Economía

La disminución de las tasas largas alivia a la Reserva Federal

La inflación experimentó un aumento en septiembre y podría alcanzar nuevos niveles si el precio del petróleo WTI se estabiliza por encima de los 100 dólares por barril. La proximidad del Brent a los 117 dólares es una señal preocupante. La Reserva Federal sigue operando sin apuros, menos ahora que la presión sobre los mercados ha disminuido considerablemente, lo que llevó a una estabilización en la curva de bonos. Este cambio ha proporcionado un refugio atractivo para los inversores, lo que reduce la necesidad de que la Reserva Federal ajuste su política monetaria. La brecha entre las tasas de fondos federales y las tasas de los mercados se ha acortado notablemente. La curva de bonos ha reaccionado bajando, adaptándose a una situación de riesgo cambiante. La deuda pública parece más segura en comparación con la que financia el auge de la inteligencia artificial, llevando a los inversores a reducir su exposición a este sector y a enfocarse en el Tesoro mientras analizan los próximos pasos.

La tasa de interés a diez años se redujo en 35 puntos base, a pesar del incremento de las tensiones en Medio Oriente y un repunte de 10 dólares en el precio del petróleo. Esta disminución se produjo tras una caída de un cuarto de punto hace dos semanas, seguida de una nueva baja de diez puntos base la semana pasada. La amenaza de un conflicto prolongado se vuelve menos alarmante que un potencial descenso en el gasto relacionado con la inteligencia artificial. Por su parte, la tasa a dos años, que a menudo sirve como un indicador para los mercados cuando la Reserva Federal es cautelosa, retrocedió 26 puntos base, colocándose en 4,69%. A pesar de seguir demandando incrementos en las tasas del banco central, lo hace con menos urgencia, mientras recalcula el camino hacia una posible reducción. La curva de tasas no solo ha disminuido, sino que también se ha aplanado, lo que elimina cualquier signo de inquietud sobre la dirección futura.

La Reserva Federal se reunirá el martes y miércoles, y se espera que no se produzcan cambios significativos. La eliminación de la orientación futura por parte de Kevin Warsh deja abiertas las vías de comunicación para el alto personal del banco. En medio de la presión del mercado, figuras como John Williams, Philip Jefferson y Christopher Waller reafirmaron que la política monetaria se mantiene autónoma, no solo de la influencia del expresidente Trump, como se demostró con el aumento en septiembre, sino también de las fluctuaciones del mercado. Dado que la curva de bonos se ha serenado, la decisión del banco central de no introducir cambios importantes en esta reunión no debería generar objeciones, a pesar de que podría surgir alguna disidencia interna, posiblemente de Lorie Logan, si no se satisface su deseo de un ajuste inmediato.

La preocupación por la inflación ha disminuido en comparación con comienzos de mes, aunque se prevé su aumento. Un ancla firme en las expectativas acaba siendo crucial, habiendo superado la meta del 2% en la segunda mitad de 2021 y sin regresar desde entonces. A finales de ese año, los precios al consumidor ya habían aumentado un 7% interanual, mientras la Reserva Federal mantenía una tasa cero para facilitar la recuperación económica tras la pandemia. La crisis en Ucrania provocó un impacto adicional en la oferta de materias primas, lo que llevó a la Reserva Federal de Powell a comenzar a incrementar las tasas en marzo de 2022, alcanzando un pico en la inflación minorista del 9% en junio. A pesar de los desafíos, la credibilidad del banco central permaneció intacta, ya que las expectativas de inflación a diez años, implícitas en el diferencial de rendimientos de los bonos del Tesoro, no superaron el 3%. Con la llegada de una desaceleración, estas expectativas también se alinearon en un rango entre el 2% y el 2,5%, manteniéndose estables desde 2023, un factor que ha permitido gestionar la inflación más alta en cuatro décadas sin necesidad de una recesión, un legado que Kevin Warsh debe proteger.

Bajo la dirección de Powell o Warsh, las expectativas de inflación permanecen inalteradas, con la última medición situándose en 2,32%. A pesar de las fluctuaciones diarias, el incremento en las tasas nominales coincidió con un aumento de las tasas reales, reflejando la solidez de la economía, el impulso de la inteligencia artificial y los gastos asociados a la misma, conforme se agota el capital interno. La Reserva Federal vaciló en julio, pero decidió aumentar los fondos federales en septiembre, ignorando la presión externa. Ahora, tiene la capacidad de tomarse su tiempo antes de cualquier nueva intervención, aunque se anticipa un ajuste a finales de diciembre. Con este contexto, las tasas de la curva se ven influenciadas por fuerzas opuestas: la renuencia a financiar la inteligencia artificial, debido a la creciente percepción de riesgo, alienta la caída de las tasas libres de riesgo crediticio, mientras que las tensiones en Medio Oriente y la escalada en los costos energéticos presionan hacia arriba la inflación. Las tasas nominales deberían aumentar para mitigar estos efectos, pero si existe confianza en que la Reserva Federal contendrá la inflación subyacente, la curva podrá enfocarse en seguir de cerca el impacto de la inteligencia artificial, ignorando el hecho de que los precios del crudo están nuevamente en sus máximos de abril.

