La reciente derrota de San Lorenzo en el clásico contra Huracán dejó consecuencias significativas. No solo rompió una racha de 25 años sin victorias del equipo rival en el Nuevo Gasómetro, sino que también desató la frustración entre los hinchas azulgranas debido al rendimiento del club en un partido que trascendía la mera obtención de puntos. Este mediodía, la situación se tornó aún más tensa cuando la barra brava hizo su aparición en la práctica del plantel en la cancha auxiliar del club, interrumpiendo el entrenamiento y generando sorpresa entre los jugadores. Se acercaron a varios de ellos para “hablar” en privado y dejaron una clara advertencia: “Esta vez vinimos a conversar, si no ponen lo que hay que poner y empiezan a ganar vamos a venir otra vez y no justamente a charlar”. El clima era denso, y los informantes de Seguridad del club habían anticipado que se presentaría una jornada complicada. Algunos mencionaron que un alto funcionario de ese sector tendría conocimiento previo de lo que sucedería. La institución aseguró que solo cinco referentes de La Butteler participaron de la “visita” y que la reunión con el cuerpo técnico ya había sido acordada. Sin embargo, algunos testigos indicaron que al menos 20 integrantes de la barra llegaron con una actitud combativa para actuar como voceros de los hinchas, lo que desencadenó las amenazas. El ingreso de estos miembros se produjo sin ningún tipo de impedimento al ser dado como acceso libre y sin notificar a la Subsecretaría de Seguridad en Eventos Masivos y Deportivos de Buenos Aires. A su llegada, la Policía envió dos unidades, pero no encontraron a ningún barra presente. Desde el club, minimizaron el hecho al afirmar que “vinieron poquitos a dar apoyo” y decidieron no presentar una denuncia judicial, lo que, salvo una denuncia individual, les permite no entregar los videos de las cámaras de seguridad, dejando el suceso sin consecuencias. La tensión se había acumulado tras la derrota del domingo. Aunque la intención inicial era realizar el acercamiento antes del clásico, una recomendación sugirió que no era prudente alterar a los jugadores días antes del partido. No obstante, después de la reacción de los hinchas en redes sociales, la barra decidió intervenir, pensando que su visita sería bien recibida. En la reunión del grupo directivo, se acordó llevar a cabo la visita un jueves, solo 48 horas antes del próximo encuentro en casa contra Unión de Santa Fe, correspondiente a la quinta jornada del Torneo Clausura. Todas las partes coinciden en que, aunque había previsibilidad sobre la llegada de la barra, la cantidad de personas que se acercaron superó lo esperado. Una vez en el predio, los barras se dirigieron a la cancha auxiliar de la Ciudad Deportiva y detuvieron el entrenamiento en su recta final. Según información recabada, se establecieron tres grupos de discusión. Los líderes se comunicaron directamente con el cuerpo técnico, asegurando su apoyo y sugiriendo que, si era necesario un cambio significativo en el plantel, debía llevarse a cabo. Un segundo grupo se acercó a los referentes Alexis Cuello y Nicolás Tripichio, instándolos a elaborar una lista de jugadores insatisfechos con el club, quienes desearan abandonar el equipo. A pesar de que estos futbolistas defendieron el compromiso del plantel para revertir la situación, la barra se mostró escéptica. Este intercambio generó el mayor momento de tensión, ya que los barras advirtieron sobre su regreso en caso de no observar esfuerzo en el terreno de juego. El tercer grupo dirigió su mensaje a los juveniles, subrayando que la edad no era excusa para esquivar la presión y las represalias. “Si tienen contrato es porque ya no son pibitos, así que mejor que pongan”, fue una de las advertencias. La sesión se extendió por varios minutos antes de que los barras abandonaran el complejo deportivo, reiterando su exhortación a obtener la victoria en el próximo partido. Aunque se rumoreó un episodio tenso dentro del vestuario, en el que se escucharon golpes en puertas y armarios para crear una atmósfera intimidante, tanto el club como otras fuentes negaron estas versiones. Lo que quedó claro es que la barra actúa con libertad y que la institución optó por no presentar una denuncia que habría permitido identificar a los que interrumpieron el entrenamiento, lo que resultaría en la aplicación del derecho de admisión. Así, aquellos que amenazaron al plantel estarán presentes en el próximo encuentro, como si nada hubiera ocurrido, reafirmando su influencia sobre la situación.
