Los datos han sido proporcionados por una consultora a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del INDEC, lo que permite observar una dinámica caracterizada por la generación de empleo de menor calidad.
Durante el último año, se sumaron 212.827 nuevos ocupados, aunque el empleo formal disminuyó en 156.786 puestos. Simultáneamente, el trabajo informal creció en 379.708 personas, elevando la tasa de informalidad al 44,2% del total.
Este índice de informalidad se sitúa 2,2 puntos porcentuales por encima de la cifra del año pasado, que marcó un 42%, y 3,4 puntos más que en 2024, cuando era del 40,8%.
El informe señala que este fenómeno se debe, en gran medida, al incremento del trabajo autónomo. Dentro de los 212.827 nuevos ocupados en el último año, 144.894 corresponden a cuentapropistas, lo que representa un aumento del 4,6% interanual.
Así, el trabajo por cuenta propia representa cerca del 70% de los nuevos ocupados, siendo muchos de ellos trabajadores que han sido desplazados del mercado formal y que ahora participan en la economía de aplicaciones.
Por su parte, el empleo asalariado apenas creció en 35.705 puestos, con un incremento del 0,4% interanual. Los patrones incorporaron otros 44.913 ocupados, lo que implica una expansión del 10%, mientras que los trabajadores familiares sin remuneración disminuyeron en 12.685 personas, lo que representa una disminución del 23,1%.
La composición del mercado laboral también refleja esta transición. En el primer trimestre de 2026, de los 13,47 millones de ocupados registrados en las áreas urbanas, el 71,8% corresponde a asalariados, el 24,2% a cuentapropistas, el 3,7% a patrones y el 0,3% a trabajadores familiares sin remuneración.
En comparación con el año anterior, la proporción de cuentapropistas aumentó en 0,7 puntos porcentuales, mientras que la de asalariados cayó en 0,9 puntos. Esta tendencia también se observa al analizar un periodo más amplio. En los primeros trimestres de la serie 2017-2026, el cuentapropismo alcanzó este año su segundo mayor nivel de participación, solo por debajo del máximo del 24,4% que se registró en 2021.
A su vez, la participación del empleo asalariado se equiparó con su menor nivel desde 2017, también alcanzado en 2021. Desde ese año, la proporción del trabajo autónomo se incrementó en 3,3 puntos porcentuales, mientras que el empleo asalariado retrocedió en 2,4 puntos.
Sin embargo, el aumento del cuentapropismo no es el único factor explicativo del deterioro. Un aspecto central que destaca el informe es la caída del empleo formal, que perdió 156.786 puestos, lo que equivale a una reducción del 2%. Esta disminución se ha concentrado tanto en los asalariados formales, que cayeron en 133.184 personas (-2,2%), como en cuentapropistas formales, que retrocedieron en 58.049 (-4,9%).
Por el contrario, el empleo informal sumó 379.708 trabajadores, lo que representa un incremento del 6,8% interanual. Dentro de este grupo, los asalariados informales aumentaron en 168.889 personas (4,8%), mientras que los cuentapropistas informales crecieron en 214.468, un aumento del 11,2%.
La convivencia de estos movimientos ilustra la principal paradoja del mercado laboral en el primer trimestre: aunque la cantidad total de ocupados aumentó, el empleo formal se redujo. En términos netos, toda la creación de empleo registrada en dicho periodo se debe a puestos informales, mientras que los empleos formales se contrajeron.
Como resultado, se alcanza una tasa de informalidad del 44,2%, lo que indica que más de cuatro de cada diez trabajadores ocupados lo hacen en condiciones de informalidad.
Además, el informe revela marcadas diferencias regionales. Existen once aglomerados urbanos donde la informalidad supera el 50% del empleo total. El más afectado es Gran San Juan, con una tasa del 60,9%, seguido por Gran Tucumán-Tafí Viejo (56,2%) y Santiago del Estero-La Banda (55,1%).
Por su parte, los aglomerados con la menor incidencia de empleo informal son Ushuaia-Río Grande, con la tasa más baja de 17,9%, y Río Gallegos (24,4%), Ciudad Autónoma de Buenos Aires (26%) y Neuquén-Plottier (26,4%).
De este modo, se evidencia una disparidad territorial de más de 40 puntos porcentuales entre el aglomerado con la tasa más alta y aquel con la más baja.
