Economía

La presión de la polarización

La noción de un electorado moderado, deseoso de encontrar alternativas de representación que eviten los extremos, continúa manifestándose en distintas agrupaciones políticas. Un claro ejemplo de esto se dio en una reciente conferencia sobre gobernanza comunal, llevada a cabo en la Usina del Arte, en el barrio de La Boca, que convocó a varios dirigentes moderados bajo el impulso del gobierno de Jorge Macri. Este evento funcionó como un ensayo que puso a prueba la hipótesis de que existe un electorado descontento, ansioso de apoyarse en propuestas y figuras que se aparten de las divisiones extremas de la política actual.

Desde el regreso a la democracia en 1983, el sistema político argentino ha ido sufriendo transformaciones significativas. Durante las elecciones de Alfonsín y Luder, la mayor parte del electorado se inclinó por un esquema bipartidista tradicional. Este modelo se reiteró en 1989, cuando emergieron dos frentes políticos que representaron a candidatos del peronismo y del radicalismo.

A mediados de la década de los noventa, surgió una opción de centro encarnada por disidentes del peronismo y el no peronismo: el FrePaSo, que cosechó alrededor de 5 millones de votos en favor de la fórmula presidencial Bordón-Chacho durante 1995.

En el siglo XXI, la confrontación política se reconfiguró como lo que Jesús Rodríguez ha calificado como bicoalicionismo imperfecto, mientras que Jorge Capitanich ha descrito este fenómeno como una dualidad de coaliciones opositoras, flexibles y dinámicas. Ese bicoalicionismo puso a prueba tanto la capacidad de los dirigentes como la lealtad de sus bases electorales en el año 2023.

La dirección política colapsó, en parte debido a diagnósticos erróneos y a una defectuosa elección de candidatos. El ballotage resultante llevó a la presidencia a Javier Milei, aunque no logró desintegrar los bloques de las dos familias políticas principales, que reafirmaron su fidelidad en 2025 – con un 41% de apoyo para el no peronismo y un 34% para el peronismo. Desde este núcleo podríamos identificar la posibilidad de un centro que alivie al público de la tensión polarizada que predomina.

Dentro del pejotismo, esta idea refuerza la estrategia de Axel Kicillof. Se distancia del cristinismo más radical, considerándolo perjudicial para el peronismo y un obstáculo para su crecimiento y alianzas, con miras a competir en una posible elección presidencial que involucre ballotage. Intenta mitigar la pérdida de apoyo que podría derivarse de su apartamiento de Cristina Kirchner, apelando a sectores del peronismo y a independendientes que optan por no votar a Cristina ni a sus socios, pero que tampoco se inclinan hacia la centro-derecha. Kicillof se mantiene alejado de la figura de Cristina, incluso a costa de parecer temeroso.

Debería exhibir ambición por el poder y una postura optimista de cara a la victoria, sin embargo, su imagen ha sido asociada a la de un sobreviviente que sufre en el contexto actual. Esta percepción podría contribuir a aumentar la abstención, que hoy representa un fenómeno de voto castigo. Una situación que puede estallar en manos de cualquier partido. En el resto, actúa conforme a lo que se espera de un opositor: elige a Milei como su adversario, mantiene una conducta acorde a su rol y busca un discurso que lo desprenda de los moldes tradicionales, explorando conceptos de Keynes, que en política no tiene ni CUIT.

El martes amagó con un tuit de homenaje a Cristina en conmemoración del cuarto aniversario de un ataque que sufrió. El mismo día, su adversario Máximo organizó una manifestación en la esquina de su madre, con el objetivo de insultarlo y leer la declaración de una multipartidaria opositora, promovida por la diputada cristinista Fernanda Raverta, actual senadora provincial y ex jefa del ANSES de Alberto Fernández.

Lo último que Kicillof habría considerado era firmar dicha declaración. Es consciente de que su base de apoyo está alejada del lema “Cristina libre”. Reconoce una verdad irrefutable: en política, moverse hacia el centro es esencial.

La estrategia de Kicillof en este contexto de cisma pone en riesgo la unidad dentro del peronismo, rompiendo una regla antigua: quien se fragmenta, pierde. Prefiere sostener las primarias PASO, convencido de que tiene la capacidad para vencer a Cristina o a cualquier candidato asociado al kirchnerismo, siendo Massa el más probable, quien logró 44 puntos en el ballotage de 2023, en uno de los momentos más difíciles para el peronismo.

Esto explica la furia de Kicillof al enterarse de que una diputada de Massa votó a favor de la suspensión de las PASO locales en Chaco. Esta votación rompió el empate de 16 a 16 en la legislatura y favoreció un proyecto del radical Leandro Zdero, que a su vez benefició a Diego Santilli. La diputada justificó su decisión como una orden de Massa, quien reaccionó con una sonrisa típica cuando le cuestionaron la situación en 1111.

