Economía

Informe revela que solo el 20% de las empresas agropecuarias están lideradas por mujeres

En el sector agropecuario argentino, las mujeres desempeñan un rol fundamental en la producción de alimentos, trabajan en diversas instalaciones, gestionan emprendimientos y son cruciales para el sostenimiento de las economías rurales. Sin embargo, su representación en la dirección de explotaciones agropecuarias sigue siendo limitada, ya que solo dos de cada diez establecimientos en el país son administrados por mujeres. Esta brecha se acentúa al observar el acceso a la propiedad de la tierra, el financiamiento y el empleo formal.

Un informe presentado recientemente en la Comisión de Género de la Cámara de Diputados reveló que únicamente el 6% de las personas registradas como trabajadoras agrarias permanentes son mujeres. La falta de acceso a la titularidad de los recursos productivos restringe sus oportunidades de obtener créditos, incorporar tecnología y escalar su producción.

Este informe, titulado El colectivo de las mujeres de la ruralidad argentina: con los pies en la tierra y el futuro entre las manos, fue elaborado por la Asociación Civil Mujeres de la Ruralidad Argentina (MRA) y dirigido por Mariana Stegagnini. La investigación compila estadísticas oficiales, estudios académicos y experiencias en el terreno para arrojar luz sobre las desigualdades que enfrentan las mujeres en el ámbito rural.

Entre las conclusiones más destacadas, se indica que el reconocimiento limitado de su trabajo y las dificultades para acceder a recursos productivos no solo afectan su autonomía económica, sino que también impactan en el desarrollo de las comunidades y en la producción agropecuaria.

El análisis se sustenta en el último Censo Nacional Agropecuario de 2018 y en información del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Según el informe de MRA, “solo el 20% de las explotaciones agropecuarias está gestionado por mujeres, mientras que aquellas que son propietarias se concentran mayormente en pequeñas parcelas de menos de cinco hectáreas”. Este panorama expone uno de los principales obstáculos para el crecimiento económico femenino, ya que muchas productoras enfrentan barreras para acceder al sistema financiero tradicional debido a la falta de propiedad de la tierra y activos para presentar como garantía.

El informe también señala que la problemática va más allá de la titularidad de los campos. La ausencia de propiedad se relaciona con un acceso limitado a animales, herramientas, maquinaria e insumos, elementos esenciales para el desarrollo de una actividad productiva. Esta situación restringe las posibilidades de tecnificación y expansión, especialmente entre las pequeñas productoras y aquellas involucradas en emprendimientos familiares.

Los datos de MRA sugieren que “el 86% de las personas asalariadas agrarias registradas son varones”. La participación femenina es aún menor en el empleo permanente, donde apenas “el 6% de los puestos registrados corresponde a mujeres”. Para la organización, parte de esta situación se debe a una concepción arraigada en el ámbito rural que considera que las tareas productivas realizadas por mujeres son solo colaboraciones dentro de la economía familiar, en lugar de ser reconocidas como trabajo.

El informe subraya que, en diversos establecimientos, las actividades relacionadas con la producción, como la gestión de huertas y la cría de animales menores, se realizan junto con las tareas domésticas, sin una clara distinción entre ambas. Esto genera una doble falta de reconocimiento: las labores domésticas no son remuneradas y el trabajo productivo puede ser considerado solo asistencia familiar. Como resultado, las mujeres encuentran mayores dificultades para contar con ingresos propios, aportes previsionales, cobertura social y antecedentes laborales que validen su actividad económica.

Las desigualdades en el acceso a los recursos tienen repercusiones más allá de la representación femenina en el sector. Investigaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) destacan una brecha del 24% en la productividad entre explotaciones gestionadas por mujeres y hombres del mismo tamaño. Esta cifra, utilizada por MRA, ilustra cómo las desigualdades en el acceso a herramientas, tecnología, asistencia técnica y financiamiento se traducen en diferencias en los resultados productivos.

El documento también resalta que, “en América Latina y el Caribe, las mujeres rurales reciben solo el 10% de los créditos productivos y apenas el 5% de la asistencia técnica”, según las cifras de la FAO.

Otro aspecto que preocupa es la edad de las mujeres que trabajan en las explotaciones agropecuarias. Los datos censales muestran que “el 83% tiene más de 40 años y el 31% supera los 65”, lo cual plantea interrogantes sobre el recambio generacional y las oportunidades para que las jóvenes desarrollen proyectos de vida vinculados a la producción.

Además, la organización señala que el peso de las responsabilidades domésticas y de cuidado recae sobre las mujeres. Relevamientos realizados en provincias como Mendoza, Tucumán, Santiago del Estero y Córdoba indican que, en promedio, las mujeres rurales dedican ocho horas y 16 minutos diarios al trabajo no remunerado, que incluye el cuidado de niños, personas mayores y tareas del hogar.