Economía

La guerra de precios en autos 0 km impacta en el mercado de usados

Una de las consecuencias más notables de la amplia oferta de autos nuevos en el mercado argentino es la posibilidad para los consumidores de acceder a mejores precios, incluso para un mismo modelo, simplemente recorriendo distintas concesionarias.

Esta situación resulta favorable para los compradores, aunque no tanto para los concesionarios, que deben aceptar márgenes más bajos en comparación con los que tenían hace un par de años. Por otro lado, quienes desean vender un auto usado se enfrentan a una disminución significativa en su valor.

Determinar el precio de un automóvil usado puede ser complicado, ya que depende de su estado general y de cómo se cotizan ciertos modelos. El conocido “valor de reventa” a menudo es ignorado por los compradores de autos cero kilómetro, y se vuelve crucial al intentar vender posteriormente. Hay dos referencias aproximadas que pueden ser consultadas.

Una opción es la tabla publicada por la Cámara de Comercio Automotor (CCA) en su sitio web, aunque esta no tiene en cuenta el valor adicional de los modelos más populares en comparación con los de nicho. Se elabora en base a parámetros de uso medio respecto al precio del cero kilómetro más reciente.

Otra referencia útil es el valor de la póliza de seguro, ya que representa la suma que las aseguradoras pagarían en caso de una pérdida total. No obstante, este valor muchas veces no refleja el mercado y puede ser más alto, lo que resultaría en una póliza más cara y una cuota también elevada.

“Hace tres años, cuando había escasez de autos nuevos por las restricciones de importación, los vehículos usados seminuevos alcanzaban precios muy similares a los 0 km. Ahora eso se ha desvanecido y los precios de esos autos han caído considerablemente, ya que deben competir con los nuevos. La financiación y los descuentos que ofrecen las marcas hacen que la gente opte por los cero”, explicó el propietario de una cadena de agencias de autos multimarca del Gran Buenos Aires.

Sin embargo, este fenómeno no se aplica a los autos de generaciones anteriores, aquellos que “no contaban con pantallas”, ya que en estos vehículos es difícil establecer si un precio es alto o bajo. “Para un auto de 2010, se puede estimar entre USD 5.000 y 8.000 y nadie lo cuestionaría. Aquí influye el estado del vehículo, los documentos en regla y el kilometraje. Aun así, vender un usado es complicado y eso presiona aún más los precios hacia abajo”, afirmó el mismo empresario.

Optar por entregar un auto usado como parte de pago para adquirir uno nuevo puede ser el camino más ágil, pero también es el peor negocio, ya que entre el margen que la concesionaria pierde al ofrecer mejores precios por el 0 km y el valor que tiene el auto usado, debe haber una ganancia.

“Al aceptar un auto en parte de pago, la idea es venderlo lo más pronto posible para liberar el capital que está inmovilizado. Venderlo rápidamente es lo mejor, pero eso implica ofrecerlo a un precio más bajo que en una venta particular. Por lo tanto, se deberá comprar a un precio inferior para poder venderlo a un costo asequible”, explicaron desde un concesionario oficial.

Un claro ejemplo lo ofrecen las compañías de seguros, que, ante pequeñas roturas o accidentes moderados, prefieren declarar la pérdida como destrucción total en lugar de pagar por las reparaciones.

Este conjunto de factores ha impulsado los precios de los autos usados a niveles inusuales, aunque no siempre un precio bajo garantiza una venta rápida. Existe el elemento de “desconfianza” que influye en la negociación y en los precios propuestos.

“A quienes desean vender su auto de forma particular les recomiendo fijar un precio intermedio entre la oferta de un concesionario y lo que se publica en plataformas de comercio electrónico. Colocar un precio demasiado bajo puede espantar a los clientes, quienes podrían sospechar del valor mínimo”, aconsejó un especialista del sector.

“No me atrevería a afirmar que los precios de los usados han llegado a su punto más bajo y se quedarán ahí. Sin embargo, han disminuido considerablemente, algo que no ocurría en los últimos 30 años”, aseveró el empresario.

Un aspecto clave al momento de fijar el precio de un auto usado es el kilometraje. Actualmente, un vehículo moderno con más de 200.000 km puede ser considerado apto si ha recibido el mantenimiento adecuado, gracias a la calidad de los materiales modernos y lubricantes de última generación. En vehículos de más de 15 años, especialmente aquellos que probablemente superen los 300.000 km, el kilometraje se convierte en un factor determinante.

Al buscar un auto usado, es importante tener en cuenta que un promedio de bajo uso, inferior a 8.000 km anuales, podría indicar que ha estado parado durante períodos prolongados o que el kilometraje ha sido alterado. Esta última práctica solía ser común hasta hace aproximadamente una década, pero hoy es casi infactible sin dejar rastro electrónico.

Si el vehículo ha estado inactivo por un tiempo, podría acumular sedimento en el motor y el tanque de combustible. Es recomendable indagar sobre el uso real que le ha dado el propietario o, si es posible, llevarlo a un taller para una revisión exhaustiva.

El uso más recomendable para un automóvil fluctúa entre 10.000 y 15.000 km al año, lo que indica un desgaste natural y uso frecuente. Por el contrario, un auto que supera los 20.000 km anuales requiere alternativas de evaluación adicionales debido a la posible aceleración del desgaste. Es fundamental solicitar al vendedor los certificados de mantenimiento y los registros de kilometraje correspondientes.

Un vehículo de cinco años con hasta 80.000 km es considerado en buenas condiciones, al igual que uno con 160.000 km y diez años de antigüedad. Sin embargo, se deberá ser más detallista si se trata de un auto con más de 15 años y más de 250.000 km.

Algunas pruebas que se pueden realizar incluyen levantar el capó y examinar el borde entre la cara interna y externa de las puertas. La ausencia de marcas de repintado es un indicio positivo. Asimismo, se puede observar el desgaste del volante y los pedales, elementos que reflejan el uso intenso, además del estado de los tapizados donde, en autos con elevado uso, la tela del techo puede despegarse.