Economía

Los bonistas han recibido el pago de julio de los títulos soberanos: opciones destacadas para reinvertir esos fondos

El lunes 13 de julio marcó la culminación de uno de los eventos de liquidez más importantes del año, al acreditarse los dólares correspondientes a servicios de renta y a la amortización de capital de los bonos soberanos Bonares (regulados por ley local) y Globales (sujetos a la legislación de Nueva York).

Los instrumentos más populares entre los inversores incluyen el AL30, que ha ganado notoriedad por su uso en operaciones de adquisición de dólares financieros (MEP) y por ser recomendado como opción en el contexto de la reciente asunción de Javier Milei a la Presidencia.

El total desembolsado asciende a USD 4.385 millones por estos títulos en dólares duros, distribuidos en pagos de intereses por USD 1.693 millones y amortizaciones de capital de USD 2.691 millones. El pago de los Globales se realizó el 8 de julio, por un monto que superó los USD 2.500 millones, mientras que más de USD 1.800 millones de los Bonares se efectúan esta semana.

De este modo, miles de inversores se preparan para redirigir estos nuevos dólares. La atención se centra en las estrategias para obtener rentabilidad de estas divisas. Las agencias de liquidación y compensación (ALyC) ofrecen recomendaciones basadas en el perfil de riesgo de cada inversor.

Thiago Marino, analista de Renta Fija en IOL, destacó que “el evento de pago no es solo un pago de renta y amortización, sino una ventana estratégica para optimizar el posicionamiento”, advirtiendo sobre la necesidad de “evitar el costo de oportunidad de dejar los dólares líquidos”.

IOL sugiere, para un perfil conservador que busca preservar su capital y evitar la volatilidad, optar por un Fondo Común de Inversión (FCI) en dólares, centrado en Obligaciones Negociables (ONs) con calificación AAA. Este portafolio se enfoca en empresas de sectores defensivos y con balances sólidos, como los de energía y servicios públicos, complementado estratégicamente con títulos BOPREAL. Se estima un retorno de aproximadamente 6,2% anualizado con una exposición de riesgo limitada.

Para quienes tienen un perfil moderado, Marino observa atractivo en el AO27 (Bonar 2027 bajo ley argentina), que completó su colocación en el mercado local hace un mes y ofrece un pago de interés mensual a una tasa nominal anual fija del 6% en dólares. Este título vence antes de las elecciones presidenciales del próximo año, lo que añade atractivo a su estrategia.

Por otro lado, para los inversores con un perfil agresivo, IOL recomienda maximizar la compresión de tasas con el AL35 (Bonar 2035 bajo ley local), lo que permitiría captar las ganancias de capital vinculadas a una reducción continua del riesgo país. Este bono tiene una duration de 5,1 años, lo que lo convierte en uno de los instrumentos más sensibles a las mejoras del crédito argentino.

Para quienes priorizan la conservación de capital, una firma de inversiones sugiere también invertir en FCI en moneda dura, que brindan diversificación y liquidez. Para perfiles moderados, se destacan bonos provinciales de alta calidad, como el CO35 de Córdoba, que ofrece un 8,2% TNA, o el SFD34 de Santa Fe, con un 7,4%. Esta estrategia permite asegurar ganancias y disminuir la exposición a la deuda nacional, ofreciendo mayor protección ante posibles crisis.

Según un informe de GMA Capital, “para anclar expectativas, el ministro Luis Caputo fue más allá del programa financiero y delineó un horizonte concreto: Argentina podría alcanzar el Investment Grade (BBB-) hacia finales de un eventual segundo mandato. Esto significaría un costo de financiamiento en dólares apenas superior al 5% anual y un riesgo país por debajo de los 100 puntos básicos”.

La proyección sugiere que los bonos largos podrían ofrecer una ganancia de capital cercana al 26%, sumando el devengamiento acumulado. “Es el tipo de cálculo que los actuales y potenciales tenedores de deuda argentina consideran”, indicó GMA Capital, aunque los fondos de inversión aún esperan mayor claridad antes de actuar.

En Argentina, el crecimiento de las inversiones financieras ha cambiado el perfil del pequeño ahorrista, existiendo más de 12,3 millones de personas que poseen una cuenta comitente en la Caja de Valores, de acuerdo a los datos de Bolsas y Mercados Argentinos. Este fenómeno, que alcanza a uno de cada dos adultos en edad laboral, se debe a la expansión de alternativas de inversión y a la búsqueda de una mayor protección frente a la inestabilidad económica.

Con el efectivo disponible, también se contempla la opción del carry trade, que implica convertir las divisas -que generan tasas moderadas- a pesos y utilizar esos fondos en títulos de corto plazo con tasas más atractivas, lo que podría resultar en una mayor rentabilidad en dólares, aunque con un elevado riesgo ante un posible salto cambiario.

Federico Filippini y Javier Casabal, analistas de una consultora financiera, han señalado el potencial del carry trade: “a pesar de los movimientos del tipo de cambio, el mercado anticipa una inflación del 1,8% para junio y muestra -quizás con un optimismo excesivo- una perspectiva favorable para el segundo semestre de 2026. Mantenemos una visión positiva sobre los Boncer, ya que las expectativas de inflación contenida les otorgan un valor relativo superior al de los Boncap a tasa fija”. Agregaron que, para los inversores que buscan optimizar el carry en comparación con los Boncap, prefieren extender el vencimiento hasta diciembre de 2026 mediante el TZXD6, que promete un rendimiento real del 1%, equivalente a aproximadamente 25,5% nominal según sus proyecciones de inflación, unos dos puntos porcentuales por encima de los Boncap. A más largo plazo, continúan favoreciendo el TZXD7, con un rendimiento real de 6,2%, y el TZX28, que proporciona una tasa real cercana al 8%, donde el diferencial supera los cuatro puntos porcentuales.

“Los bonos a tasa variable han seguido el desempeño de los Boncer y vemos poco margen para que logren una sobreperformance significativa mientras el Banco Central continúe intentando anclar las tasas de interés. La principal excepción es el TMG27, cuyo vencimiento en 2027 lo expone a una posible reconfiguración de las tasas de financiamiento antes de las elecciones presidenciales, en caso de que el mercado empiece a anticipar una repetición de la volatilidad monetaria observada en 2025”, añadieron los analistas.