– ¿Hasta qué día se extienden los recursos salariales en septiembre de 2026?
– Las disparidades sociales definen la duración del salario
– El crédito se transforma de opción a necesidad para llegar a fin de mes
– Un ligero optimismo en el ánimo personal, pero no en la situación económica
La inflación es un fenómeno crónico en Argentina, conocido en sus diversas manifestaciones a lo largo de la historia, desde periodos de estabilidad o deflación en la década de 1990 hasta las hiperinflaciones de finales de los 80. Javier Milei ha expresado su intención de “exterminarla” y muchas personas creen que está logrando avances en esta dirección.
Sin embargo, la problemática no está del todo resuelta, y los conflictos bélicos globales que han encarecido la energía podrían no solo incentivar ingresos por Vaca Muerta, sino también provocar un nuevo aumento en los precios.
Por el momento, la preocupación por las fluctuaciones diarias de precios parece haber quedado en un segundo plano, de acuerdo a datos de la consultora Zentrix.
El informe revela un giro en las prioridades, centrando la atención en el poder adquisitivo de los ciudadanos.
Las cifras sugieren que hay una cierta estabilidad, aunque las dificultades para llegar a fin de mes continúan, junto a la incertidumbre sobre el futuro.
El más reciente Monitor de Opinión Pública indica un cambio en la discusión económica actual. En este nuevo escenario, la principal preocupación gira en torno a los ingresos y sueldos (50,1%), seguida muy de cerca por la incertidumbre económica (49,8%).
Más alejado, aparece el desempleo (40,9%), que se mantiene por debajo del 10%, aunque hay un notable aumento del empleo no registrado, de acuerdo a las últimas estadísticas oficiales.
La inflación, que durante años fue el tema central de la conversación pública, ha caído hasta el último lugar entre los diez asuntos analizados, con únicamente el 12,7% de las menciones.
Este dato no implica que los argentinos crean que los precios han dejado de aumentar; más bien indica que el impacto de la inflación se ha trasladado al ámbito del poder adquisitivo y las dificultades para mantener los gastos diarios.
La encuesta también aporta información reveladora. El 81,2% de los encuestados sostiene que su salario no alcanza para superar la inflación, mientras que el 65,8% opina que el índice de precios del INDEC no refleja con precisión el aumento en el costo de vida que experimentan en su día a día.
Un dato que sintetiza el problema del ingreso es el momento en el cual las familias se quedan sin recursos.
La encuesta revela que el 65% de los argentinos agota sus ingresos antes del día 20 de cada mes. Dentro de este grupo, el 44,4% no alcanza a llegar al día 15 y el 24% se queda sin dinero antes del día 10. Aun más preocupante, el 12,2% asegura que se queda sin fondos antes del quinto día del mes.
Solo el 22,9% indica que logra llegar a fin de mes, y apenas un 10,7% declara que puede ahorrar.
En los estratos sociales más altos, el 53,3% llega a fin de mes, y otro 39,4% consigue incluso ahorrar. Por el contrario, en la clase media, más de la mitad (51,4%) se queda sin ingresos antes del día 20, y solo el 16,3% logra ahorrar.
La situación es aún más crítica en la clase baja, donde el 87,6% se queda sin recursos antes del día 20, el 57,8% no alcanza el día 15 y el 35,5% ya ha agotado sus ingresos antes del día 10. Ninguno de los encuestados de este segmento reportó ser capaz de ahorrar al final del mes.
La disminución del poder adquisitivo también queda patente en el creciente endeudamiento de los hogares.
El análisis muestra que el 60,2% de los argentinos ha tomado algún crédito o deuda en los últimos seis meses. Esta cifra asciende al 67,1% entre los jóvenes de 18 a 39 años, mientras que en la franja de 60 años y más se reduce al 54%.
Entre quienes optaron por el crédito, el 55,6% lo hizo para cubrir necesidades básicas como alimentos y salud, y un 20,4% para pagar tarifas y servicios.
En conjunto, tres de cada cuatro personas endeudadas (76%) utilizaron ese financiamiento para afrontar gastos esenciales y no para compras de bienes durables.
A pesar de este contexto, la percepción sobre la economía presenta una ligera mejora en comparación con meses anteriores.
La valoración positiva de la situación económica personal ha incrementado del 27,2% al 29,8% entre julio y agosto, mientras que la evaluación negativa sobre la economía del país ha disminuido del 61,8% al 59,4%, según destaca la consultora.
Habrá que estar atentos para ver si este cambio de percepción se traduce realmente en mejoras económicas, esperando que la inflación no vuelva a repuntar en los próximos meses.