Situaciones recientes revelan que, incluso con el incremento de la inflación anunciado, las tasas largas cayeron un cuarto de punto gracias a la evolución de empresas como Core Weave y del sector de semiconductores. La semana pasada, el patrón se repitió: mientras los conflictos internacionales se intensifican y el gobierno no desmiente la posibilidad de una escalada, las tasas largas continuaron su descenso. El desempeño económico de Meta influyó en los mercados más que las tensiones en el Golfo o las dinámicas políticas con Trump y Putin, que generan más inquietudes sobre la violencia en Irán.

El desplome de Meta fue notable. A pesar de su sólida rentabilidad, la compañía enfrenta una disminución en el flujo de caja y ha decidido intensificar sus inversiones en inteligencia artificial, lo que llevó a una caída del 7% en su cotización y a un aumento en el costo de sus swaps de incumplimiento. La empresa, ahora enfocada en la inteligencia artificial y ya no en el multiverso, se ve obligada a afrontar mayores costos mientras continúa con su expansión acelerada. Meta tiene la fortaleza financiera para hacerlo, a diferencia de otros competidores. La carrera por la inteligencia artificial es intensa, y aquellos que no se adapten enfrentarán graves consecuencias.

La empresa también planea emitir nueva acciones sin derecho a voto, lo que permitirá financiar nuevas inversiones mientras mantiene el control. Mark Zuckerberg seguirá marcando el rumbo de la compañía, que ahora contará con un capital más robusto, cumpliendo con las expectativas de los mercados y reduciendo el nivel de deuda.

Los anuncios de Meta reflejan cómo la inteligencia artificial aborda las objeciones actuales. Sin embargo, los inversores han respondido negativamente al reflejarse en la caída en la valoración de Meta y otras compañías tecnológicas, así como en el retroceso del bitcoin y el oro, ambos descendiendo más del 2%. Las tasas a diez años se desplomaron 13 puntos base, generando dudas sobre si la inteligencia artificial se enfriará o si la economía en su conjunto lo hará. La incertidumbre se cierne ahora sobre si los bonos prevén una posible recesión.

Las lecturas del último índice PMI sugieren un crecimiento del PIB anualizado del 5%, mientras que se registró una expansión del 4% para el tercer trimestre. Según S&P Global, excluyendo la post-pandemia, los últimos meses han sido los mejores para las empresas estadounidenses desde principios de 2015. La robustez de los datos económicos es indiscutible, aunque los mercados suelen anticipar tendencias. En las últimas tres semanas, los semiconductores cayeron un 16%, la tecnología un 8%, y el Nasdaq 100 un 6%. A pesar de esto, el índice S&P 500 retrocedió solo un 1,3%, mientras que el mismo grupo de empresas creció un 3,2% cuando no se ajusta por capitalización. Este fenómeno indica una rotación en lugar de un anticipo de una recesión, y no se proyecta un mercado bajista. Se observa una insurrección de las empresas que previamente quedaron fuera de los rallys de agosto y septiembre.

Las acciones del Tesoro han superado a otros activos de renta fija. Esta semana, el Russell 2000, que representa a las pequeñas empresas, tuvo un desempeño destacado, avanzando un 2% a pesar de la adversidad. Los líderes en inteligencia artificial enfrentan un futuro incierto, mientras que las empresas rezagadas muestran señales de recuperación. A pesar de la corrección en sus precios, no se han desbaratado los mercados. A pesar de la situación en Francia y las posibles repercusiones, es prematuro lanzar una ofensiva generalizada que obvie a la inteligencia artificial. La estabilización en la curva de bonos y el hecho de que la Reserva Federal no represente un obstáculo son, sin duda, señales positivas. Sin embargo, aún queda información vital por asimilar, especialmente con el 40% de los balances del índice S&P 500 por revelar y un Trump que podría tener un impacto significativo antes y después de las elecciones. Los mercados necesitarán esta información para considerar una toma de riesgos más informada.