Además, su nombramiento refuerza su posición en la estructura libertaria, dado su estrecho vínculo con Karina Milei y su experiencia como ministro del Interior en la reconstrucción de consensos con diferentes sectores.
En este marco, un reciente informe de una consultora revela el nivel de percepción del funcionario en varios segmentos demográficos. Según este estudio, realizado a partir del Monitor de Opinión Pública de mayo, Santilli asume el cargo con una imagen negativa del 50,6%, frente a un 36,7% de imagen positiva. Aunque el balance es desfavorable, es considerablemente mejor que el de su antecesor, Manuel Adorni, quien dejó el cargo con un rechazo del 73,6% y solo un 17,9% de aprobación.
El análisis indica que la imagen de Santilli no es un activo transversal, ya que varía significativamente según la identidad política de cada votante. Esta polarización se hace más evidente al observar el contexto del voto legislativo de 2025, donde el oficialismo lo respalda con un 80,5%, en contraste con un rechazo del 80,3% de los votantes opositores.
Aunque proviene del PRO, un espacio que podría ofrecerle un perfil más amplio, su reputación se asemeja a la de otros funcionarios del ámbito libertario. La consultora destacó que, además de la dimensión política, hay una variable social que presenta dos perfiles marcados: su apoyo es un poco más alto entre los varones (39%) que entre las mujeres (34%), las cuales presentan un 54,1% de rechazo.
La imagen de Santilli también mejora con la edad de los encuestados: cuenta con un 26,1% de aceptación entre los menores de 40 años, cifra que crece al 41,1% entre los mayores de 60. Este detalle es notable, pues contrasta con el perfil de Javier Milei, que tiene mejor aceptación entre los más jóvenes y desciende en los mayores de 60.
Este aspecto puede considerarse un elemento positivo para Santilli, ya que podría amplificar su base electoral en un sector que muestra más resistencia a la retórica libertaria tradicional. No obstante, la diferencia más significativa se observa en función del nivel socioeconómico, donde su imagen positiva alcanza el 50,5% en los estratos altos, un 47,9% en los medios y apenas un 25,4% en los bajos. Este último segmento presenta el mayor rechazo, con un 62,8%.
El informe señala que quienes tienden a tener una imagen más favorable de Santilli son individuos mayores, de nivel socioeconómico medio o alto, y que residen en el interior del país; mientras que quienes lo ven de forma negativa suelen ser más jóvenes, de menor nivel socioeconómico, y residentes en áreas metropolitanas.
Asimismo, se menciona que el desafío que enfrenta Santilli no es solo de imagen, sino también en la necesidad de conciliar agendas que ya muestran divergencias entre los electorados. En el caso de los votantes de La Libertad Avanza, las principales preocupaciones son las deudas (53,2%), la corrupción (46,7%) y la incertidumbre económica (35,5%). Entre los votantes opositores, en cambio, la incertidumbre económica ocupa el primer lugar (59,4%), seguida por ingresos y salario (52,6%) y también la corrupción (51,6%).
Un aspecto común entre ambos grupos es el impacto negativo en el poder adquisitivo. De acuerdo con el análisis, el 52,5% de los votantes oficialistas llega como máximo hasta el día 20 del mes, mientras que esta cifra se eleva al 73% entre los opositores. La capacidad de ahorro también representa una brecha significativa: el 18,5% de los votantes oficialistas afirma poder llegar a fin de mes y ahorrar, mientras que solo un 3,9% de los opositores señala lo mismo.
En conclusión, Santilli asumirá un rol en el que su base exige atención a la gestión de la deuda y el rumbo del Gobierno, mientras que la oposición concentra su demanda en el poder adquisitivo diario. Estas dos agendas, aunque conviven bajo una misma presión general, no necesariamente encontrarán solución a través de las mismas medidas.
