertar un montón de cosas”. Ante esto, un importante funcionario argentino comentó que el jefe del Estado Mayor General de la FFAA “se equivocó”.
El comunicado también incorpora otro aspecto notable: relaciona el extremo austral con la Cuestión Malvinas, el Atlántico Sur y la Antártida, a los cuales define como “espacios de creciente centralidad por sus recursos naturales estratégicos, por su rol en las rutas marítimas y las cadenas globales de suministro”. Además, menciona ejemplos concretos de cooperación bilateral, como el reconocimiento mutuo de derechos antárticos, la coadministración de zonas protegidas, más de 25 años de la Patrulla Antártica Naval Combinada y la presentación conjunta de una propuesta de Área Marina Protegida en la Península Antártica Occidental y el Arco de Scotia meridional.
El texto concluye reafirmando el compromiso de la Argentina con la relación bilateral con Chile y el tratamiento de todas las cuestiones de interés común por los canales institucionales establecidos entre ambos Gobiernos, sugiriendo implícitamente que el incidente no escale y que las diferencias se resuelvan a través de las cancillerías.
Desde Chile, la respuesta fue más contundente. El canciller Francisco Pérez Mackenna hizo un “severo llamado a las autoridades de otros países a ser responsables con sus declaraciones y no confundir a sus ciudadanos”, añadiendo que “el Estrecho de Magallanes es indiscutiblemente chileno”. Por su parte, el ministro del Interior, Claudio Alvarado, mostró su desacuerdo: “Nos llama la atención que se levanten cada cierto tiempo este tipo de declaraciones, porque aquí no hay nada que discutir respecto a la soberanía y respecto a quién corresponde el Estrecho de Magallanes”.
Este episodio se inscribe en una serie de tensiones bilaterales acumuladas desde la llegada de Milei al poder. En abril de 2024, parte de los paneles solares instalados por la Armada Argentina en el Puesto de Vigilancia y Control de Tránsito Marítimo Hito 1 en Tierra del Fuego quedaron aproximadamente tres metros dentro del territorio chileno. El entonces presidente Gabriel Boric exigió su retiro con un ultimátum —“O los sacan ellos o lo hacemos nosotros”—, lo que llevó a Argentina a desmontar la infraestructura en junio de ese año.
En enero de 2026, el jefe del Servicio de Hidrografía Naval argentino, el contraalmirante Hernán Montero, afirmó que “la boca de Magallanes es argentina”, lo que provocó nuevamente una respuesta diplomática por parte de Santiago.
Detrás de cada uno de estos episodios subyace un antecedente formal: el Decreto 457/2021, emitido en la presidencia de Alberto Fernández, que planteaba la necesidad de fortalecer la “exploración, estudio y control conjunto” del Estrecho de Magallanes y el Mar de Drake. En marzo de 2025, la administración de Milei admitió por escrito ante Chile que dicha interpretación “constituye un error conforme lo establecen los Tratados de Límites de 1881 y de Paz y Amistad de 1984”, y se comprometió a reemplazarlo por una nueva Directiva de Política de Defensa Nacional.
El Estrecho de Magallanes está bajo soberanía chilena conforme al Tratado de Límites de 1881 y el Tratado de Paz y Amistad de 1984, el último de los cuales fue firmado tras la crisis bilateral de 1978 mediante la mediación de la Santa Sede.