Política

Crecen las tensiones entre Cristina Kirchner y Kicillof tras el banderazo

La ausencia de Axel Kicillof en el banderazo realizado el sábado en Parque Lezama, organizado por el kirchnerismo en apoyo a Cristina Kirchner, pone de manifiesto las crecientes divisiones dentro del movimiento. La convocatoria, que tuvo a Máximo Kirchner como único orador, se transformó en una exhibición de poder del sector leal a la ex presidenta, en un momento en que el gobernador de la provincia de Buenos Aires busca establecer su propio espacio político con proyecciones a nivel nacional.

A pesar de ser esperada, su falta clara de asistencia disipó cualquier duda sobre la posibilidad de una reconciliación. Las recientes interacciones entre dirigentes de La Cámpora, la administración provincial y el municipio de Avellaneda en un homenaje al Indio Solari habían alimentado especulaciones sobre una posible reconfiguración de las relaciones, pero el evento del sábado evidenció que las diferencias fundamentales permanecen intactas. La crítica de Máximo Kirchner a quienes promueven la unidad pero no visitan a Cristina en su domicileado, se interpretó como un mensaje directo hacia el gobernador.

En el trasfondo de esta tensión se halla un debate más amplio sobre la conducción del peronismo en los años venideros y la definición de la candidatura presidencial para 2027. Las reuniones que Cristina Kirchner realiza en su casa de Constitución se han convertido en el epicentro de las reflexiones del kirchnerismo, donde interactúan regularmente figuras de diversas corrientes del peronismo, manteniendo su influencia en las decisiones estratégicas del espacio.

Las declaraciones recientes de Máximo Kirchner en torno a una potencial candidatura presidencial de la exmandataria son parte de esta narrativa, a medida que el kirchnerismo busca reafirmar su percepción de que Cristina es la única dirigente capaz de unificar al peronismo. También circula la teoría de que promover una fórmula encabezada por ella, a pesar de sus obstáculos judiciales, podría facilitar la cohesión entre las distintas facciones del partido, con la posibilidad de que la candidatura efectiva recaiga en un compañero de fórmula.

Simultáneamente, la actividad política de Máximo Kirchner ha crecido fuera de Buenos Aires, realizando visitas a Santa Fe y Entre Ríos donde se reunió con líderes locales en un esfuerzo por reorganizar al kirchnerismo en paralelo a las maniobras de otros sectores del Partido Justicialista (PJ).

Mientras el kirchnerismo se adapta alrededor de Cristina, Kicillof avanza con su propia agenda en distintas provincias, llevando a cabo recorridas que buscan consolidar su presencia territorial y establecer conexiones con intendentes, organizaciones sociales y sindicales. Su atención se centra en provincias como Córdoba, Mendoza, Santa Fe y Entre Ríos, donde el peronismo enfrenta desafíos significativos. El objetivo es ampliar su base política para afrontar futuras negociaciones desde una posición más sólida.

Esta táctica refleja una lucha por el liderazgo dentro del partido, ya que el equipo de Kicillof trabaja para asegurar que su proyecto no se vea condicionado por la facción más dura del kirchnerismo.

En medio de esta tensión, Sergio Massa continúa tendiendo puentes de diálogo con todos los sectores, participando en conversaciones con dirigentes cercanos a Cristina Kirchner y manteniendo comunicación con el gobernador, aunque rehuye posicionarse sobre una posible candidatura presidencial.

La falta de un referente común ha permitido que surjan voces que promueven un enfoque diferente para organizar al peronismo, como es el caso de Juan Manuel Olmos, quien ha estado asistiendo a reuniones políticas en varias provincias. En un diálogo reciente, Olmos destacó que el peronismo no puede ignorar la influencia de Cristina Kirchner, pero resaltó que su situación legal no debe frenar el debate sobre el futuro del partido, enfatizando que “ignorar el peso y la figura de Cristina en el peronismo es un error”.

Asimismo, abogó por la necesidad de discutir programas, liderazgo y estrategia electoral, subrayando que la inacción política no es un enfoque viable.

En este contexto, toma fuerza la propuesta de llevar a cabo una competencia interna para definir candidaturas. “Si nos organizamos y hacemos una competencia de ideas y de programas con un candidato que lo lleve adelante, en el 2027 vuelve a ganar el peronismo”, sostuvo.

Olmos, junto a otros colegas como Victoria Tolosa Paz, Claudia Neira y Gustavo Bordet, lideró la semana pasada un encuentro del PJ Federal en Entre Ríos, donde se debatieron propuestas para un programa que incorpore voces del interior y trascienda las disputas entre las principales facciones del peronismo bonaerense.

La lucha por el liderazgo se duplicará esta semana en la provincia de Buenos Aires. El miércoles, el Senado provincial reanudará su actividad tras un prolongado parón, buscando avanzar con definiciones ausentes en diversas comisiones, en un marco donde las vicepresidencias están bajo la influencia del sector alineado con Kicillof. La Cámpora y el Frente Renovador exigen espacios de liderazgo dentro de la estructura legislativa, en un conflicto que se arrastra desde hace meses y que está estrechamente vinculado a las disputas internas del peronismo.

Esta negociación se produce en un contexto en el que aún no se ha decidido quién asumirá el liderazgo del PJ a nivel nacional ni bajo qué reglas, a tan solo un año y medio de las elecciones presidenciales.