El sustentar las PASO es una política firme del peronismo a nivel nacional, y la primera en quebrantarlo fue una legisladora que llego por imposición de Massa. “Las leyes, como las salchichas, dejan de inspirar respeto a medida que sabemos cómo se hacen”, dijo alguna vez el pensador que inspiró a Bismark.

Entre el centro y la derecha, también se encuentra una porción significativa del electorado que apoyó a Milei en 2023 y 2025, pero que busca nuevas opciones que se desmarquen de la polarización. Algunos observadores señalan a Victoria Villarruel como una potencial candidata, que podría alcanzar alrededor del 5% de los votos. Por otro lado, una eventual candidatura de Hernán Lacunza, tan ortodoxo como Milei en cuestiones económicas, pero carente de sus excentricidades, podría captar un 10% del sector. Ante estas alternativas, Milei podría encontrar su reelección en peligro, siendo un presidente sin partido, sin funcionarios, sin gobernadores y sin un programa definido.

Con este cambio de circunstancias, el juego electoral se torna particularmente incierto, algo que ni Maquiavelo pudo concebir en una noche de reflexión. La dificultad que Milei enfrentará para atraer a un electorado que se desplace hacia el centro es poco probable que sea fácilmente capitalizada por una candidatura de Kicillof, y menos aún por una de Massa, respaldada por Cristina. El resultado podría ser un escenario con al menos cuatro contendientes que abren la puerta a un desenlace impredecible. Esta percepción también resuena en ese “turbio rumor de los mercados” (como lo dijo Raúl González Tuñón), que sirve de medición del riesgo país.

Un ejemplo de esta Argentina despolarizada fue la conferencia sobre ciudades inteligentes organizada por el gobierno de Jorge Macri. Más de 30 intendentes y 300 expertos de diversas partes del país participaron de un encuentro donde la consigna fue hablar de innovación y de cómo la inteligencia artificial puede modificar dinámicas en la política contemporánea. Esta reunión se dio en un contexto donde los líderes políticos mostraron una disposición a dialogar más allá de las divisiones tradicionales que suelen acentuar las diferencias.

La conferencia abordó temas desconocidos pero relevantes que podrían cambiar la relación con la última generación analógica de la política, como mencionó Macri en su discurso, donde hizo hincapié en los desafíos y oportunidades que emergen a partir de las nuevas tecnologías. Desde diversos sectores, se evidenció una convivencia en torno a inquietudes relacionadas con el futuro sin caer en las polarizaciones que caracterizan el actual clima político.

Estuvieron presentes figuras destacadas de la oposición, como el intendente de La Plata, Julio Alak, quien se proyecta como protocandidato a la gobernación, así como Leonel Chiarella, presidente de la UCR Nacional, y Soledad Martínez, vicepresidenta del PRO Nacional, que actualmente está al frente del cargo por la ausencia de Mauricio Macri. Además, se sumaron referentes del cordobesismo y otros líderes comunales de diversas provincias.

Durante el evento, además de intercambiar ideas sobre tecnología, también se dieron tiempo para el denominado “rosca” política. Jorge Macri había enviado días antes a dos de sus funcionarios en una misión de la Fundación Pensar para realizar un recorrido por Mendoza, la cual incluyó a referentes como Silvia Lospennato y Facundo Quintana, considerados cercanos a Mauricio.

Esta acción señala un cambio en las relaciones internas dentro del grupo Macri, que ha estado marcado por ciertos distanciamientos. También se destacó el tono que tomó el discurso del jefe de gobierno al dirigirse a los alcaldes de todo el país, ya que pareció más un intento de presentar una agenda propia de un proyecto presidencial, ya sea con él al mando o con otro líder, que una mera iniciativa municipal. Este aspecto ilustra el mecanismo de alianzas que promueve Mauricio Macri en su estrategia política.

A nivel nacional, esto sienta las bases para lanzar a Hernán Lacunza como un posible candidato atractivo, mientras que, por otro lado, se envía a Cristian Ritondo y a Fernando de Andreis a estrechar vínculos con el gobierno y negociar con Santilli en la Casa de Gobierno. En la Ciudad, se le ha sugerido a Jorge Macri que busque un acuerdo electoral astuto para 2027 que les permita mantener el control de la Capital.

La incertidumbre se intensifica a medida que el gobierno muestra dificultades en la gestión del escenario político actual. La agilidad del oficialismo para seguir un manual de actuación de gobiernos débiles es notable. Ahora, se han aventurado a agitar la ficha Malvinas, una estrategia que suelen emplear aquellos gobiernos que enfrentan falta de legitimidad por la escasez de votos propios.

