Política

Brasil se prepara para las elecciones con dos figuras centrales y múltiples temas candentes

Brasil se dispone a votar este domingo con un total de 12 candidatos a la presidencia, pero la atención de la campaña se ha centrado principalmente en dos: el actual presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro.

De acuerdo a la última encuesta de Datafolha, Lula cuenta con un 45% de respaldo y Flávio llega al 40%, mientras que el resto de los postulantes queda rezagado. En caso de presentarse en una segunda vuelta, los mismos resultados posicionan a Lula con un 48% y a Flávio con un 45%, dentro del margen de error.

No obstante, estos números ocultan una campaña que aborda tanto cuestiones recurrentes, como el desempeño económico, como tópicos que parecen sacados de una novela de realismo mágico. Por su parte, los mercados parecen estar imperturbables ante la paridad y la incertidumbre, ya que a mediados de septiembre el índice Bovespa había logrado un aumento cercano al 13% en dólares desde mediados de agosto.

Las elecciones han traído consigo “dos protagonistas” y varias temáticas en debate que han permeado la campaña. Entre ellas se encuentran la economía, la Justicia y la religión, las cuales dan cuenta de una sociedad dividida en sus preferencias políticas y sociales.

En el ámbito laboral, Brasil se encuentra en una de sus mejores etapas en años, con una tasa de desempleo del 5,3% en el trimestre que finalizó en agosto, el porcentaje más bajo para ese periodo desde que se tienen registros. Además, el número total de empleados alcanzó un récord de 103,5 millones.

La inflación, aunque gestionada, ha presentado algunas variaciones. El Índice de Precios al Consumidor Amplio (IPCA) acumuló un 4,22% en los últimos 12 meses hasta agosto, dentro del rango tolerado según la meta del Banco Central, aunque a mediados de septiembre mostró una aceleración a un 4,47% interanual que superó las previsiones de los analistas.

A pesar de estos datos alentadores, la economía parece mostrar signos de desaceleración. El Producto Interno Bruto (PIB) creció un 0,5% en el segundo trimestre en comparación al primero, acumulando un crecimiento del 1,9% en los últimos doce meses. Además, la industria experimentó una caída del 0,6% en agosto con respecto al mismo mes del año anterior.

También es importante considerar el frente fiscal. La deuda bruta del Gobierno alcanzó un 82,9% del PIB en agosto, mientras que el déficit nominal acumulado durante un año llegó al 9,48% del PIB, impulsado mayoritariamente por el costo de los intereses.

Aquí se evidencian algunas diferencias fundamentales entre las propuestas de los candidatos. Lula aboga por mantener el marco fiscal y fomentar la inversión pública en infraestructura y desarrollo productivo. En contraste, Flávio Bolsonaro ha propuesto un programa que sugiere un “tesouraço”, similar al de otras iniciativas en la región, que contemplaría un recorte de al menos diez ministerios y la reducción de cargos, así como la imposición de un nuevo límite de gasto.

La campaña también se vio marcada por intensas controversias en torno al sistema judicial brasileño. El Tribunal Supremo y el Tribunal Superior Electoral se han convertido en actores clave en este proceso, evidenciando tensiones internas entre sus magistrados. Un punto de conflicto significante ha sido la confrontación entre Alexandre de Moraes, juez vinculado a causas que llevaron a la condena de Jair Bolsonaro, y André Mendonça, el magistrado designado por el expresidente y miembro abiertamente evangélico del tribunal.

Flávio Bolsonaro se comprometió a promover una amnistía para su padre y otros procesados por la tentativa de golpe, y advirtió que, si dicha opción no prospera en el Congreso, recurriría al indulto presidencial.

Mientras que la economía representa un debate habitual en las elecciones, el papel de la religión ha tomado un giro sorprendente, con episodios que parecen sacados de la ficción. Esto comenzó cuando circuló una versión falsa que afirmaba que Flávio Bolsonaro planeaba despojar a Nossa Senhora Aparecida de su estatus de patrona de Brasil.

Aunque esta versión se basaba en una propuesta archivada en 2007, recobró protagonismo tras los comentarios del candidato sobre su deseo de “entregar Brasil al Señor Jesucristo”. Flávio desmintió tener intenciones de modificar el estatus de la Virgen, calificando la afirmación como una fake news. Sin embargo, la controversia adquirió una dimensión política considerable, dado que Brasil es predominantemente católico y las iglesias evangélicas han ganado influencia en las últimas décadas.

Los datos de Datafolha revelan claramente esta polarización: Lula obtiene un 50% del apoyo católico, mientras que Flávio alcanza el 32%. Entre los evangélicos, la situación es opuesta: Flávio ostenta el 52% y Lula el 26%, con diferencias que superan el margen de error.

La controversia llevó a ambos candidatos a mostrarse junto a símbolos católicos para contrarrestar las acusaciones. Lula apareció sosteniendo una imagen de la Virgen y aseguró que durante su mandato nadie faltaría al respeto a la patrona de Brasil, mientras que Flávio tuvo que desmentir cualquier intención de suprimir dicho reconocimiento.

La discusión ha trascendido la simple relación entre catolicismo y evangelicalismo. Amanda Mendonça, investigadora, sintetizó la cuestión al manifestar: “La disputa no es solo entre católicos y evangélicos. Es una competencia por definir qué significa ser cristiano y qué significa ser brasileño”.

El último debate televisivo programado antes de la primera vuelta fue cancelado luego de que ambos candidatos decidieran no participar, y dos resoluciones judiciales cambiaron las reglas del encuentro, impidiendo que se mostrara el atril vacío de Lula y obligando a incluir a un candidato no convocado inicialmente.

El contexto financiero añade otro componente a esta elección, que se desarrolla en un marco más singular de lo que uno podría intuir en medio de una polarización electoral. Un informe reveló que el Bovespa mostró una notable recuperación cuando las encuestas comenzaban a mostrar una contienda más reñida. Desde enero a abril, cuando Flávio empezó a ganar terreno, el índice avanzó un 38% en dólares. Sin embargo, entre abril y agosto, retrocedió un 20%. Desde mediados de agosto hasta el 14 de septiembre, el índice repuntó cerca del 13%.

Hacia mediados de septiembre, el Bovespa registraba un alza del 23% en dólares en lo que va de 2026, mientras que el ETF EWZ, un referente para las acciones brasileñas, había subido un 19%. Si bien hay una conexión entre estas variaciones y las expectativas electorales, también existe un matiz: gran parte del escenario que anticipa un cambio de gobierno ya se refleja en los precios, según informes de consultoras que consideran que las acciones aún podrían tener espacio para crecer, aunque con un enfoque cauteloso respecto a la relación entre riesgo y rendimiento.

En el último estudio de Datafolha, Lula presenta ventajas significativas entre los votantes del Nordeste, aquellos con menores ingresos y los menos educados, mientras que Flávio se encuentra mejor posicionado entre los electores de mayores ingresos y en el Sur del país. La religión añade otra capa, ya que el voto católico se inclina más hacia Lula y el evangélico hacia Flávio. La polarización no solo se refleja en las intenciones de voto: ambos candidatos llegan a la primera vuelta con un 45% de rechazo, lo que evidencia un escenario en el que los dos principales sectores políticos cuentan con electores altamente movilizados en pro y en contra de cada uno.

Con estos elementos sobre la mesa, se avecina una primera vuelta que, casi con certeza, abrirá la puerta a una segunda elección decisiva. Al final, los brasileños no solo elegirán a su presidente, sino que también participarán en un debate sobre la identidad del país y qué modelo desean adoptar en un contexto polarizado.