La vuelta de la orientación indica que la urgencia de los bonos no representa una prioridad para la Fed. ¿Se tranquilizarán así los vigilantes de bonos? Ese es el objetivo, que no se alarmen por la sombra que sigue creciendo sobre ellos. En septiembre, la Fed se desvinculó de Warsh en cuanto a su relación con la Casa Blanca. Incrementó la tasa de fondos federales después de un período de seis meses en pausa. Esta decisión llegó seis meses después de los primeros signos de una tendencia alcista en la curva. Fue unánime y presentada por Warsh, quien había bloqueado un aumento en julio. Si bien fue tarde, al menos se alcanzó el objetivo. El presidente, antes del encuentro con el chairman, hizo declaraciones similares a las que solía hacer Richard Nixon con Arthur Burns en los años setenta. A pesar de la negativa de Trump a la decisión, esta se materializó. Es prematuro emitir un juicio, pero la figura de Warsh comienza a asemejarse más a la de Jerome Powell que a Burns.
¿Qué impacto tiene la transición dentro de la Fed en la confusión persistente de la curva de bonos? ¿Cómo afecta el cambio de mando de Powell a Warsh ante la presión de la Casa Blanca? El efecto es significativo, si se observa la información de alta frecuencia. Sin embargo, poco relevante si se analiza en un contexto más amplio. El fallo de julio, en el que el nuevo presidente no supo explicar su decisión y mucho menos el funcionamiento de la Fed, se corrigió en Jackson Hole. En septiembre se ajustó la postura, alineándola con el discurso de actitud agresiva que Warsh había promovido desde el inicio de su mandato.
¿Cuánto contribuyeron estos vaivenes al aumento continuo de las tasas a largo plazo? Curiosamente, la respuesta es casi nada. La credibilidad del banco central ha sufrido raspaduras en sus bordes, pero no ha sido un daño estructural. Las expectativas de inflación presentes en los bonos no se alteraron significativamente, a pesar del conflicto en curso y el incremento de los costos. Se ha repetido hasta el cansancio que el aumento de tasas implica un aumento de tasas de interés reales. La tasa nominal a diez años creció en 121 puntos base en el último año, mientras que la tasa real aumentó 118. La inflación registrada durante los últimos doce meses subió 70 puntos base, de acuerdo con la medición de agosto del deflactor del consumo personal. Las expectativas de inflación a diez años, en cambio, apenas alcanzan los tres puntos. A 30 años, la tasa real creció 94 puntos base, con un aumento nominal de 98. Es decir, solo cuatro puntos adicionales pueden atribuirse a la prima de inflación. La conclusión es clara: en la economía reside la clave, indicaría James Carville. Estamos ante una economía próspera, definida cada vez más por la influencia de la inteligencia artificial. Es habitual que un nuevo chairman y los mercados tengan tensiones en su primer año de gestión; con el tiempo se establece una convivencia más armónica. No hay razones para suponer lo contrario. Warsh no ha destruido nada que no pueda repararse.
¿Qué acciones puede tomar la Fed para evitar rupturas en medio del aluvión de tasas largas? Esa es la función de la orientación futura: lograr una atmósfera de estabilidad. “Es una herramienta útil cuando se necesita… No se me ocurre nada que represente mejor una orientación sobre políticas futuras que lo que ocurrió la semana pasada”, comentó el gobernador Chris Waller, refiriéndose a las declaraciones de Williams y Jefferson. Aunque Waller sugiere que no se le llame así; su nuevo término sería “señalización”, lo que impediría que Warsh debiera retractarse. Williams y Jefferson indicaron el inicio de un ciclo de aumentos de tasas de interés, pero sin apremios, basándose en la información disponible. Waller añadió que existe flexibilidad en el momento de los ajustes. “No es necesario realizar los cambios en reuniones sucesivas, aunque deben implementarse en un plazo razonable para alcanzar nuevamente el objetivo de inflación del 2%”. Como indicamos la semana anterior, un trayecto de tres aumentos de tasas, uno por trimestre, parece ser la expectativa. Septiembre, diciembre y marzo se perfilan como hitos claves. Los fondos federales volverían a su nivel de septiembre de 2025. Esta no debería ser una situación devastadora, ya que podría ejercer presión a la baja sobre la inflación y liberar a los bonos de preocupaciones inminentes. Además, permitiría crear el espacio necesario para incorporar el aumento de las tasas reales promovido por la inteligencia artificial.
La Reserva Federal ha mostrado su postura, y las tasas a largo plazo han comenzado a moderarse. Sin embargo, antes fue preciso superar las subastas de bonos a diez y treinta años. La inestabilidad en la renta fija no se disipó hasta que se evidenció que ambas operaciones fueron altamente exitosas. Con una sobresuscripción de dos veces y media, la demanda de inversores (directos e indirectos) se quedaron con el 94% y el 88%, respectivamente, de las ofertas, a rendimientos inferiores a los del mercado. Esto también envió una señal: las tasas continuaron su descenso. A diez años, cerraron en 5,24%, aún en territorio de riesgo, pero con una disminución de 13 puntos base respecto al pico alcanzado el miércoles.
El mercado alcista cumple hoy cuatro años. La Fed, a través de la “señalización” informal, ha ofrecido una hoja de ruta cuesta arriba pero predecible que resulta apreciada. Los bonos, a pesar de sus reacciones persistentes, no pudieron arruinar los preparativos. El Nasdaq y el Nasdaq 100 han registrado récords en las últimas dos semanas, mientras que el S&P 500 se detuvo el viernes a un paso de alcanzar su propio hito. Sin embargo, la celebración no es total. La lista de participantes se ha reducido considerablemente, aunque se espera que crezca si las tasas largas se estabilizan, ya sea por la dirección de la Fed, por las decisiones de Bessent respecto a la agenda de refinanciación trimestral, o por la necesidad de cubrir el riesgo de la inteligencia artificial mediante bonos sin riesgo de crédito. La celebración será aún más amplia si la inflación de septiembre se muestra favorable.
El presidente ha visto dañadas sus perspectivas en las encuestas a medida que se acercan las elecciones, lo que lo condujo a mantener activos conflictos en Irán, aunque ha pactado con su homólogo ruso una inyección adicional de 2,2 millones de barriles de diésel “de inmediato”. Independientemente de si se concreta o no, la Bolsa confía en que la inminente temporada de balances le brinde el combustible que requiere. Las compañías también ofrecen orientaciones anticipadas, no solo la Fed. En lugar de reducir sus expectativas a priori con advertencias habituales, han dedicado el mes a elevar sus proyecciones de crecimiento interanual en ganancias por acción, que ya se aproximan al 30%. Es un margen más que suficiente para celebrar.