Con serias dificultades para dominar el tiempo legislativo y captar los votos necesarios, el oficialismo ha fracasado en convocar una sesión en el Senado para esta semana, como se había anticipado. En Diputados, la oposición está en busca de reunir el quórum necesario para sesionar sin el oficialismo y apremiar a la cámara para que resuelva proyectos que permanecen estancados, como la prórroga de la emergencia en discapacidad y la sanción de medidas para asistir a deudores financieros. Hasta este momento, esta convocatoria había sumado 133 adhesiones, cuatro más que el quórum de 129 establecido, con la posibilidad de incrementar la cantidad de apoyos hasta el miércoles 9.

La semana anterior fue testigo de otra derrota significativa para el oficialismo en el Senado, donde no logró dictaminar proyectos que consideraba cruciales, lo cual aumenta la tensión de cara a la gran batalla del año: el Presupuesto 2027. Se experimentaron problemas de quórum para reunir los tres plenarios de comisión requeridos. Uno de esos plenarios se comprometió a resolver el dictamen a la Ley de Empalme, que se inscribe en el contexto de promoción industrial, mientras que los otros dos plenarios abordaban el SuperRigi y la legislación sobre bonos de carbono. En las sesiones de los primeros no se logró reunir el número necesario para iniciar la discusión ni para firmar los dictámenes, que permanecen en circulación y serán objeto de modificaciones en las que todos los actores buscarán influir.

El oficialismo se ve en la obligación de aceptar que esto ocurra, dado que no posee control sobre los tiempos legislativos ni puede retener los votos de sus aliados. La situación se ve dificultada por la postura de Victoria Villarruel, quien se opone a reemplazar a los miembros de las comisiones ausentes en las sesiones. “¿Para qué se anotan en las comisiones? No voy a estar cambiando nombres como caramelos”, se le escuchó en una reunión. Esto muestra cómo sabe aprovechar el poco poder que le dejan los mileístas.

Los aliados han tomado precauciones para asegurarse de que se cumplan los acuerdos establecidos, por lo que gestionan sus votos en función de concesiones exitosas y sonantes. De no ser así, las iniciativas no avanzan. Desde el oficialismo se reconoce que sin la ley Vischi no habrá SuperRigi. De esta manera, los gobernadores comprenden el costo de los apoyos en un contexto de decreciente recaudación: efecto de la caía de la actividad económica que, a su vez, impacta en los fondos de coparticipación.

Esto afecta al oficialismo, ya que la jefatura de Patricia Bullrich ya no tiene la capacidad de garantizar tiempos ni de impedir que las iniciativas pierdan peso a medida que se desplazan hacia la debilidad y desfiguración con respecto al texto original enviado por el Poder Ejecutivo.

La bisagra en este proceso de pérdida de control en el Senado se inició con el Waterloo que significó la llamada ley de Inviolabilidad de la Propiedad, que redujo a la mitad sus artículos. La oposición logró frenar la parte que derogaba la Ley de Villas, así como los artículos referidos a la venta a extranjeros en tierras de frontera y los cambios a la Ley de Manejo del Fuego.

En esta batalla, el oficialismo perdió lo poco que le quedaba de un momento favorable en la legislatura anterior, que había acompañado a Milei entre 2023 y 2024. Durante ese tiempo, Juan Carlos Romero se convirtió en el referente del interbloque de los 39 que desplazaron al cristinismo de la conducción del cuerpo legislativo.

En la Cámara de Diputados, la labor de Miguel Pichetto como eje de un interbloque bisagra permitió que el oficialismo tuviese apoyos suficientes para salvar lo que pudo de la Ley de Bases y evitar que la cámara desarticulara el DNU 70, documento clave del gobierno de Milei. Sin embargo, ambos liderazgos se han esfumado en 2025. Romero dejó el Senado y Patricia Bullrich asumió la coordinación del entendimiento en el no peronismo, el cual hoy no logra alcanzar los 37 votos requeridos para iniciar el debate sobre la reforma política que incluye la eliminación de las PASO. En este momento, el oficialismo arriesga un empate, lo que podría llevar a que Villarruel sorprendiera con un desempate en su contra.

En Diputados, la situación no es mejor para el oficialismo. El interbloque bisagra que antes coordinaba Pichetto no logró resistir ante el cambio legislativo de 2025. Provincias Unidas ahora está liderado por una diputada del PRO y Juan Schiaretti ha declinado ejercer un liderazgo en la cámara. Pichetto ha perdido la influencia que había construido desde 2023 y ahora busca hacerse un lugar en la cúpula del peronismo.